DISCURSO DE PEDRO MIGUEL GONZALEZ

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    Pedro Miguel Gónzalez

    DISCURSO DE PEDRO MIGUEL GONZALEZ

    EN SU TOMA DE POSESIÓN COMO SECRETARIO GENERAL DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO DEMOCRÁTICO

    Panamá, 30 de noviembre de 2016 | Asumo, hoy, con optimismo el cargo de secretario general de nuestro partido, consciente de la gran responsabilidad que representa dirigir – junto a los miembros del CEN que fueron también electos en el reciente x congreso- el necesario proceso de reingeniería que nos permita ganarnos nuevamente la confianza del pueblo panameño… llegar al gobierno en el 2019 y realizar las transformaciones que requiere nuestra sociedad para hacerla más democrática, más solidaria y más justa.

    A casi 17 años del perfeccionamiento de nuestra independencia y luego de que el canal le haya aportado decenas de miles de millones de dólares a nuestra economía y al presupuesto nacional, Panamá sigue siendo uno de los países más desiguales del continente.

    La construcción de una sociedad más justa y solidaria sigue siendo el propósito y la razón de ser de nuestro partido.

    La ausencia de un Proyecto Nacional que oriente al país y permita el logro de una Nación con equidad y justicia social, así como nuestras disputas por liderazgos internos o electorales han abierto las puertas del triunfo a nuestros adversarios.

    Como nación hemos tenido que pagar un precio muy alto.

    Llevamos algo más de siete años de padecer la insensibilidad y la mezquindad, las garras de los intereses económicos por encima de las necesidades de la población, el abandono de la lucha contra la pobreza.

    Hoy tenemos una nueva oportunidad.

    A mí entender dos son las condiciones básicas para ganar nuevamente el gobierno: la unidad partidaria y la confianza del pueblo panameño.

    Ambas dependen de una sola cosa, la redefinición del proyecto político del Torrijismo.

    La unidad del PRD depende del compromiso que tengamos en torno a una visión compartida de país.

    La restauración de la confianza que los panameños han depositado antes en nuestra conducción para lograr las más importantes conquistas y reivindicaciones nacionales, la tendremos en la medida en que esa visión incluya las aspiraciones de todos los sectores de la sociedad.

    Creo, con toda la responsabilidad y conciencia de esta etapa compleja e injusta de la vida nacional, que este es el gran reto de la nueva dirección política.

    Ahora bien, algo que debemos tener claro los panameños, es que nuestros adversarios, o son muy corruptos como la pasada administración o son muy incapaces como lo es el gobierno del presidente Juan Carlos Varela.

    Corrupción e incapacidad sumadas, significan un grave deterioro nacional e institucional. Y peor aún, abandonar al pueblo a mayores e innecesarios sufrimientos y postergaciones de sus necesidades, urgencias y derecho a una mejor calidad vida.

    Ricardo Martinelli fue la cabeza fría que durante el pasado gobierno dirigió el latrocinio más grande de toda nuestra historia. Despilfarraron la riqueza nacional que con tanto esfuerzo construimos durante generaciones.

    La deuda pública creció en 5 años más que en 109 años de república. Todos los proyectos de infraestructura realizados costaron 2 y 3 veces su valor real.

    Hoy Panamá paga un alto precio por tanto desenfreno, donde miles de millones de dólares han desaparecido y él, toma sol, tuitea y se jacta de su impunidad en Miami.

    Por otro lado, la falta de una visión estratégica respecto al desarrollo nacional y la falta de capacidad en la ejecución de los programas del actual gobierno, generan en la ciudadanía altos niveles de frustración.

    El PRD como el principal partido de oposición no puede permanecer callado frente a esta grave situación.

    No nos vamos a quedar callados viendo pasar el dolor de tantos panameños desamparados por la mediocridad gubernamental y la falta de compromiso con los humildes de este país.

    Nuestra conducta y posición tienen que quedar bien claras.

    Al inicio del actual periodo presidencial actuamos con gran madurez y responsabilidad para darle al país gobernabilidad y permitir que la institucionalidad democrática funcionara.

    El desmantelamiento del gobierno paralelo que montó Martinelli y los nombramientos en la procuraduría y la contraloría así lo exigían, frente al clamor ciudadano de que se investigaran los actos de corrupción del pasado gobierno.

    Pero bajo ninguna circunstancia puede pretenderse que esa actuación responsable de nuestro partido nos haga cómplices de los desaciertos o de la incapacidad de la actual administración.

    Por tal razón, resuelta la definición de nuestros liderazgos partidarios, que durante más de dos años consumió buena parte de nuestras energías y esfuerzos, y en mi calidad de secretario general del partido de Omar, declaro que a partir de este momento el PRD inicia una nueva etapa de reencuentro con el pueblo panameño para forjar esa gran alianza social que ha de llevarnos a la construcción de un país más justo y equitativo.

    El PRD iniciará en el futuro inmediato un proceso de acercamiento, de debate y discusión con todos los sectores de la sociedad panameña, sin prejuicios, con respeto a las ideas, con el interés de coincidir en darle una salida al deterioro social que nos ahoga. Y políticamente, articular el proyecto de país más justo para todos los panameños.

