Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político
”La crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer; en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos”. (AG. ”Cuadernos”).
Se puede afirmar que como toda mutación la crisis de gobernabilidad de Panamá es una expresión nacional (con sus particularidades) de la dificultad global. Así fue como en el primer cuarto del siglo XX la describió el autor de ”Cuadernos”:
”…ya sea porque la clase dominante ha fracasado en alguna importante iniciativa política para la que ha solicitado, o forzado, el consentimiento de las grandes masas (la guerra, por ejemplo), o porque grandes masas (especialmente de campesinos e intelectuales pequeñoburgueses) han pasado repentinamente de un estado de pasividad política a una cierta actividad, y han planteado demandas que, en conjunto, aunque no formuladas orgánicamente, constituyen una revolución. Se habla de una «crisis de autoridad»: esta es precisamente la crisis de hegemonía, o crisis general del Estado”.
Es decir, ”las crisis se manifiestan en las contradicciones entre la racionalidad histórica política dominante y el surgimiento de nuevos sujetos históricos portadores de inéditos comportamientos colectivos”.
Además, las crisis políticas u orgánicas tienen múltiples expresiones: guerras ”proxy”; conflictos raciales, étnicos y religiosos; el resurgimiento de ideologías conservadoras y de ultra derecha; el autoritarismo de derecha y de izquierda; la corrupción pública y privada; y el nacimiento de nuevos actores políticos en este país.
En Panamá, la crisis política se expresa en la contradicción entre la vetusta institucionalidad (”Constitución Politica”), la ”oligarquización” de las cúpulas de los colectivos políticos, corrupción personal y colectiva de los actores políticos tradicionales, un pueblo convertido en clientela política o ”cosificado”, por un lado; y por otro, una población cada vez mayor de ciudadanos y de juventud, más consciente de sus derechos y de la necesidad del cambio político”.
Un politólogo lo esquematizó así:
”Anticorrupción vs martinellismo. Partidos emergentes (CD, RM, Alianza vs partidos declinantes (PRD, Partido panameñista)”.
Asimismo, forman parte de esos colectivos políticos emergentes el partido MOCA, el FAD y la Coalición VAMOS y, por otro lado, la decadente Democracia Cristiana (Partido Popular).
Lo cierto es que, lo que no acaba de morir es la ”democracia de fachada” y el clientelismo corrupto y clientelar. Lo que no termina de nacer es la diversidad ideológica y la democracia real y participativa.
¡Así de sencilla es la cosa!




