La realidad de los conflictos sociales en las comunidades y su impacto en la niñez

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Es necesario cambiar la violencia por una cultura de paz.

Por Luis Carlos Samudio G.
Abogado, docente y medidor

De acuerdo con información policial, actualmente las comunidades se enfrentan a un problema que es causado por 39 pandillas que operan en el distrito de San Miguelito., contiguo a la ciudad de Panamá. Ese flagelo tiene un alarmante impacto en la niñez, especialmente en jóvenes que son reclutados a partir de los diez años de edad.

Esos niños y jóvenes son sumados a actividades sociales que perpetúan la desigualdad y los conflictos. Ese fenómeno no sólo amenaza sus derechos fundamentales, sino que también impacta la cohesión social y la estabilidad de las instituciones.

La niñez debería ser un espacio de juego, de aprendizaje, de sueños y de esperanza. Sin embargo, en las comunidades en Panamá, los conflictos sociales han convertido a muchos niños en víctimas silenciosas. En lugar de crecer rodeados de amor y oportunidades, se ven atrapados en redes de manipulación, violencia y exclusión. Lo más doloroso es que ello ocurre frente a nuestros ojos, en las calles, en las escuelas y en los barrios.

Las acciones sociales y las interacciones que deberían reforzar el respeto y la solidaridad han sido deformadas. Hallar indiferencia donde debería existir colaboración. Se observa explotación en vez del apoyo mutuo que debería existir. No podemos permitir que los niños sean usados como herramientas en dinámicas que perpetúan conflictos y desigualdades.

En esa lucha, las instituciones y estructuras sociales —la familia, el Estado, la comunidad y la escuela— juegan un papel crucial. La familia tiene que ser el primer refugio, el sitio en donde todo niño se sienta querido y a salvo. La escuela debe ser un lugar de educación integral en el que no sólo se instruya sobre la lectura y la escritura, sino también sobre cómo razonar con espíritu crítico, coexistir pacíficamente y edificar un futuro digno. La comunidad debe volver a adquirir su habilidad de supervisión, apoyo y solidaridad humana.

En ese sentido, el Estado panameño tiene la responsabilidad de asegurarse, mediante las políticas públicas, de que ningún niño o nima sea manipulado, utilizado o puesto en situaciones de riesgo que arruinen a la niñez.

El Observatorio Criminológico Académico y Social (OCAS) indica que ese problema requiere una solución integral: fomentar la conciencia social, consolidar las instituciones y asegurar que todos los niños tengan la posibilidad de desarrollarse en un entorno de paz y respeto. De ese modo, se podrá cambiar la realidad de las comunidades y garantizar un futuro más justo y humano.

Por esa razón, hago un llamado a todos ustedes. No podemos permanecer con los brazos cruzados e ignorar la situación. Es inaceptable que niños de 10 años de edad sean empleados en disputas ajenas. Es necesario que actuemos con sensatez, y es preciso que lo hagamos unidos.

Ejecutar implica consolidar las instituciones. Significa requerir que las escuelas cuenten con programas de seguimiento y prevención. Implica que las familias obtengan asistencia para educar en valores y salvaguardar a sus hijos. Implica que la comunidad se coordine para observar, denunciar y acompañar. Significa que el Estado cumpla el deber de asegurar políticas eficaces, recursos adecuados y castigos claros para aquellos que atentan contra la niñez.

Sin embargo, actuar también implica transformar la conciencia social y reconocer que cada niño de la comunidad es, además, nuestro hijo, nuestro hermano o nuestro vecino. Significa que sufrimos cuando un niño sufre. Y cuando un niño sonríe, somos beneficiados.

Hoy les sugiero hacer un pacto común. Que nos comprometamos a resguardar a los niños, a denunciar las injusticias, a reforzar las instituciones y a restaurar la solidaridad en la comunidad. Que nos comprometamos a construir una sociedad donde la niñez sea respetada, valorada y protegida.

Si los niños no tienen un presente, no hay futuro posible. No es posible que haya paz si los niños se desarrollan en medio de conflictos. Porque no puede haber justicia si los niños son empleados como herramientas de desigualdad.

OCAS termina con el siguiente razonamiento: ”La infancia representa el núcleo de nuestra sociedad”. Y es nuestro deber más importante protegerla. No podemos decepcionarlos ni fallarles. Hoy, aquí, unidos, asumamos el compromiso de protegerlos y cuidarlos, dándoles la oportunidad de desarrollarse en un entorno de dignidad, respeto y paz.

Concluimos: la niñez no puede esperar. Cada día que pasa, más niños son atrapados en dinámicas que destruyen su futuro. Cada día que pasa, más familias se ven debilitadas. Cada día que pasa, la sociedad pierde un poco de su esperanza. Pero también cada día que pasa es una oportunidad para cambiar y actuar a favor de un futuro distinto.

¡Juntos trabajemos a favor de la paz y la convivencia pacífica!

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