La Sputnik V gana terreno a nivel mundial

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Jesús López

Por Jesús López Aguilar
Psicólogo social

Ya hemos visto cómo la geopolítica, con sus eternos trucos de desinformación, espionaje, guerras de baja intensidad, difamación, extorsión y chantaje de alto nivel, incluyendo amenazas directas, se ha trasladado a la actual crisis sanitaria mundial.

En este momento la gran preocupación de todos los países ha sido poder tener rápido acceso a las vacunas contra el Covid-19, que reviste una importancia prioritaria, no solo para la recuperación de la salud de las distintas naciones, sino que es vital para el pronto proceso de reactivación económica, de forma segura, así como la retoma de la vida social en todos sus órdenes. Pero, surge una pregunta: ¿habrá acceso igualitario para los países, sin distinción alguna?

Tal pareciera que, en un sentido de salud pública estricto, la idea sería que todos adquirieran las vacunas en igualdad de condiciones, solo importando trabajar para el logro del bien común, con las naciones más poderosas abanderando y liderizando la lucha contra los estragos de la enfermedad, sin olvidar las pérdidas sociales, económicas, políticas, además de las sanitarias. En ese sentido, la prioridad es que se pueda colaborar para poner la pandemia bajo control, con el fin de que, como podría suceder en los países de nuestra región, sin excepciones, no se profundicen las ya graves desigualdades estructurales que son parte de nuestro diseño social.

No obstante, lo que se ha podido ver es que, desde la óptica de la geopolítica global, con una creciente competencia entre los países más ricos y poderosos, cada quién viendo de qué forma mantienes intactos sus intereses regionales y globales, a la par que tales estados miran hacia otros territorios, con la intención de poder expandirse más y más, a fin de que los, cada vez menos, sitios disponibles para dominar puedan ser objeto de nuevas influencias. Tal como es el caso de China y Rusia, potencias que luchan por consolidar su proyecto económico global, más allá de sus naturales sitios de influencia socio-política naturales.

La incursión de ambas naciones, en este nuevo terreno de enfrentamiento de las potencias científicas del llamado mundo occidental, encendió las alarmas de los países que tradicionalmente habían abanderado los avances científicos en este campo de la salud. Dado que la vacuna Sputnik V, promovida por Rusia, fue la primera en salir al mercado, mucho antes que el resto de las candidatas, mostró desde el principio mayor eficacia que las que se fueron sucediendo a esta, la situación se fue complicando y entró, una vez más, la geopolítica en acción.

Las potencias hegemónicas de Europa, en principio, junto a los Estados Unidos, se abocaron, en bloque, a desprestigiar el esfuerzo ruso, apostando al desarrollo de vacunas candidatizadas por las multinacionales como Pfizer y otras más. Sin embargo, lo de Pfizer resultó ser un evento fallido que comprometió las programaciones de los diversos países, que apostaron a este producto. Razón que ha motivado que las naciones desfavorecidas, incluyendo a las de la Unión Europea, voltearan a ver hacia otros rumbos, y es cuando la Sputnik V empieza a ganar terreno.

Tan es así que países como Alemania, a través de la Canciller Merkel, se han pronunciado a favor, no solo de adquirirla, sino también a permitir su fabricación masiva, instalando plantas en varios países europeos, en un esfuerzo que rememora los días en los que la Unión Soviética se vio obligada a trasladar sus fábricas, cuales enormes rompecabezas, a miles de kilómetros en lo profundo de Siberia, para salvarlas de la destrucción de los nazis.

Por tal motivo, los fármacos y vacunas producidos para tratar el Covid-19 han tomado la importancia de brindar posibles ventajas estratégicas a las naciones con capacidad beligerante en este nuevo conflicto.

Dado el manejo de la compañía Pfizer, con sus ideas y vueltas para entregar las vacunas ya comprometidas y cobradas, la tendencia parece ser de sobreponerse a la influencia de las potencias hegemónicas; la Canciller de Alemania, Ángela Merkel, ha dicho que la Unión Europea debe apostar a la posibilidad de, no solo adquirir la vacuna Sputnik V, sino también de llegar a acuerdos con Rusia y producirla en los distintos países del bloque económico europeo; Italia ha anunciado sendas demandas a la misma casa farmacéutica.

En América Latina, crecen los malestares; México, Argentina, Colombia, Panamá, incluso Brasil, Venezuela, entre otros países, han manifestado su interés, o han firmado contratos de adquisición de la vacuna rusa, lo cual plantea otro nivel de estrategia y pérdida de terreno de países como Estados Unidos, que había manifestado su posición de no autorizar, como si fuera necesario, el uso de la vacuna por medio de la FDA, que es un ente local estadounidense, al cual muchos ven como si tuviera autoridad mundial.

Da la impresión de que estamos en una nueva escalada del conflicto por las vacunas, con un giro poco alentador para los países fuertes, que ven sus intereses hegemónicos debilitados.

 

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