Por Abdiel Rodríguez Reyes
Doctor en filosofía
La política exterior de Estados Unidos ha sido históricamente guiada por intereses estratégicos, y el caso de Venezuela no es una excepción. La idea de que el país norteamericano actúa a favor de la democracia parece una ilusión, un espejismo que oculta un interés más profundo: el acceso al vasto petróleo venezolano.
Hoy está en juego la relación entre la estrategia estadounidense en la región, la puesta nuevamente en escena de la Doctrina Monroe y la necesidad de un enfoque multilateral.
Sería una hazaña robinsoniana creer que la democracia está en la agenda de Estados Unidos en su intervención militar en Venezuela. Las acciones militares estadounidense están alineadas con los objetivos imperiales y no con la promoción de instituciones democráticas.
La reciente Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos destaca la importancia del acceso a recursos y ubicaciones estratégicas. En este sentido, el ”Corolario Trump” a la Doctrina Monroe se erige como un recordatorio de que las intervenciones militares pueden ser utilizadas para asegurar activos críticos para la economía estadounidense.
Frente a esa realidad, el multilateralismo se presenta como una alternativa viable dentro de las reglas del juego en un sistema capitalista. En lugar de actuar unilateralmente en defensa de sus intereses, en el marco de su crisis de larga duración Estados Unidos perdió la capacidad de lograr acuerdos que incluyan a otros países y organizaciones internacionales. Y, por supuesto, teniendo en cuenta el tripolarismo: China, Estados Unidos y Rusia.
Es importante considerar las implicaciones legales de las intervenciones militares como la ocurrida en Venezuela. La violación del derecho internacional no sólo socava la credibilidad de Estados Unidos, sino que también pone en peligro la estabilidad regional.
Los gobiernos que apoyen esas medidas, se están metiendo un tiro en el pie. Por ejemplo: también apoyarían la “recuperación” del Canal de Panamá en el irredentismo del presidente Trump. Las acciones unilaterales son vistas como una agresión y afectan a miles de personas inocentes.
El nuevo viejo monroísmo debe ser cuestionado. La búsqueda de un enfoque multilateral y el respeto por el derecho internacional son esenciales para construir un futuro de paz y bienestar para la población. La lucha por la democracia en Venezuela no debería estar marcada por la intervención militar, sino por una verdadera participación comunitaria y de la comunidad internacional que busque, ante todo, preservar la soberanía y los recursos del pueblo venezolano.




