Por Victoriano Jaramillo Núñez
Licenciado en Relaciones Internacionales y especialista en docencia superior
Geoeconómica global
El escenario económico contemporáneo se encuentra determinado por una dinámica de cooperación y competencia entre dos bloques de poder predominantes: el G7 (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón) y el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), recientemente ampliado con la incorporación de Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia.
En ese contexto de multipolaridad creciente, la República de Panamá ha emergido como un actor geoestratégico cuya influencia trasciende su reducida dimensión territorial. Su capacidad para posicionarse en el centro de las dinámicas comerciales internacionales se explica, en gran medida, por su ubicación geográfica, una diplomacia exterior pragmática y su habilidad para adaptarse a los cambios en el entorno internacional. Ese fenómeno evidencia que, en el siglo XXI, el poder de los Estados no se mide exclusivamente por su extensión territorial o poder militar, sino por su funcionalidad dentro de las redes globales de interdependencia.
Panamá representa un caso paradigmático de cómo un Estado de escala intermedia puede ejercer influencia significativa en las relaciones internacionales, actuando como puente entre los principales bloques económicos y políticos del sistema internacional.
Infraestructura crítica del comercio global
El Canal de Panamá es una de las infraestructuras logísticas más relevantes para el comercio marítimo internacional. Su función de interconectar el Atlántico y el Pacífico lo convierte en un eje central de las cadenas globales de suministro. Anualmente, transitan por sus aguas aproximadamente 14.000 buques, lo que equivale al 6 % del comercio marítimo mundial.
La expansión culminada en 2016, mediante la adición de un segundo conjunto de esclusas, permitió el tránsito de buques Neopanamax, aumentando la capacidad operativa del Canal y elevando su relevancia estratégica. Esa inversión, superior a los 5.000 millones de dólares, posicionó a Panamá como un facilitador logístico de escala global.
Los datos de 2024 reafirman esta centralidad. Estados Unidos, principal usuario del Canal, movilizó un total de 160.12 millones de toneladas, lo que representa el 70,4 % del volumen total. Por su parte, China movilizó el 40 % de los contenedores que transitaron por la vía, equivalentes a 5,328,729 unidades. Esa dualidad de usuarios refuerza la idea de que el Canal constituye un punto de intersección inevitable entre las dos principales economías del mundo, otorgando a Panamá una posición negociadora privilegiada.
Hacia un ”hub” más allá del Canal
El posicionamiento logístico de Panamá trasciende la función del Canal. El país ha desarrollado un ecosistema logístico integrado, compuesto por zonas francas con marcos regulatorios especiales, puertos especializados de alta eficiencia y un sistema financiero internacional altamente competitivo.
Un ejemplo notable es la Zona Libre de Colón, considerada la segunda más importante área franca del mundo después de Hong Kong. Con más de 2.500 empresas operando y un volumen de transacciones que supera los 20.000 millones de dólares anuales, esta zona se ha convertido en un nodo donde confluyen intereses comerciales de múltiples potencias.
Asimismo, el sistema financiero panameño, sustentado en un marco normativo favorable a la inversión extranjera y en la existencia de un Centro Bancario Internacional, refuerza el papel del país como plataforma de servicios para el comercio mundial.