    La educación panameña requiere de un sistema nuevo e integral   que sustituya al que caducó hace casi 40 años.

    Hemos postergado un debate con los distintos actores de la sociedad sin lograr resultados concretos que nos permitan tener una educación moderna y eficaz.

    Es necesaria una política de estado que transcienda las distintas administraciones para lograr resultados medibles a corto, mediano y largo plazo.

    Lamentablemente el actual gobierno está muy lejos de entender esto y prefiere recortar el presupuesto en educación para trasladarlo a otros programas con mayor rédito político inmediato.

    Es inconcebible que haya educadores sin cobrar sus salarios durante meses, mientras que la ejecución presupuestaria del Meduca está por debajo del 50%.

    Los panameños reclamamos un mejor y eficiente sistema de salud pública.

    la falta de insumos y medicamentos en nuestros hospitales, Centros y puestos de salud, así como la ausencia de personal capacitado para la prevención y la atención es inadmisible en un país cuyo presupuesto se ha cuadruplicado en los últimos 20 años.

    Por otro lado, la situación de la caja de seguro social resulta aún más preocupante.

    Para los usuarios, el sistema actual resulta una pesadilla y sigue siendo una quimera la consecución de una atención oportuna y satisfactoria.

    Por más millones que se hayan invertido o gastado en tecnología durante la pasada administración, no se han logrado avances reales.

    ¡Lo que hubo fue desfalcos con impunidad!

    Y con la actual administración, la frustración ciudadana sigue en aumento.

    El drama de nuestra seguridad social y de sus distintos programas es extremadamente preocupante.

    La incapacidad de la actual administración es palpable.

    El gobierno no puede sacudirse su responsabilidad con la excusa de que cualquier cambio gerencial es potestad exclusiva de su junta directiva, ya que dentro de la misma hay connotadas figuras del ejecutivo.

    Pero sobre todo porque el ejecutivo tiene la responsabilidad constitucional de proveer salud y seguridad social a toda la población.

    Presidente Varela: asuma el liderazgo que le otorgó el pueblo panameño y tome cartas para evitar consecuencias aún más graves.  Entre más tiempo demoremos en atender el problema, más habrá de costarnos su solución.

    ¡Esto hay que pararlo! No más hospitales enfermos y fuera de control sanitario.

    ¡Ni una muerte más, basta de negligencia!

    Otro tema de relevancia lo es la inseguridad pública.  Por más que se diga que se trata de un problema de percepción, lo cierto es que en todas las encuestas de opinión el problema marca como una de las principales preocupaciones ciudadanas.

    Hace falta una política de estado que aborde el problema de manera integral.

    Más allá de la represión y el incremento en el pie de fuerza de los estamentos de seguridad, está el papel del estado en la generación de oportunidades para la juventud, así como el fomento de la cultura y el deporte, entre otros.

    Es decir, se trata de ejercer el liderazgo necesario desde las distintas instituciones del estado para abordar el problema. Negar su existencia no es la solución.

    El sector agropecuario de nuestro país está abandonado. Se trata de un sector cada vez más deprimido de nuestra economía, pero del cual dependen cientos de miles de familias en todo el país.

    Urge un acuerdo nacional para impulsar el desarrollo del sector.

    Nuestra bancada desde la presidencia de la asamblea y la comisión de asuntos agropecuarios ha dado un primer paso promoviendo un diálogo por el agro que debe culminar con una serie de propuestas traducidas a proyectos de ley, pero se requiere mayor voluntad y dinamismo por parte del gobierno para salvar a un sector que está a punto de colapsar.

    En  otro orden de ideas, Panamá necesita un modelo de desarrollo amigable con el medio ambiente y respetuoso de los derechos humanos.

    Las excesivas concesiones otorgadas a proyectos mineros e hidroeléctricos en pasadas administraciones, incluyendo las nuestras, representan una amenaza para las poblaciones indígenas y campesinass y para nuestras fuentes de agua en las áreas rurales.

    El PRD se compromete a promover una política de desarrollo energético que no destruya el medio ambiente y respete los derechos de campesinos e indígenas.

    Cuando hace más de dos años asumimos el compromiso de hacer gobernable el país, llegamos a acuerdos que debían ser traducidos en una serie de decisiones legislativas, algunas de las cuales se han cumplido y otras no.

    El primer compromiso incumplido fue el de la convocatoria a una constituyente paralela, con el propósito de darnos un nuevo modelo constitucional que fortaleciera la institucionalidad democrática, limitando el excesivo poder presidencial que atenta contra la separación de poderes y que durante la pasada administración puso en jaque a casi todo el sistema.

    Reconocemos que ese sigue siendo un tema pendiente en la agenda nacional.

    El gobierno actual simplemente, a su estilo, y con su silencio que significa no hacer nada al respecto, dejó pasar el momento oportuno.

    Pero este paso hacia una nueva Constitución es crucial para el futuro de Panamá.

    La ley de descentralización que aprobamos en las postrimerías de nuestro último gobierno PRD, suspendida durante 5 años por la administración Martinelli, fue otro de los compromisos adquiridos.  Reconocemos que se trata de un avance parcial.

