Por Jaime Flores Cedeño
Historiador y abogado
La visita realizada el 13 de mayo por el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, a la República Popular China, dejó en evidencia el liderazgo mundial de esta nación asiática en la geopolítica y enla economía del planeta.
El arribo de Trump a China se produjo en medio de una guerra declarada contra Irán, impulsada por Estados Unidos e Israel, que tienen como objetivo apoderarse de las reservas de petróleo del país persa e imponer un gobierno títere, sumiso al sionismo y a la política unipolar que ha trazado el Pentágono.
Uno de los temas que no podían faltar en la agenda oficial, fue el referente a la soberanía indiscutible de China sobre Taiwán, especialmente, por el apoyo político y militar que Estados Unidos les ha proporcionado en las últimas décadas, provocando el rechazo reiterado de China, que los ha catalogado como actos injerencistas que violan el derecho internacional y alteran la paz en la región.
La recurrencia de las élites en el poder de Taiwán en hablar de independencia tiene un contrasentido histórico que fue discutido por la 26 Asamblea General de la ONU hace 55 años (1971), cuando los países del mundo ratificaron la Resolución 2758 que reconocía, definitivamente, a la República Popular de China como el único representante legítimo en ese organismo del cual solo pueden formar parte Estados soberanos.
En la Resolución se aprobó:
Restituir a la República Popular de China todos sus derechos y reconocer a los representantes de su Gobierno como únicos representantes legítimos de China en las Naciones Unidas, así como expulsar inmediatamente a los representantes de Chiang Kai-shek del puesto que ocupan ilegalmente en las Naciones Unidas y en todos los organismos con ellas relacionados
El presidente de la RPCH, Xi Jinping, resfirmó en la reunión con Trump, su posición sobre la situación de Taiwán que fueron titulares en los medios de comunicación a nivel internacional, fue enfático cuando afirmó que: “Una gestión inadecuada de Taiwán podría empujar a ambos países a un conflicto”.
En esta línea, se manifestó el 18 de mayo Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China al manifestar lo siguiente: “Taiwán es una parte inalienable del territorio chino; nunca ha sido un país y nunca lo será en el futuro”.
En el derecho internacional público que rige las naciones, se tiene que respetar la soberanía de los Estados. En ese orden, China es una nación milenaria que conserva una historia, cultura y filosofía, que marcan la unidad territorial frente a invasiones externas e intentos emancipadores que son empujados por elementos antinacionales y entreguistas.
Pese a todas las provocaciones externas, China se mantiene en la línea correcta de la paz y el entendimiento, que la han empinado para ser una potencia mundial en desarrollo social, ciencia y tecnología.
Su unidad cultural y disposición de avanzar hacia fines comunes se hallan insertas en los planes quinquenales que permitieron superar todos los índices de desarrollo humano en pocas décadas, convirtiéndose en un ejemplo a seguir en el actual siglo XXI.
En China, se cumple a cabalidad lo expresado por Carlos Marx, cuando sentenció: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, el ser social lo que determina su conciencia”. En ese horizonte, los grandes éxitos alcanzados por el Partido Comunista Chino, que benefician a 1.500 millones de habitantes, incluyendo la erradicación de la pobreza en 800 millones de personas, ha creado en la población una conciencia nacional y patriótica que los protege ante influencias negativas foráneas que pretenden socavar su historia, soberanía y unidad, que se enuncia en el llamado nacional de “Una sola China”.
La reafirmación de ese contenido de identidad se expande con patriotismo a un amplio segmento de la población de Taiwán que se identifica con la historia de China y de sus ancestros. Esa motivación se evidenció el 25 de octubre del 2025, cuando se celebró en Beijing el Día de la Conmemoración de la Recuperación de Taiwán. La Federación China de Compatriotas de Taiwán aplaudió la reunificación nacional y los lazos inseparables que los unen.
China se proyecta en el mundo actual como un país que extiende su amistad a todas las naciones, sin mentalidad colonial ni de sometimientos. Aprendió de su pasado y se proyecta hacia el presente y futuro con pasos de gigante, porque sus grandes horizontes no se encuentran en la ilógica imperial, sino en el desarrollo y progreso de la humanidad. Bajo esa premisa, Taiwán, con su política de subyugación hacia occidente, no tiene otro camino que el de la unificación con China, que se sustenta en el principio de soberanía y en el reconocimiento de un solo gobierno legítimo que tiene su sede en Beijing.




