Contra Trump

Por Gustavo Gordillo | La Jornada, de México

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No hay que hacerse bolas. Trump es una amenaza mortal para México y para los latinos en Estados Unidos. Si gana la presidencial, intentará construir el muro en la frontera y la deportación de mexicanos porque son el combustible básico para asaltar al establishment estadunidense. Es, en resumen, un peligro para la democracia.

Resulta por tanto indispensable desmenuzar por qué Trump es una amenaza para México.

Su base social. La base social de Trump está constituida por blancos de más de 45 años, con reducida educación formal, ex obreros industriales afectados por los tratados comerciales que han perdido su estatus de clase media. Son antiabortistas y pro uso de pistolas y armamento. Creen en las más enloquecidas teorías de conspiraciones. Muchos se encuentran afectados por la epidemia de la heroína, cuya demanda se ha incrementado como consecuencia de la adicción de este sector de la población a los medicamentos –que contienen opiáceas– para curar diversos tipos de dolores físicos. En algunas regiones se dice que en el mercado ilegal, la heroína es más barata que los medicamentos antidolor. Se sienten maltratados y arrinconados por el gobierno federal y los medios.

La ira proviene de varios flancos. Por una parte, la economía crece, el desempleo se reduce, pero se mantiene el subempleo, los salarios bajos, la inseguridad en el empleo y sobre todo la caída del poder adquisitivo de las clases medias. Al mismo tiempo, la desigualdad crece aceleradamente y el contraste con los estratos de los más ricos –el famoso uno por ciento– es aún más insultante. Por otra parte, la demografía se mueve en la dirección de consolidar un paisaje crecientemente poblado de minorías. Pierde fuerza y peso la población blanca y gana la hispana y la asiática consolidándose la población negra.

Las dos expresiones. Rabia contra los extremadamente ricos y contra la clase política genera dos expresiones antisistémicas. La progresista encarnada por Bernie Sanders, a la que me referiré en el siguiente artículo. La posición de extrema derecha tiene dos variantes ligeramente diferentes. Ambas son racistas, de extrema derecha y de ruptura institucional. Además de Trump, la de Ted Cruz es, además, fundamentalista en términos religiosos.

El uso político del temor. Trump ha generado la justificación discursiva para el linchamiento, hasta ahora simbólico de las minorías, sobre todo musulmana e hispana. No deja de ser sintomático de ese estado de ánimo, la manera belicosa en que ha enfrentado a disidentes que se han expresado en sus mítines. Más preocupante es la respuesta de los enardecidos seguidores suyos. Este linchamiento simbólico usa el temor entre estas clases medias desplazadas, como su combustible. Temor a caer en la pobreza, temor a ser desplazadas por las minorías negras, amarillas o cafés, temor en fin a no ser escuchados.

Los escucho y cobijo. Para darles seguridades a estas minorías enardecidas el mensaje de Trump es simple: “Yo soy un empresario exitoso. Estuve del lado de los grupos de interés desde hace 40 años. Sé cómo funciona el sistema y también sé cómo desmantelarlo. Sé hacer buenas negociaciones con los enemigos. No le debo nada a nadie. Por eso los escucho, los represento y los protejo”.

Enfrentar a Trump. Me sumo a la propuesta de Claudio Lomnitz en estas páginas (9/3/16), proponiendo que se constituya a la manera de la Liga de Antidifamación Judía, una Liga de Antidifamación Mexicana en Estados Unidos con varios propósitos, pero uno que me parece central: “Introducir demandas judiciales en casos de discriminación, difamación, libelo, abuso policial, etcétera”.

Es la hora de impulsar una class action (acción colectiva) contra Donald Trump ante las cortes estadunidenses, pero impulsada y apoyada por mexicanos, mexicano-estadunidenses y estadunidenses, tanto desde la sociedad civil como desde despachos de abogados e instancias de representación popular.

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