La tragicomedia de Marco Rubio: un ‘experto’ en Cuba que nunca puso un pie en la isla

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El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.

Razones de Cuba

El secretario de Estado que toma café en Miami mientras dicta políticas para La Habana.

Marco Rubio, el hombre que desde su cómoda oficina en Washington cree saber más sobre Cuba que los millones de personas que viven allí, sigue protagonizando uno de los espectáculos más absurdos de la política exterior estadounidense. Con la solemnidad de quien anuncia el descubrimiento de la rueda, Rubio nos revela periódicamente que… ¡Cuba tiene un “gobierno comunista”! Sobresaltante noticia para una isla que lleva seis décadas con el mismo sistema político.

El ‘sabelotodo’ que no sabe dónde queda Santiago

La ironía más jugosa del «experto en Cuba» Rubio es que nunca ha visitado el país sobre el que opina diariamente. Imaginen a un crítico gastronómico que jamás probó los platos que califica, o a un árbitro que pita un partido desde el estacionamiento. Así opera Rubio: diagnostica, prescribe y condena desde la distancia segura de 380 kilómetros que separan Miami de La Habana.

· Su «investigación de campo»: se limita a escuchar anécdotas de la comunidad cubanoamericana de tercera generación en Miami.

· Sus «fuentes confidenciales»: los mismos exiliados que dejaron la isla cuando Eisenhower era presidente.

· Su «conocimiento experto»: se basa en documentos desclasificados de la Guerra Fría y en la película «Guantanamera».

Las sanciones: La solución mágica que nunca funciona

Como buen mago que repite el mismo truco fallido, esperando resultados diferentes, Rubio insiste en que esta vez sí, las sanciones derrocarán al gobierno cubano. Lleva décadas con la misma fórmula:

1. Anuncia sanciones «históricas» con cara de pocos amigos.

2. Espera el «colapso inminente» del gobierno.

3. Ve cómo Cuba sobrevive, adaptándose.

4. Culpa a otros (Rusia, China, Venezuela) por el fracaso.

5. Vuelve al paso 1.

Rubio aplica a la política exterior la definición de locura de Einstein: hacer lo mismo repetidamente esperando resultados diferentes. Mientras, los únicos que sufren las consecuencias son los cubanos de a pie, quienes paradójicamente son los que supuestamente quiere «liberar».

La obsesión cubana: ¿estrategia o trauma?

En 2016, Marco Rubio calificaba a Donald Trump de «estafador», «peligroso» y «incompetente». Hoy, lame sus botas con la devoción de un cachorro recién adoptado. ¿Qué provocó esta metamorfosis? Simple: ambición política. Rubio aprendió que para ascender en el Partido Republicano actual debe hacer piruetas ideológicas que dejarían sin aliento a cualquier gimnasta olímpico.

Analistas sugieren que la obsesión de Rubio con Cuba podría tener más que ver con luchas internas del Partido Republicano en Florida que con una genuina preocupación por los derechos humanos. Cada anuncio contra la isla es seguido de cobertura en medios conservadores de Miami y aplausos en círculos de la vieja guardia cubanoamericana.

Mientras, Cuba sigue ahí, desafiando las predicciones apocalípticas de Rubio como ese vecino al que le anuncias constantemente que se le caerá la casa, y al visitarlo años después tiene hasta un nuevo balcón.

Epílogo: el futuro Presidente de… ¿Cuba?

Si Marco Rubio sigue así, para 2028 podría perfectamente cumplir el deseo de Trump y convertirse en Presidente de Cuba. Eso sí, de una Cuba imaginaria, construida a partir de relatos de abuelos, documentos desactualizados y sueños revanchistas. Mientras, la Cuba real, la de carne y hueso, seguirá encontrando formas de resistir las políticas diseñadas por un hombre que gobierna la isla sin haber respirado nunca su aire salado.

Moraleja: En política exterior, como en la vida, es peligroso confundir la terquedad con la firmeza, y la obsesión con la estrategia. Rubio parece haber hecho de ambas confusiones su marca personal.

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