23 de diciembre de 1989

Se hacía un balance de la situación.  Había espectativas, de pronto llegó un Macho e Monte quien rindió informe al Coronel Daniel Delgado Damiante, quien estaba presente como militar de mayor grado en la Batalla de San Miguelito:  el vehículo que venía del área de Tocumen o Cimarron con pertrechos había sido atacado y destruido, dijo el combatiente.  Era el último refuerzo y con esa noticia se agotaban los recursos para el combate.

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Mario Dominguez

Mario  Domínguez
Redacción de Bayano digital

En la noche del 22 o en la madrugada del 23 fuimos a una casa donde había una reunión importante.Era un piso amplio sin techo frente a una casa, las luces estaban apagadas y la poca iluminación provenía del alumbrado público. Se hacía un balance de la situación.  Había espectativas, de pronto llegó un Macho e Monte quien rindió informe al Coronel Daniel Delgado Damiante, quien estaba presente como militar de mayor grado en la Batalla de San Miguelito:  el vehículo que venía del área de Tocumen o Cimarron con pertrechos había sido atacado y destruido, dijo el combatiente.  Era el último refuerzo y con esa noticia se agotaban los recursos para el combate.

Luis «Lucho» Gómez dirigía la reunión.  ¿Por qué luchabamos?  Para defender Panamá, recuperar el canal y la justicia social, decía.  Hay diferentes formas de lucha y debíamos comprender que la correlación de fuerzas no nos favorecía.

Los Estados Unidos habían ganado esa batalla pero habían cometido un error estratégico al calificar al PRD, al movimiento popular y al Torrijismo como apéndices de las Fuerzas de Defensa.  Ellos calcularon equivocadamente que destruidas las FFDD el resto también se caía.  Nos propusimos sobrevivir, reagruparnos y reorganizarnos.   Teníamos el deber de cumplir con el mandato de Omar Torrijos: recuperar el canal. En el momento oportuno se definiría el método de lucha y forma de organizarnos. Nos abrazamos y despedimos.

Hoy con las informaciones de los propios invasores sabemos que la Batalla de San Miguelito fue entre los patriotas panameños y la 82ava División Aerotransportada – Fuerzas de Despliegue Rápido – de los Estados Unidos, una de sus divisiones élites en 1989.

El siguiente paso era salir de San Miguelito. Llamé a Bruny,  le pregunté cómo estaba el área y me dijo que aparentemente estaba limpio.  Le expresé que iba para la casa con unos amigos. Llegamos en dos carros sedán al edificio en Parque Lefevre al lado de la Clínica Hospital de Río Abajo,  éramos varios. Nos bajamos sin precaución con los fierros al hombro y subimos al apartamento ubicado en el segundo piso.

Tan pronto llegamos iniciamos una discusión sobre a qué montaña del país iríamos.  Olía a comida, Bruny estaba cocinando y al cabo de poco tiempo nos ofreció alimentos. Junto a la comida nos ordenó cordura y que no jugaramos con la vida, lo hizo con un tono de voz que no daba espacio a la duda ni a la discusión. Fue fulminante, era nesario saber qué hacer.

Tan pronto comimos, procedimos al desarme de los fusiles, metralletas, y las pistolas, las colocamos en un par de maletas.   Esos tesoros quedaron bajo la responsabilidad de Juan Mckensie.  En ese momento cada compañero se fue a donde le convenía.

Cómo consecuencia de la campaña de saperia fuimos reportados ante los invasores.  A los pocos minutos de la partida del grupo, el apartamento fue allanado por los soldados yankees en arreos de combate, con su cara pintada,  cascos con ramas. Chuchu Martínez después diría que semejaban la encarnación del mismo diablo.

Revisaron cada pulgada del apartamento. Una vecina entremetida se acercó a la puerta y ofreció coca cola selladas para que le diéramos a los soldados.  Recuerdo el temple de Bruny cuando le dijo a esa vecina que los soldados no eran invitados a la casa, que no eran bienvenidos y que se retirara.   El soldado que hablaba español miró a la futura madre de mis hijos de arriba a abajo, y dijo que como no habían encontrado nada se retiraban. Después volvieron como tres veces más al apartamento.

Lo que siguió fue una gran tristeza y un nudo en la garganta al recordar a cada compañero caído.

10 años después, el 31 de diciembre de 1999 subimos a la colina del Edificio de la Administración del Canal y quienes estuvimos en San Miguelito nos mirábamos y sonreímos, nos abrazabamos y llorabamos, habíamos logramos nuestro objetivo estratégico al recuperr el canal.

¡¡¡¡Ganamos!!!!

Compañero Comandante Omar le cumplimos esa misión.

 

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