Por. Jaime Flores Cedeño
Profesor de Filosofía e Historia y abogado con Maestría en Derecho Laboral
En la conmemoración de los 49 años de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, el 7 de septiembre de 1977, se recuerda uno de los episodios históricos memorables que se dieron a raíz de la celebración en Panamá de la reunión del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), efectuada el 15 al 21 de marzo de 1973. Esa reunión fue presidida por el embajador panameño Aquilino Boyd, para presentar ante el mundo la justa reclamación de poner fin al colonialismo que ejercía Estados Unidos en la Zona del Canal.
La Resolución presentada contó con el apoyo de la mayoría de las naciones participantes, no así, de Estados Unidos y la abstención de Inglaterra, ambas decisiones eran previsibles por el arraigado proceder imperialista e injerencista de esos países.
Aquella fue la segunda reunión celebrada lejos de la sede oficial de la ONU en Nueva York. Un año antes había sido realizada en Etiopía. Ningún Gobierno había promovido tanta presión internacional para la derogación del Tratado Hay Bunau-Varilla, de 1903, catalogado como ignominioso y entreguista por distintas generaciones de panameños.
Con su aprobación, los denominados “próceres” de la patria negaron decenas de años de lucha para la consolidación de la nacionalidad que venía gestándose en el siglo XIX, en el que la población estaba de acuerdo con la construcción del Canal, pero no a cambio de establecer un enclave colonial en ese territorio segregado.
Nueve años habían transcurrido desde los trágicos sucesos acaecidos el 9 de enero de 1964, en los que la juventud panameña se elevó para reclamar el derecho absoluto e incondicional de la Soberanía en la Zona del Canal. No hay que dejar de mencionar que China fue una de las naciones que protestó en contra de la masacre de panameños y su pueblo salió a las calles a pedir el cese de la agresión.
Uno de los discursos de respaldo a la causa panameña en su lucha por la descolonización que se dio en aquella histórica reunión fue el pronunciado por el representante de la República Popular China, Huang Hua, cuando manifestó: “El pueblo panameño ha sostenido una larga y heroica lucha para oponerse a la agresión norteamericana y recuperar sus derechos soberanos sobre la Zona del Canal, granjeándose la simpatía y el apoyo de los pueblos de América Latina y de todo el mundo. Durante largo tiempo en el pasado, el pueblo chino también fue, como el pueblo panameño, víctima de la agresión, expansión y tratados desiguales del imperialismo. El Gobierno y el pueblo de China comprenden perfectamente, miran con profunda simpatía y apoyan de modo activo la lucha patriótica del Gobierno y pueblo panameño”.
Como bien expresó Hua, China comprendía el clamor nacional, porque su pueblo tuvo que enfrentar agresiones coloniales en su historia, ejemplo fue la de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, donde millones de chinos ofrendaron sus vidas pars lograr su libertad.
Las relaciones de China con Panamá siempre han sido de respeto y amistad. Ello se demostró en aquella trascendental sesión de 1973, cuando en uno de los momentos más significativos de nuestra historia no dudaron en unirse al reclamo nacional de soberanía de forma conjunta con: Australia, Austria, Francia, Guinea, India, Indonesia, Kenia, Panamá, Perú, Sudán, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Yugoslavia.
En su explicación del voto el representante de China sostuvo que: “La delegación de China ha votado a favor de los dos proyectos de Resolución presentados por Panamá, Perú, Kenia y otros países porque, a juicio nuestro, esto es lo que debe hacer el Consejo de Seguridad sobre estas cuestiones. Sin embargo, la delegación de los Estados Unidos ha ejercido el veto con respecto al primer proyecto, de manera que el Consejo de Seguridad se ha visto incapacitado para cumplir su deber con respecto al Canal de Panamá. No podemos sino expresar nuestro hondo pesar por ello”.
El veto de los Estados Unidos era predecible, no obstante, quedó evidenciada la solidaridad del mundo a Panamá, como bien lo sentenciara el canciller Juan Antonio Tack al decir: “Estados Unidos vetó a Panamá, pero el mundo vetó a los Estados Unidos”.
No puedo dejar de mencionar en este escrito el rol patriótico desempeñado por el doctor Julio Yao, quien era asesor de política exterior en el transcurso de las sesiones del Consejo de Seguridad.
Cuatro años más tarde fueron firmados los Tratados Torrijos-Carter, que pusieron fecha de expiración a la presencia estadounidense en Panamá, fijada para el 31 de diciembre del año 1999.
A 49 años de la firma de los Tratados-Torrijos-Carter, hay que recordar a todas las naciones, mandatarios, dirigentes populares, indígenas, estudiantes, sindicatos y partidos políticos de todo el planeta que levantaron su voz en respaldo a Panamá.
Los Tratados fueron el resultado de una lucha generacional inspirada en la descolonización que vivió el pueblo panameño por espacio de un siglo donde la Zona del Canal funcionaba con plena autonomía y sus habitantes estaban inmersos, en su mayoría, por principios racistas que lesionaban la dignidad y los valores de los panameños y panameñas, especialmente, de los más humildes.
No se debe olvidar la historia es parte del compromiso patrio, porque en sus páginas gloriosas está la vida, el pensamiento y la lucha que forjó la consolidación del ser nacional, que se ganó en las calles con represión, cárceles y mártires, como los del 9 de enero de 1964.
Recordar la participación de China, cuyo mandatario era Mao Tsé-Tung, en aquella célebre sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es relevante en medio del conflicto geopolítico que se vive en el mundo, porque contribuye a comprender quienes han estado del lado de Panamá cuando más se ha necesitado solidaridad, todo ello, pese a que las relaciones con China se abrieron oficialmente en el año 2017.
A lo largo de su historia, China ha sido constante en promover la paz y el entendimiento de las naciones, su discurso y accionar ha estado dirigido para la preservación de la soberanía y neutralidad de la vía acuática.
Finalmente, cabe anotar que el legado patriótico del general Omar Torrijos Herrera, protagonizado en la década de los setenta, no ha podido ser impugnado por sus adversarios, quienes con los años han tenido que reconocer el valor estratégico de la firma de los Tratados, que permitieron la recuperación de un vasto territorio que había sido enajenado desde 1903 para favorecer intereses expansionistas y de dominación.