    El PRD considera el proceso de descentralización como una de las banderas del Torrijismo en el siglo XXI.

    Se trata no sólo de dotar de más recursos a los gobiernos locales, sino de empoderar a los ciudadanos en todo el país, para que a través de los presupuestos participativos y la fiscalización ciudadana sean actores y gestores de su propio desarrollo.

    Nuestro compromiso es el de profundizar dicho proceso para lograr un modelo de desarrollo sostenible, amigable con el ambiente y con mayor equidad.

    El poder popular fue crucial para conquistar el canal con Omar Torrijos y ahora lo es más para las nuevas batallas por el Desarrollo Humano.

    Otro de nuestros compromisos fue el de retomar los acuerdos del pacto de estado por la justicia, ignorados por la pasada administración. En ese sentido se aprobó la ley de carrera judicial que empezó a implementarse este año, pero con serias limitaciones presupuestarias.

    El anhelo de los panameños de contar con un sistema judicial eficiente, imparcial y alejado de las influencias de carácter político o económico, sigue siendo un ideal por alcanzar. Se requiere reforzar los presupuestos del órgano judicial y del Ministerio Público para garantizar una gestión eficaz.

    No haber fortalecido las capacidades del Ministerio Público desde un inicio, frente a la gran cantidad de casos de corrupción del pasado gobierno, ha provocado deficiencias en los procesos de investigación, una creciente insatisfacción ciudadana y una evidente falta de credibilidad en el sistema.

    Y si todo ello queda impune, será una burla al pueblo que no podemos permitirnos como país y el PRD no puede estar de acuerdo con pasar la página del robo a manos llenas.

    Copartidarios y amigos: pudiéramos pasar toda la noche haciendo un recuento de los desaciertos del anterior y del actual gobierno, y fijando nuestras posiciones frente a los mismos, pero quiero cerrar esta parte de mi intervención haciendo referencia a un reto importante que tenemos en el futuro inmediato.

    Ese desafío es el referente a nuestro sistema electoral. Un sistema que se ha ido fortaleciendo y perfeccionando durante los últimos 25 años y que tuvo su prueba de fuego durante el gobierno de Ricardo Martinelli.

    La reforma electoral presentada por el tribunal electoral a inicios de este año no debe ser dilatada por más tiempo, para garantizar reglas del juego que hagan de nuestro sistema uno más transparente y equilibrado, e impedir que en el futuro veamos los abusos que sufrimos en las pasadas elecciones.

    Aprovecho la oportunidad para reiterar la posición de nuestro partido y nuestra Bancada de diputados de lograr los consensos necesarios para evitar que el nombramiento del próximo magistrado del Tribunal Electoral se constituya en una disputa por un espacio de poder que debilite a la institución y su imagen.

    Para finalizar quiero hacer la siguiente reflexión: durante la campaña interna que acabamos de superar, buena parte de nuestro éxito estuvo en hacerle entender a nuestros delegados la importancia de separar los tiempos.

    Repetimos hasta el cansancio la importancia que en primer lugar tiene el partido, su reestructuración y su reconexión con la sociedad, para después entrar en la fase de escoger a nuestra oferta electoral.

    De allí la línea que desarrollamos: ¡Primero el Partido, después el candidato!

    Ahora la prioridad sigue siendo la de fortalecer al partido y reconectarlo con la sociedad, en ese propósito aún nos queda un camino largo por recorrer.

    Todas las aspiraciones son buenas, necesarias y bien recibidas; ya habrá tiempo para eso.

    Por mi parte, reitero mi compromiso de no aspirar a ningún cargo de elección popular en las próximas elecciones y el de dirigir un proceso interno de forma imparcial y transparente, para garantizar nuestra unidad hacia el triunfo en las próximas elecciones.

    Todo lo que les expreso aquí hoy tiene una luz que alumbra el camino: esa luz es el general Omar Torrijos Herrera.  Su obra no ha concluido y esta generación comprende que hay nuevos problemas, agravados retrocesos sociales, un pueblo que espera integridad y honestidad, visión de país para que nadie quede por fuera de las opciones de vivir dignamente.

    Restaurar la confianza de los hombres y mujeres a lo largo y ancho de Panamá, es parte fundamental de la tarea.

    Compañeros: vamos al triunfo en el 2019 con la inteligencia de nuestros profesionales, con la energía de nuestra juventud y con la militancia apasionada de nuestras mujeres.

    Salgamos al encuentro de ese pueblo del que nos desconectamos, a la consulta y a los consensos con los empresarios, con los obreros, con los campesinos, con los indígenas y con todas las fuerzas vivas de nuestra sociedad.

    Y a nuestro pueblo le decimos, que aquí está el PRD de vuelta. Dispuesto a liderizar los grandes cambios que nuestra sociedad reclama.

    Trabajando por un país más justo, menos desigual; ¡donde la riqueza llegue a todos!

    ¡Muchas gracias!

    ¡Viva Omar Torrijos!

    ¡Viva el Partido Revolucionario Democrático!

    ¡Viva Panamá!

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