¿Where is the british monarchy going?

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Símbolos reales. (AFP@RoyalFamily).

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

¿Cómo se puede racionalizar que en pleno siglo XXI, una potencia global exhiba una población sometida culturalmente a la servidumbre? Una explicación contundente e históricamente lógica la encontramos en el escrito del intelectual más esclarecido (junto a V. Lenin) de la revolución Bolchevique y creador del “Ejército Rojo”, mundialmente conocido como León Trotsky, pero cuyo nombre de pila judía es Lev Davidavich Bronstein.

En efecto, se trata de su libro publicado en el año de 1924, con el sugestivo título de “Where is Britain going“?, traducido al español, ¿A dónde va la Gran Bretaña?

El planteamiento del señor Trotsky es el siguiente: “Los criadores de palomas británicos, por medio de la selección artificial, logran variedades especiales, con un pico cada vez más corto. Pero llega un momento que el pico de un nuevo espécimen es tan corto que la infeliz criatura es incapaz de romper el cascarón del huevo y el pichón perece, sacrificado a la abstención compulsoria de las actividades revolucionarias, y se detiene el progreso ulterior de las variedades de picos cortos.

Culmina su alegato, el literato por excelencia de la “revolución de octubre” de 1917, con el magistral esbozo siguiente: “Sí nuestra memoria no nos engaña, McDonald —pero no el de las comidas chatarras, sino el político laborista inglés— puede enterarse de esto leyendo a Darwin. Habiéndonos adentrado en el camino de las analogías con el mundo orgánico por las que McDonald siente tanta predilección, podemos decir que el arte político del burgués británico consiste en acortar el pico revolucionario del proletariado de modo que no pueda llegar a romper el cascarón del Estado capitalista (Monarquía). El pico del proletariado es su partido. Sí contemplamos a Mc Donald, a Thomas, al señor y señora Snowden, tenemos que confesar que la labor de la burguesía al seleccionar picos cortos y picos blandos ha sido coronada por un éxito asombroso”.

No obstante lo anterior, he de decir que no sólo en las monarquías, las oligarquías ofertan “piquicortos” y “piquiblandos”; también en los gobiernos republicanos abundan dichos especímenes políticos. Nuestro país, lamentablemente, no es la excepción. Por ejemplo, con el ruido de las tanquetas —o montadas en ellas— del ejército invasor y genocida estadounidense del 20 de diciembre de 1989, se instaló en el poder político del Estado una corriente antinacional.

El espécimen más reciente de ese tipo, es la plutocracia corrupta y de clientelismo político gobernante. Sin embargo, la imagen de servidumbre monárquica me vino a la mente, al observar las manifestaciones de vasallaje y de majadería de servidumbre políticas, protagonizadas por la diputada de Arraiján, firmando el libro de condolencias en Londres con un bolígrafo “vic”, y a la titular de la cancillería autonombrándose mediadora de la “guerra proxy” en Ucrania, negocio político del presidente norteamericano Joe Biden y, económico del complejo Industrial-militar estadounidense. Como diría Pedrito, “cucarachas en baile de gallinas”.

Así de sencilla es la cosa!

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