Por José de la Rosa Castillo
Especialista en Relaciones Internacionales, la Industria Marítima y el Canal de Panamá
A lo largo del tiempo, el Canal de Panamá ha sido el principal activo estratégico de la nación. Su valor, sin embargo, no reside únicamente en su geografía privilegiada, sino en la percepción internacional de que representa un bien público global, administrado con criterios de neutralidad y eficiencia técnica. Esa percepción se encuentra actualmente en riesgo.
La crisis portuaria ha transformado al Canal en un símbolo de la rivalidad entre China y Estados Unidos. Para Pekín, lo ocurrido confirma la vulnerabilidad de sus inversiones en jurisdicciones políticamente alineadas con Washington. Para Washington, representa una victoria estratégica en su esfuerzo dirigido a contener la influencia china en el hemisferio occidental. Para Panamá, el resultado es potencialmente desastroso.
El riesgo inmediato es cuantificable en términos de tráfico y peajes. Si las presiones chinas logran que sus navieras —o las de terceros países preocupados por la estabilidad regional— opten por rutas alternativas (Suez, el Cabo de Buena Esperanza, el ”puente terrestre” norteamericano), los ingresos económicos del Canal disminuirán. Pero el riesgo profundo es de naturaleza cualitativa: el deterioro de la confianza en la neutralidad panameña.
Las rutas marítimas globales no se eligen exclusivamente por criterios de distancia. Factores como la predictibilidad, la seguridad jurídica y la estabilidad política pesan decisivamente en las decisiones de las grandes navieras.
Si Panamá es percibido como un país donde la política interfiere con la logística, donde las concesiones portuarias pueden ser anuladas por presiones externas y donde la seguridad jurídica es contingente a los vaivenes geopolíticos, su posición competitiva se verá irreversiblemente dañada en el ámbito internacional.
La neutralidad de la vía interoceánica no es un lujo ideológico;. Es una necesidad funcional. Por ese motivo, se requiere que Panamá sea capaz de resistir las presiones de todas las potencias por igual, manteniendo una posición equidistante fundada en la defensa de sus intereses nacionales. La crisis actual sugiere que esa capacidad se ha debilitado peligrosamente en un mundo en conflicto.




