El costo del Brexit para Theresa May

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Theresa May.

Por Glenda Arcia

La Habana, (PL) – Mientras el 2018 se despide, la primera ministra Theresa May ve cumplirse los malos presagios sobre su Gobierno, deteriorado por 18 meses de negociaciones sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE).

En los últimos tiempos, el Palacio de Westminster, en la capital británica, se ha convertido en frecuente escenario de disputas y juicios sobre ese tema y casi semanalmente la jefa de Gobierno sube al estrado para rendir cuentas ante el Parlamento, justificar sus acciones y proponer alternativas ante los numerosos obstáculos encontrados a lo largo de un enrevesado divorcio.

Para la administración conservadora, el Brexit ha sido como los movimientos telúricos para un edificio: los constantes temblores van destruyendo la construcción y, aunque se intente maquillar las grietas, la estructura se va desmoronando lentamente hasta que se produce el derrumbe definitivo.

En opinión de los analistas y en base a los acontecimientos, es posible que en 2019 el Reino Unido tenga que elegir un nuevo primer ministro.

Para la política de 62 años, los problemas comenzaron en las elecciones anticipadas de junio de 2017, donde, contrariamente a su objetivo, los tories (conservadores) perdieron 12 asientos parlamentarios y se quedaron con 318, siete por debajo de los requeridos para contar con la mayoría absoluta.

Pese a los esfuerzos por demostrar su autoridad, May no se ha recuperado de esa caída y los vientos en su contra se sienten cada vez más fuertes, en gran parte por las grandes divisiones generadas por el manejo del proceso de separación de la UE.

Desde su llegada en 2016 al número 10 de Downing Street (residencia oficial del primer ministro), los británicos han visto a su líder tropezar y recurrir a numerosas estrategias para tratar de preservar su mandato y llegar a un acuerdo que satisfaga a sus socios en Bruselas, pero también a correligionarios y opositores laboristas en Londres.

Uno de los golpes más recientes vino de parte de la Cámara de los Comunes que aprobó el 4 de diciembre una moción por desacato contra el Gobierno conservador por negarse a facilitar la totalidad de un informe legal sobre el acuerdo de salida pactado con el bloque comunitario en noviembre.

El convenio alcanzado con los 27, de casi 600 páginas, plantea la ampliación del período de transición tras el Brexit (previsto para el 29 de marzo de 2019) y, por tanto, la permanencia del Reino Unido en un territorio aduanero único con la UE hasta que se firme un tratado comercial definitivo.

En caso de que no se llegue a un consenso en temas como la frontera con Irlanda, aún pendiente de una solución eficaz, entraría en vigor un plan de contingencia que dispondría normativas distintas para Irlanda del Norte y el resto del país.

Ante la solicitud de las principales fuerzas políticas del país, lideradas por los laboristas de Jeremy Corbyn, el fiscal general Geoffrey Cox había presentado un resumen de las bases legales sobre las que se llegó a ese pacto, pero indicó que no divulgaría más detalles porque existían elementos sensibles y confidenciales.

Enfurecidos, los parlamentarios consideraron fundamental contar con toda la información posible antes de una votación decisiva prevista para el 11 de diciembre, por lo que 311 de ellos respaldaron el inicio de un proceso contra el Ejecutivo, en tanto 293 se opusieron a la moción.

Por tal motivo, la administración de May debió entregar el documento, en el cual se devela que las supuestas acciones de contingencia para evitar una frontera con Irlanda pueden aplicarse de manera indefinida, lo que desató las críticas de opositores y varios miembros del Partido Conservador.

El mismo día que el equipo de la primera ministra fue declarado en desacato, 321 miembros de la Cámara Baja aprobaron una moción presentada por el conservador Dominic Grieve, según la cual los diputados tendrán un papel más significativo en las decisiones sobre el Brexit.

Para que el convenio con la UE fuera aprobado, la jefa de Gobierno necesitaba el apoyo de 320 de los 650 parlamentarios, pero, según aproximaciones divulgadas por medios británicos, era probable que solo contara con alrededor de 240.

En un intento por evitar una derrota casi segura, May acudió a una alternativa muy cuestionada y de resultados dudosos: el aplazamiento hasta la tercera semana de enero de la votación.

La dirigente tory reconoció que, de ser llevado a debate en estos momentos, el texto sería rechazado por un margen significativo y pidió la comprensión de los diputados.

Sin embargo, la decisión de atrasar dicha cita provocó un descontento aún mayor en los parlamentarios y un grupo de 48 conservadores rebeldes presentó una moción de censura en su contra que le pudo costar su continuidad en el cargo.

Tras varias horas de análisis a puertas cerradas y luego de prometer su renuncia antes de las elecciones de 2022, May logró superar esa prueba al obtener el respaldo de 200 políticos.

No obstante, 117 se pronunciaron en su contra, lo cual demuestra la división existente en su partido y la disconformidad con su gestión del proceso de salida de la UE.

La presentación de dicho recurso por sus propios compañeros fue considerado el segundo gran golpe en menos de dos semanas para May, quien puede enfrentarse todavía a otra moción de censura impulsada por el Partido Laborista.

Recientemente, representantes de cuatro formaciones opositoras instaron a Corbyn a unir fuerzas y defender una acción de ese tipo para derrocar a la administración conservadora.

Sin embargo, el político de 69 años pidió esperar a un momento más adecuado y se decidió por un recurso dirigido específicamente contra May que, de ser aprobado, no provocará la caída de los tories, pero representará otro ataque a la reputación y capacidad de la primera ministra.

Ante una difícil situación interna, la jefa de Gobierno intentó obtener mayores concesiones de sus socios europeos, pero los directivos del bloque se negaron a renegociar el acuerdo e incrementaron las acciones para afrontar un posible Brexit sin convenio.

Según el analista español Nacho Alarcón, en Bruselas persiste la idea de que no importa qué trato se le ofrezca al Reino Unido, la mayoría de sus diputados lo descartarán porque están en desacuerdo con la dirigente tory.

Así, los debates sobre la separación de la UE se han convertido en una especie de juicio contra May, para quien los pronósticos no son alentadores.

A pocos meses de la fecha prevista para el Brexit (29 de marzo de 2019) y con la espada de Damocles a punto de caer, la primera ministra se enfrenta a un período aún más difícil que el vivido hasta ahora, definitorio no solo para ella, sino también para el futuro del país.

No obstante, su sustitución no significa que terminen los problemas relacionados con el divorcio del bloque: durante los próximos meses el Reino Unido podría enfrentarse a escenarios diversos como la convocatoria a elecciones anticipadas, la renegociación del proceso de salida, su suspensión o la convocatoria a un segundo referendo sobre el tema, por mencionar algunos.

La odisea del Brexit está lejos de terminar.

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