
Por Oydén Ortega Durán
Ex ministro de Relaciones Exteriores
En medio de la gestión de paz del Grupo de Contadora para lograr una paz estable y duradera en los 5 países centroamericanos (Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala), siendo presidente de la República de Panamá, el licenciado Ricardo de la Espriella y yo como ministro de Relaciones Exteriores, se presentó una situación que pudo afectar las gestiones de paz del Grupo de Contadora. El presidente de la Espriella me convocó a su despacho para informarme que un avión de las Fuerzas de Defensa de Panamá estaba partiendo hacia Centroamérica con un grupo de panameños para realizar conversaciones tendientes a la reanudación, con la participación de Panamá, en la Confederación de Ejércitos Centroamericanos (CONDECA).
Una cosa era que se reanudara CONDECA y la otra muy distinta, es que se hiciera con la participación de Panamá, en virtud que éramos uno de los países integrantes del Grupo de Contadora.
Mi reacción fue inmediata y comuniqué al presidente de la Espriella que yo como ministro de Relaciones Exteriores de Panamá y uno de los 4 cancilleres miembros del Grupo de Contadora estaba en total desacuerdo con esa iniciativa, pues aunque para esa fecha ya el Grupo de Contadora había alcanzado carta de naturaleza, Panamá no debería participar de la reanudación de la Confederación de Ejércitos Centroamericanos; ya que esta iniciativa era contraria a las gestiones de paz y de buenos oficios que preconizaba el Grupo de Contadora para lograr la paz en los cinco países centroamericanos.
El Grupo de Contadora estaba integrado por México, cuyo presidente era Miguel de la Madrid, Colombia, Belisario Betancur, Venezuela, Luis Herrera Campín, y Panamá, Ricardo de la Espriella, y Jorge Illueca posteriormente. Argumenté que el Grupo de Contadora había surgido por iniciativa de los gobiernos de estos cuatro países y con el apoyo de la comunidad internacional. Que, en medio de estas negociaciones de paz, era una contradicción que Panamá participara directamente en una reunión para dar vida nuevamente a esta Confederación de Ejércitos Centroamericanos.
Le pregunté al presidente de la Espriella si Costa Rica iba a participar en esa reunión y me manifestó que sí, pese a que Costa Rica no tenía ejército.
Junto con el presidente Ricardo de la Espriella decidimos llamar al presidente Luis Alberto Monge, de Costa Rica, a quien le hablé como canciller, porque yo sabía que en varias ocasiones el presidente Monge había manifestado su interés en las gestiones de paz del Grupo de Contadora.
En ese momento, lo más álgido en la región era la seguridad de las fronteras y que esa inseguridad había afectado el comercio transfronterizo, al existir una guerra generalizada en Centroamérica y esto afectaba sensiblemente la seguridad de esa área. El presidente Monge tomó el teléfono y le manifesté respetuosamente que reconsiderara la participación de Costa Rica, por no tener ejército. Y que Panamá al ser miembro del Grupo de Contadora, no debía participar de dicha reunión, cuya finalidad era dar vida nuevamente a la Confederación de Ejércitos de Estados Centroamericanos. A pesar que él me había dicho que Costa Rica ya había manifestado su decisión de participar en la reunión, ante mis planteamientos el presidente Monge me comunicó que podía decirle a su homólogo, el presidente Ricardo de la Espriella que Costa Rica en tales circunstancias no participaría en esas reuniones.
Luego, el presidente de la Espriella y yo como canciller decidimos llamar al comandante Manuel Antonio Noriega, para comunicarle directamente aspectos de mi conversación con el presidente Monje, de Costa Rica, y mi apreciación sobre la no participación de Panamá en esa reunión de CONDECA.
La conversación telefónica se produjo en breves minutos y pude hablar con el general Noriega a quien manifesté nuestra inquietud, expresándole mi conversación con el presidente de Costa Rica, y que yo como canciller miembro del Grupo de Contadora consideraba que no era conveniente la participación de Panamá. Ante mis argumentos, el general Noriega señaló que ya el avión posiblemente estaba despegando y me manifestó que, efectivamente, entonces se iba a dar las instrucciones para que la delegación panameña no participara en ese evento. Así fue como se pudo lograr que ni Panamá ni Costa Rica participaran en esa reunión y, por tanto, se produjo el efecto que se quería.
El expresidente Ricardo de la Espriella fue testigo de excepción de cuanto he relatado. De esta forma, se reafirmaba la esencia de la política exterior torrijista, definida como independiente por el propio Omar Torrijos, quien siempre pensó en una Centroamérica social demócrata. Fue un escollo más que se logró vencer para que continuaran las gestiones de paz del Grupo de Contadora.
En ese momento, el Grupo de Contadora había logrado la firma de los cancilleres de los 5 países centroamericanos de lo que se conoció como el “Documento de Objetivos”. Y se contaba con el apoyo de la Comunidad Internacional, incluyendo las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA), el rey de España, el presidente del Gobierno español y muchos jefes de Estado y de Gobierno del mundo incluyendo al papa Juan Pablo II.
Cuando se advertía que la gestión del Grupo de Contadora perdía fuerza, se creaban fórmulas y gestiones diplomáticas para renovar impulsos políticos. Así fue como se realizó la Cumbre de Cancún, que dió renovados y determinantes impulsos a este Grupo de buenos oficios. Puedo manifestar con sobrada justificación que las diferentes acciones de los presidentes Belisario Betancur, de Colombia, y Ricardo de la Espriella, de Panamá, fueron determinantes para el éxito de la misión de paz en la subregión centroamericana. El Grupo de paz y buenos oficios de Contadora presentó a los 5 países centroamericanos un proyecto de Tratado de paz que contemplaba: aspectos políticos, económicos y sociales y de seguridad, con cláusulas y compromisos sujetos a verificación y control. Sin duda que este proyecto de Tratado de paz sirvió de base para la firma por los 5 países centroamericanos de los Acuerdos de Esquipulas de 1987.
En octubre de 1984, los cancilleres del Grupo de Contadora recibimos de manos del rey de España, Juan Carlos I, el Premio Príncipe de Asturias de Paz y Cooperación, considerado como el Nobel de las letras españolas.
Los cancilleres del Grupo de Contadora fuimos también galardonados por el Gobierno panameño presidido por el Dr. Jorge Illueca, con la Condecoración Vasco Núñez de Balboa en el Grado de Gran Cruz.
Era todavía la época de oro de la política exterior torrijista.



