Vulgarización del populismo

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Populismo. Ilustración de dominio público.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

El debate político en Panamá se caracteriza en general por la particular cultura política que se exhibe en los medios de comunicación social, en especial, en los espacios de opinión. Ello ha conllevado a la entronización de la charlatanería y la demagogia, situación que permite a los defensores a ultranza del “statu quo” oligárquico hacer gala del reduccionismo, del simplismo conceptual y de la vulgarización categórica en el debate político, ocasionando en los consumidores de opinión la degradación y confusión políticas.

El ejemplo más reciente ocurre con el concepto de populismo. El primer problema es que no se define, lo cual introduce el primer galimatías, el tipo de categoría de que se trata. Al no caracterizar y definir los instrumentos de análisis se produce la tergiversación conceptual como aquella de “populismo de izquierda” y “populismo de derecha”. De tal suerte, que del embrollo solo es posible salir, comenzando por su esencia, origen y desarrollo. Esto es, ubicar el concepto en el terreno que corresponde.

¿Qué es el populismo?

El populismo surge en Estados Unidos de América y en Rusia imperial, en el último tercio del siglo XIX e inicios del siglo XX y constituyó una defensa de los campesinos. El caso de la Rusia zarista es más ilustrativo por cuanto, fue rechazado desde la perspectiva liberal como de la izquierda revolucionaria marxista-leninista. Históricamente, desde su génesis, el populismo fue considerado un movimiento pequeño burgués que se oponía por igual, a la modernización liberal capitalista, como a la transformación social revolucionaria. A propósito de este marcado desencuentro histórico entre la derecha liberal y la izquierda bolchevique, por un lado, y los pequeños y medianos campesinos populistas, por el otro; ver el libro de Vladimir Lenin, “Contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve” (marxist.org).

En América Latina y Panamá, el populismo o “política nacional popular” (A. Saldaña, Bayano Digital) de todo el siglo XX se inicia con Víctor Raúl Haya de la Torre y el APRA, siguiendo con Lázaro Cárdenas y “la escuela socialista” de México, Getulio Vargas, del Brasil, Juan Domingo Perón, en Argentina, y el neopopulismo de Gustavo Petro con “Colombia Humana”; para aterrizar en Panamá —sin agotar las expresiones populistas de “nuestra América”— con el populismo de los doctores Belisario Porras y Arnulfo Arias Madrid, y del general Omar Torrijos Herrera.

¿Qué demuestra la experiencia histórica del populismo en nuestro continente “Indoamericano”?

Que son movimientos esencialmente políticos con un fuerte liderazgo personal (civil o militar) con raigambre en el pueblo y caracterizado por un profundo sentimiento antiimperialista, antioligárquico, de nacionalismo acendrado y con el objetivo de modernización del Estado. Eso lleva a autores como Gino Germani (1977) a definir el populismo como un fenómeno político, desde la perspectiva de la modernización. A la caracterización del populismo de Alistair Hennessy, como “arma organizacional para sincronizar grupos de interés divergentes, y se aplica a cualquier movimiento, no basado en una clase social específica”. Por su parte, Torcuato Di Tella dice que “el populismo es un movimiento político con fuerte apoyo popular”.

Por tanto, el populismo es una categoría política que tiene como actores políticos un líder carismático (civil o militar) y el pueblo. Su proyecto político movilizador es el antiimperialismo, oposición a la oligarquía, de carácter nacionalista, de modernización estatal, de participación popular a través de la organización de partidos políticos de corte frentista. Su debilidad es que —generalmente— ante la desaparición del líder carismático, también fenece el populismo o se transfigura en una opción política pro oligárquica de clientelismo político.

En síntesis, el populismo no es, en lo absoluto, una categoría social, no existen en el escenario del populismo actores sociales, y no es anti sistémico. Por lo que resulta una verdadera vulgarización conceptual o aberración política hablar de “populismo de izquierda” y “populismo de derecha”.

¡Así de sencilla es la cosa!

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