Por Geislyn Lopez
Estudiante de Comunicación Comunitaria de la Universidad de Panamá
Veracruz está a 15 minutos en automóvil desde la ciudad de Panamá. Es una comunidad costera en la vertiente del Pacífico con un enorme potencial turístico (playas y una rica tradición pesquera), que es orgullo de los panameños.
Sin embargo, la pesca artesanal en esa área atraviesa uno de sus momentos más difíciles. Pescadores y trabajadores del área aseguran que cada año disminuye n los bancos de peces, mientras aumentan los gastos operativos de la pesca, la inseguridad y las dificultades para mantener el oficio que durante décadas ha sostenido a muchas familias en ese corregimiento, de unos 25.000 habitantes contiguo a la entrada del Canal de Panamá.
Según narran en sus historias cotidianas los pescadores, el aumento de la temperatura del mar y el fenómeno cíclico de El Niño y La Niña, han afectado la presencia de cardúmenes cerca de la costa. A su vez, los ambientalistas han advertido el efecto perjudicial de la destrucción de manglares en los que se reproducen especies marinas con valor comercial y biológico.
Esos factores negativos obligan a los trabajadores a adentrarse más en el mar para poder pescar. La falta de acceso al crédito bancario, los precios elevados del combustible y aparejos de pesca que utilizan los botes con motores fuera de borda aumentan su vulnerabilidad en en ámbito laboral.

Una vida dura cargada de desafíos
Las jornadas de trabajo son extensas. Muchos pescadores salen al mar desde las 5:00 p.m. y regresan al punto de partida alrededor de las 7:00 a.m. del día siguiente, con una carga reducida y un sentimiento de frustración.
Después de ello, los hombres de mar tienen que vender en la comunidad el producto obtenido en la pesca y luego reparar redes o motores. En definitiva, el esfuerzo físico invertido en cada faena es mayor, mientras que las ganancias son cada vez más exiguas en comparación con los ”buenos tiempos” vividos en décadas anteriores, cuando la rentabilidad de la oferta era mayor.
Los gastos en la compra de combustible, hielo y dispositivos de pesca limitan las ganancias destinadas al sostenimiento de las familias de los pescadores. Además de la crisis económica, los pescadores denuncian sentirse en desventaja frente a las flotas industriales y extranjeras, que cuentan con redes de arrastre, grandes cuartos refrigerados, sonares y mayores facilidades para operar.
“¿Qué pasó con nosotros los pobres que pescamos aquí, casi en la orilla?”, preguntó con nostalgia y frustración Serafín Ponce, ex pescador artesanal, ya jubilado, quien accedió a compartir sus vivencias.
Ponce reconoció que entre los problemas frecuentes que enfrentan los pescadores artesanales figuran los engorrosos trámites para obtener los permisos y subsidios.
De acuerdo con la Asociación de Pescadores, el proceso burocrático puede tardar meses debido a inspecciones y requisitos burocráticos. La inseguridad preocupa a la comunidad. Los trabajadores denuncian robos de motores, asaltos y desapariciones de personas ocurridas en alta mar.
”Hemos sido víctimas de robos, tanto en el mar como en tierra, Inclusive tenemos un compañero de trabajo que ya tiene años desaparecido y no ha sido encontrado», puntualizó Arelis Sánchez, tesorera de la Asociación de Pescadores.
La situación afecta no sólo a los pescadores, sino también a los comercios locales. Cuando no hay pesca, disminuyen las ventas en restaurantes, tiendas y otros negocios de Veracruz. Actualmente, muchos jóvenes ya no desean continuar en la pesca artesanal debido a las dificultades económicas y a los riesgos que representa. Sin embargo, líderes comunitarios consideran que Veracruz tiene potencial para desarrollarse a través del diseño de proyectos de turismo y pesca sostenible, que contribuyan a recuperar la economía comunitaria y preservar la tradición pesquera .

Más que un trabajo, la pesca en Veracruz es identidad.
La crisis de la pesca artesanal no es sólo una amenaza económica. Representa la extinción progresiva de una cultura. Para esos hombres y mujeres, el mar es el centro de su existencia. Sin embargo, el sostenimiento de la pesca artesanal en Veracruz requiere la visión de que no sólo se están perdiendo motores e ingresos económicos, sino que se extingue parte esencial de la identidad de ese pueblo costero.
”Si uno no ve la playa, uno se siente mal. ¿Cómo decirle a un doctor, la forma en que se siente si deja la carrera? Su sistema es salvar vidas. Es igual que nosotros. Nuestro sistema de vida está aquí”, manifestó Aneth Iglesias, trabajadora administrativa de la organización comunitaria.
Para muchas familias de Veracruz, la pesca no representa un trabajo, sino una práctica cotidiana y una empresa familiar y comunitaria que ha pasado de padres a hijos. Pero sobre las dificultades y la dureza de la situación económica, los pescadores continúan saliendo al mar con resignación, ante la falta de oportunidades, pero con la esperanza de que el Estado contribuya a la recuperación económica de la población en el futuro inmediato.





