Honduras y el fantasma de la injerencia; elecciones en el filo de la navaja

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La OEA sigue metiendo sus narices en Honduras.

Por Rogelio Antonio Mata Grau
Analista y especialista en Ciencias Sociales

Honduras llega a las urnas atrapada entre el miedo y la incertidumbre. El país entero se mueve como quien pisa un terreno minado, recordando aún la resaca de 2017, cuando el conteo electoral se convirtió en un caos nacional que dejó muertos, represión militar y una democracia herida. Hoy, ese fantasma vuelve a rondar, y no sólo por las tensiones internas: lo que está en juego es la soberanía misma de un país históricamente manipulado desde afuera.

En estas elecciones compiten tres figuras conocidas:

Rixi Moncada, candidata respaldada por la presidenta Xiomara Castro; Salvador Nasralla, eterno aspirante; y Nasry “Tito” Asfura, hoy catapultado nuevamente a escena gracias a un respaldo tan sorprendente como peligroso: el del expresidente estadounidense Donald Trump.

Ese aval no es inocente. Forma parte de una narrativa importada que busca dividir a los hondureños entre “demócratas” y “socialistas”, entre “salvación” y “Venezuela”, como si la realidad de un país complejo pudiera reducirse a un eslogan electoral repetido desde Washington. El efecto es claro: aumentar la polarización, sembrar desconfianza y condicionar el resultado incluso antes de que las urnas se abran.

Mientras tanto, la vida cotidiana se desangra. La violencia criminal, las extorsiones y la inflación tienen a la población atrapada en un estado de ansiedad permanente. Votantes entrevistados cuentan cómo guardan dinero en efectivo y se preparan para días inciertos, como si el acto democrático de elegir un presidente fuera en realidad el inicio de un periodo de emergencia.

Pero lo más revelador de esta elección no son los candidatos, sino la facilidad con la que actores externos pretenden definir el destino hondureño. ¿Por qué un país soberano debe aceptar que su proceso electoral sea tema de campaña para un político estadounidense?

¿Desde cuándo la democracia en Centroamérica requiere el visto bueno de líderes que ni entienden ni sufren la realidad latinoamericana?

Honduras tiene derecho a decidir sin tutelas. La región tiene derecho a elecciones sin amenazas veladas, sin discursos prefabricados, sin ficciones geopolíticas disfrazadas de preocupación democrática. Lo contrario no es cooperación ni diplomacia: es interferencia.

El domingo, Honduras elige más que un presidente: elegirá si cede a la presión externa o si reafirma la voluntad de trazar su propio camino. En un continente donde la historia ha sido moldeada demasiadas veces por fuerzas ajenas, defender la soberanía no es un gesto retórico: es un acto de supervivencia política.

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