Manuel Orestes Nieto resalta la obra de Carlos Midence, de Nicaragua

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Manuel Orestes Nieto junto s Carlos Midence.

Bayano digital ofrece a sus lectores el texto del discurso pronunciado por el intelectual panameño Manuel Orestes Nieto (*) en el acto de presentación del libro del embajador de Nicaragua en Panamá, Carlos Midence, en un acto realizado en la sede de la Biblioteca Simón Bolívar, de la Universidad de Panamá, el 6 de agosto de 2026:

Presentar el libro Nosotros y occidente. Otra historia de un relato hegemónico del embajador, amigo y escritor Carlos Midence, es para mí un grato placer. Nos conocíamos como colegas diplomáticos en España, en su capital, Madrid, precisamente una de las naciones que en calidad de imperio entrelaza con América una historia profunda de colonización, hegemonía y vasallaje.

En la lectura del libro me ocurrió que a medida que fui adentrándome en sus tesis sobre la decolonialidad, sobreponía el caso de Panamá y el rol geográfico de Panamá en la expansión territorial hacia Centroamérica y la constitución de paso de las riquezas provenientes del Sur hacia Europa.

Leía y enlazaba los hechos ocurridos en el istmo de Panamá, con aquel discurrir histórico de tres siglo de subordinación colonial a España, algo meno de un siglo bajo el dominio de Bogotá y el doloroso siglo del país partido en dos e instalada la estructura colonial de unos 1432 kilómetros cuadrados y de un ancho de 5 millas a cada lado del Canal.

Nuestro país, en con una frontera extranjera dentro de su territorio, un complejo de bases militares, un gobernador extranjero y en fluctuante presencia militar promedio en esos cien años de 25mil soldados.

Somos el país que tiene la huella foránea, directa, opresiva, más grande y grave de América Latina.  La que luchó por casi cien años y la que logró el final del colonialismo y la que hoy es amenazada por esa misma potencia del norte en restaurar un tipo de presencia militar, intromisión en la seguridad del canal y vulneración de la neutralidad que garantiza esa seguridad para el paso de las naves de todas las naciones sin discriminación ni privilegios.

También tuve presente que hoy la explotación del cobre panameño se haya en el abismo de retomar la decisión rechazada hace menos de tres años por nuestro pueblo, porque las páginas del libro del embajador Midence analizan y sitúan los hechos americanos de la explotación de los recursos naturales en esta región del mundo.

Es una obra de amplio espectro conceptual, escrita con rigor y docencia.  Es esa tensión histórica entre el “Nosotros” y Occidente.   Cómo se enriquecieron las potencias europeas a costa del saqueo material y de también de los conocimientos acumulados por siglos.

Carlos Midence nos precisa que hay que mirar con cuidado esta relación de Nosotros y el Occidente y que ha sido escrita por el poder hegemónico.  Otorgándose valores y heroicidades que son inversas a la realidad padecida, a la esclavitud que simultáneamente enredará una madeja fértil de África con América y que a su pesar se convertirán en troncos que constituyen una exquisita mezcla racial y cultural.  Realidad de la muerte millonaria y de la desaparición de centros humanos que fueron epicentro de grupos indígenas.

Avanzada las oleadas occidentales sobre nuestros territorios, se puede subrayar con dolor más allá del saqueo que el trabajo forzado en plantaciones, minas y otras actividades económicas fueron una pieza clave en la formación del capitalismo moderno.

“Nosotros” es la precisión plural notable: somos los pueblos históricamente colonizados de América Latina, África, Asia.  Es lo que llama el Sur Global.

Aplaudimos al autor que conceptualmente nos sitúa en esta trágica y paradigmática historia.  Donde el colonialismo es una presencia física, militar directa y “colonialidad” hace referencia a la presencia del pensamiento colonial en la vida cotidiana, en la educación y en la penetración cultural, y en esa dura y eficaz dominación cuando el colonizado acepta e interioriza las jerarquías del colonizador y desvaloriza sus raíces culturales originarias y las desvalora.

Aún después de la independencia política, pueden persistir formas de dominación heredadas del colonialismo: la discriminación racial, el modelo cultural que parte en dos sociedades, entre superiores e inferiores, la estructura económica desigual, la unilateralidad de contar la historia.

Y Midence busca desplazar el punto de vista dominante y devolver el protagonismo histórico a quienes fuimos convertidos en objeto de la historia, en lugar de sujetos de ella.

Ello es, cambiar el punto de vista desde el cual se narra la historia. En lugar de contarla desde la perspectiva de las potencias occidentales, propone hacerlo desde quienes vivieron la conquista, la colonización y la subordinación.

Y aún más allá, el autor señala que desde los albores de la modernidad, otras armas han entrado en el juego de la hegemonía: la ciencia pasa a ser un mecanismo de control sofisticado.  El “método científico” que viene a ser (entre comillas) blanco, varonil y sabio”.

Esta trampa ha sido llamada “la historia de la humanidad”. Una concepción para la hegemonía.   Una equívoca espada de Occidente sobre la base de la violencia.  Es Carlos Midence esa mirada que profundiza y devela como ese dominio es capaz de justificar lo horrendo y criminal, el genocidio en nombre de los valores occidentales, incluyendo una democracia falseada y la libertad misma.

Propositivo en cada capítulo de su libro, nos señala la necesidad de recuperar categorías que reflejen con mayor fidelidad las relaciones de invasión, despojo y resistencia.

Nos propone fortalecer una producción intelectual y cultural basada en las experiencias, cosmovisiones e historias propias de nuestros pueblos, como parte de un proceso de emancipación.

Propone un mayor protagonismo de las resistencias de los pueblos indígenas y afrodescendientes.

En suma, nos invita a un esfuerzo intelectual, necesario y justo, de “decolonialización” de lo que hasta ahora ha sido la historia occidental.

Tenemos un libro necesario que contribuye a despejar la neblina de lo que somos desde que nos formamos y nos forjamos.

Felicitamos el rigor y la valentía de cada una de sus páginas.

«Me adhiero a su interpretación y denuncia razonada, sustentada en los “otros hechos y las otras consecuencias que hemos pagado en oro, plata, cobre, especies y sangre”.

Diría que con libros como Nosotros y Occidente, nos entendemos mejor, apelamos a nuestra real historia y de alguna manera, “colonizados y decolonizados, tenemos una opción de autodeterminación e independencia.

La otra independencia que aguarda entre el tifón de la dependencia. Depende de nosotros  cómo y cuándo se abrirá la puerta sin amos ni verdugos.

Le agradezco mucho, embajador y amigo, que haya usted dedicado un esfuerzo tan significativo, creativo y que no da luces y, diría, razones para sentirnos vivos en la batalla donde se nos citó a morir por la codicia y la sinrazón.

Gracias por esta otra historia, la nuestra.

(*) Escritor, Académico, Diplomático, Premio Casa de las Américas y cinco veces premio Ricardo Miró.

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