Verticalismo vs participación popular. Editorial del 25 de marzo

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El verticalismo adoptado por el gobierno panameño para tratar de contener a la pandemia del Covid-19 en el territorio nacional se contrapone a la histórica participación organizada de la sociedad para alcanzar consensos y concretar acciones de beneficio colectivo, como la salud, el trabajo decente y el voluntariado de la juventud estudiosa en la lucha contra la ignorancia en áreas pobres y depauperadas.

Fue precisamente el doctor José Renán Esquivel, director del Hospital del Niño en el gobierno del general Omar Torrijos, quien demostró que Salud no es sólo ausencia de enfermedad, sino el suministro permanente de agua potable, huertos comunitarios y escolares, y el desarrollo de programas preventivos y solidarios encaminados a resolver el grave abandono secular de la población.

Así surgieron las Juntas Comunales, los Comités de Salud y los acueductos rurales administrados en forma eficiente por las estructuras comunitarias. Ello permitió el desarrollo de un nivel de comunicación horizontal entre el Estado y las organizaciones naturales, generando una experiencia de alto valor estratégico en materia de salud, seguridad, educación y soberanía alimentaria.

Sin embargo, la desmovilización popular en décadas pasadas y el excesivo presidencialismo echaron por la borda la mayoría de esos éxitos valorados por organismos como la FAO y la OMS. Hoy, en medio de una pandemia que ha provocado millares de víctimas en todo el mundo, las instituciones oficiales parecen desbordadas por una situación catastrófica que somete a prueba la capacidad operativa.

El confinamiento obligatorio impuesto a la población afecta el derecho individual a la libre movilización, ante una ola especulativa en precios de productos e insumos, la carestía, la cesación laboral de trabajadores y los abusos. Ello crea un caldo de cultivo para el estallido social en las calles y los enfrentamientos, al no haber apelado a la autogestión y alianzas del caudal de la solidaridad humana.

Las medidas represivas, derivadas del verticalismo gubernamental, deberían ser sustituidas por el diálogo franco y la consulta con las organizaciones populares. Es necesario generar confianza en vez de miedo en una sociedad que demanda conocer el rumbo del Estado. Sin duda, este es el camino más apto para asegurar la gobernabilidad y vencer a la pandemia, como lo demostró China al mundo entero.

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