Nora K. Jemisin, psicóloga, escritora de novelas ciencia ficción y fantasía, premio Hugo

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Nora K. Jemisin.

Tengo 44 años. Nací en Iowa y me crie en Brooklyn. He vivido en muchos lugares de EE.UU. No tengo pareja ni hijos. Me licencié en Psicología, soy consejera de jóvenes y escribo crítica.

Por Víctor Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet
La Vanguardia

Siempre quise ser escritora, pero daba por hecho que ser mujer y negra me impediría triunfar en la literatura fantástica y de ciencia ficción, que es mi género.

En su novela una mujer negra, cuarentona y grandota lucha contra el mal.

Sin duda se parece a mí: tiene mi edad, lleva rastas como yo…, pero ella tiene hijos, está mucho más enfadada y ha pasado por más traumas.

¿Por qué la escogió?

Porque mujeres negras de mediana edad cuya principal preocupación son sus hijos no aparecen en las novelas de ciencia ficción. Cuando murió mi madre reflexioné mucho sobre los problemas entre madres e hijas.

¿A qué problemas se refiere?

En EE.UU., los padres afroamericanos disciplinan a los hijos con castigos físicos, una especie de legado del esclavismo, pero la idea es enseñar a los hijos a sobrevivir en esta sociedad, porque si un adolescente se porta mal en la calle, la paliza de la policía va a ser mucho peor.

¿Cómo afecta a la relación madres e hijas?

En el segundo libro de mi trilogía, La puerta del obelisco, que aparecerá en el 2018, la madre es una mujer con mucho poder personal que entiende que la sociedad es injusta y peligrosa y quiere que su hija sobreviva, pero la relación choca porque no está siendo cariñosa y dulce.

¿Eso le ocurrió a usted?

La hija de la protagonista es la única que sobrevive de los tres hermanos, la más dura, pero salva la vida a costa de su alma. Es un tema con el que se enfrenta toda madre, y yo no pude hablarlo ni solucionarlo con la mía. Escribir sobre ello es la única manera que tengo de afrontarlo.

Como psicóloga, usted ha trabajado con adolescentes

Sí, con la primera generación norteamericana de jóvenes que pertenecen a minorías –mujeres y negros de entornos pobres–, en especial en carreras de ingeniería, que han accedido a la universidad: a un entorno patriarcal y blanco.

¿Se sienten desubicados?

Totalmente. Yo me enfrentaba a problemas de identidad y estereotipos castrantes.

¿Hoy contra qué lucha?

Como especie, podríamos llegar muchísimo más lejos si dejáramos de aplastarnos unos a otros. Hay demasiada energía dedicada a la opresión: los opresores a oprimir y los oprimidos a sobrevivir.

¿Hay escapatoria?

En mi primera novela la respuesta es destruir el mundo.

No parece una respuesta muy positiva.

Es el sentimiento de una persona llevada al extremo: destruyendo el mundo consigue que todos compartan su sufrimiento. La opresión y los problemas de violencia que esta genera sólo acabará cuando los opresores entiendan que oprimir también les daña a ellos.

¿Por qué soportamos la opresión?

La opresión es sistémica: las leyes, las costumbres y las creencias la promueven y protegen. Se supone que los oprimidos están donde tienen que estar y los opresores son los que tienen que ser porque son superiores.

¿Los oprimidos se sienten inferiores?

…Por eso negros y latinos, gente pobre con trabajos basura, votan a Trump, porque creen que esos blancos son mejores que ellos.

Es triste.

Uno de los problemas es que los norteamericanos no viajan, no ven todo el dinero que ustedes invierten en transporte público, sanidad, en la limpieza de las calles… ¡Alucino con lo limpias que están las calles en Barcelona!

¿…?

Nueva York está asquerosa, y los propios republicanos pobres rechazan destinar dinero a la sanidad, es decir: se están hiriendo a sí mismos.

¿Decepcionada del género humano?

Yo creo que tenemos capacidad de cambiar, quizá en un par de siglos…

En su literatura la gente recurre a la magia para salir de la opresión. ¿Cree en la magia?

Con el tiempo, la ciencia explicará cosas hoy inexplicables. Pero la magia es una buena metáfora del poder personal: no es suficiente para combatir la opresión, un solo héroe no puede cambiar el mundo, necesitamos la comunidad, ahí está el poder útil.

¿Conoce a personas con magia?

Mi bisabuela podía ver el futuro y curar a la gente, pero mi familia sigue siendo igual de pobre.

Dígame algo positivo…

Las mujeres están irrumpiendo en el género de la fantasía y la ciencia ficción como heroínas, y eso es algo importantísimo.

¿Ya no nos matan en el primer capítulo para que el héroe nos vengue?

La literatura es un microcosmos que refleja esas dinámicas de opresión de las que hablamos, y hay gente blanca que se está sintiendo amenazada por esa irrupción de escritoras negras. Yo he sufrido amenazas de muerte.

¿Por escribir novelas de ciencia ficción?

Sí, por ser mujer, escritora, negra, y con éxito. Es una manera de decir: “Tú no perteneces a esta comunidad, vete”, en lugar de competir sanamente. Qué se jodan.

¡…!

He recibido tuits terribles y diatribas sobre por qué los negros o las mujeres somos inferiores. En una ocasión, supremacistas blancos me amenazaron públicamente: “Zorra, te va a pasar un tren por encima”, que significa: vas a ser violada en grupo. A pesar de ello, gané el premio Hugo que votan los lectores.

Activismo literario

Sus novelas no transcurren en la Tierra, pero van cargaditas de reflexiones sobre lo humano, la justicia social, la opresión sistémica, el cambio climático, el machismo, la política y todas las complejidades de nuestro comportamiento. De entrada, las protagonistas de su trilogía La tierra fragmentada, que arranca con La quinta estación (Nova), son una negra cuarentona con rastas y su hija, algo insólito en el mundo de la ciencia ficción. Ha sido galardonada con el premio Hugo 2016 a la mejor novela, primera voz afroamericana con tal reconocimiento. La segunda entrega, The obelisk gate, ha sido nominada al Hugo y al Nebula 2017, premio este último que ya recibió en el 2010 por Los cien mil reinos.

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