Rechazan “doble rasero” de EE.UU. sobre migraciones

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Rechazan “doble rasero” de EE.UU. sobre migraciones

La Coordinadora Nacional de Solidaridad Panamá-Cuba emitió un comunicado en el que rechaza el “doble rasero” de Estados Unidos sobre los migrantes irregulares que cruzan las fronteras latinoamericanas e insta a resolver la crisis humanitaria.

Bayano digital reproduce textualmente los aspectos sobresalientes del comunicado de la Coordinadora Nacional, en momentos en que el gobierno panameño acude a instancias de la Organización de Estados Americanos (OEA), en procura de resultados:

Cualquier proceso migratorio que se produzca de manera ilegal, siempre estará subordinado a condiciones inhumanas. Sin embargo, la situación de los cubanos no es la más infeliz al compararla con el tratamiento que históricamente han recibido los centroamericanos que emigran hacia los Estados Unidos de Norteamérica.

Debe considerarse que la política practicada, en este caso, genera que el tráfico no se detenga, por lo tanto la supuesta situación humanitaria persista. Lo humano debe preservarse, tanto para el tráfico ilegal de cubanos que para los migrantes de otras naciones a través del territorio panameño.

El actual tratamiento del tema continúa propiciando agravamiento de estos flujos, sin vislumbrarse una solución posible y definitiva a corto plazo.

La actual situación de los migrantes cubanos ha propiciado que ciudadanos de otras nacionalidades, como haitianos y nacionales africanos, se incorporen a estos grupos agravando y complejizando el problema con el consabido peligro que ello entraña. Sin embargo, hemos visto y constatado que a estos grupos humanos (haitianos y africanos) no se les da el mismo trato que a los cubanos, lo que supone una incoherencia y un doble rasero en el tratamiento del tema sin que haya una explicación lógica y satisfactoria para ello.

La justificación que ha permitido la entrada masiva de cubanos a nuestro territorio, “debido a razones humanitarias”, es por tanto incoherente, ya que si nos atenemos a gestos humanitarios también debiera admitirse en suelo panameño a decenas de migrantes haitianos y nacionales africanos que salieron por la frontera de Panamá con Costa Rica y, al no aceptarlos este último, han quedado varados entre las fronteras de ambos países, en tierra de nadie, en una situación verdaderamente muy precaria que merece una real preocupación y actitud humanitaria de parte del gobierno de Panamá.

Acciones, supuestamente de carácter humanitario, no puede sustentarse sobre la base de aceptar lo ilegal y transgredir y violentar las reglas establecidas, de ahí que lo ordenado y justo para con los cubanos, para con su nación, para con el resto de las naciones implicadas, es parar esos flujos de la única forma en que puede hacerse, con un máximo esfuerzo por impedir el ingreso al país por las fronteras ya establecidas. Panamá debe tener la capacidad de detener la afectación en nuestro propio territorio.

No está de más abundar ante la sociedad panameña, que este problema no es entre Cuba y EE.UU., como se ha querido hacer ver o está planteado. El problema es de una ley de ajuste que da beneficios sólo a los cubanos, incomparable con la que se otorga a nacionales de otros países. El propio senador Marco Rubio reconoce que: “son intereses económicos los que inciden sobre la mayor parte de los migrantes” quienes, luego de recibir su “parole”, viajan a Cuba sistemáticamente por diferentes razones, incluidas las vacaciones. Una ley de ajuste que se mantiene en paralelo al genocida bloqueo económico, comercial y financiero, sin que esté a la vista que ambas cosas vayan a ser modificadas en lo inmediato, a pesar del proceso de normalización de relaciones recientemente iniciado.

Los cubanos varados en Panamá, salieron de Cuba legalmente, pagando sus pasajes y todo lo que un viaje de esta naturaleza implica, incluido el pago de hoteles, celulares, manutención e irónicamente, hasta los coyotes. Para los efectos de Cuba, según hemos investigado, ellos no han cometido ninguna ilegalidad. Procedentes de estos mismos contingentes, más de 200,000 cubanos residentes en EE.UU. viajan a Cuba cada año. Estos mecanismos no hablan justamente de una situación humanitaria.

A partir de los anteriores elementos y considerando además el curso de la normalización, en el que se pretende avanzar, en las relaciones entre Cuba y EE.UU., es poco probable que otras naciones acepten acompañar a Panamá en repetir la fórmula anterior. No antes de que, nuestro actual gobierno entienda que debe adoptar medidas en nuestras fronteras, que nuestras leyes obligan, para impedir que continúen entrando de forma irregular e ilegal más cubanos a Panamá.

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