En estos días, hemos observado con detenimiento el modo en que el secretario de Estado, Marco Rubio, se esfuerza para acusar a nuestra nación de promover y proteger el terrorismo.
Como calamos muy bien sus propósitos, quisiéramos recordar una etapa de la historia, no muy lejana, en la que funcionarios del Departamento de Estado, en calidad de “mulas”, estuvieron al servicio del terrorista, controlado por la Policía Internacional (INTERPOL), Santiago Álvarez Fernández Magriñá.
Durante todos estos años —hasta que se vieron cogidos con las manos en la masa—, funcionarios del organismo que hoy dirige trasladaron en sus equipajes partidas de dinero recibido del connotado contrarrevolucionario, cuando, precisamente, cumplía sanción en El Paso bajo custodia de las autoridades estadounidenses.
El Departamento de Estado salvó al asesino Santiago Álvarez, cómplice de Posada Carriles, de la justicia estadounidense. En aquellos momentos, hace poco más de una década, Posada había sido liberado en Panamá, luego de intentar asesinar a nuestro Comandante en Jefe, e introducido en territorio estadounidense en una embarcación de Santiago Álvarez sin el “permiso” de los servicios de inmigración de ese país.
Paralelamente, es descubierto un alijo de armas de guerra en una de las casas de Santiago Álvarez en la ciudad de Miami.
La misión diplomática de Estados Unidos en La Habana (su jefe y los secretarios de Prensa y Político) fueron designados para el trasiego financiero a cabecillas internos.
¿Qué perseguían? Pues, con la entrega de dinero a “grupos disidentes” acumular avales que dieran un viso pacífico a estos terroristas frente al tribunal estadounidenses que debía juzgarlo.
Lo alarmante de esta trama, que explicaremos con lujo y detalles, no es precisamente el vínculo histórico de los yanquis con el terrorismo, sino el cinismo del secretario de Estado, cuando, consciente de esta elocuente historia, borra de su narrativa un hecho que los acusa de proteger a un criminal internacional ante sus propias leyes y herramientas legales.
Pareciera que todo el cinismo del mundo vale cuando se trata de destruir la revolución más humanista de la historia.
Esta plataforma cuenta con las pruebas y evidencias necesarias para demostrar su afirmación. Las expondremos para el consumo y efectos de nuestros compañeros y seguidores.
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