Un vistazo al entorno electoral

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Mujeres psnameñas listas para votar.

Por Rafael García Denvers
Coordinador de Vanguardia Torrijista (VT)

La corrupción y su hijo putativo, el clientelismo, son las armas principales de los poderes fácticos y de los grandes capitales para evitar que el pueblo llegue a ejercer el poder y se mantenga como borrego al cuidado de los lobos.

En la proximidad de esa contienda electoral, surge la siguiente pregunta: ¿tiene la población panameña alguna oportunidad de corregir el rumbo, apoyándose en la elección periódica de los administradores del Estado? Evidentemente, ni la forma, ni el contenido, ni la oferta proporcionan alguna sensación de confianza u oportunidad, por lo menos para este 2024.

La definición de libre mercado, como lo plantean los ”cantalantes” del neoliberalismo, presupone la premisa de libertad absoluta por parte del capital para obtener la máxima rentabilidad a su “inversión” y, por ende, permite y estimula el acaparamiento, la especulación, los sobrecostos y, particularmente, el control de las redes de distribución, con lo que aparece santificado el control del mercado por parte de los capitales financieros y las elites locales.

El libre mercado, en sí, es el control del mercado por un selecto grupo de estafadores sociales que son los que controlan el entorno electoral y alimentan la corrupción, convirtiéndose en la mano que administra los hilos del clientelismo y la farsa electorera que reemplaza lo que tuvo a bien tratar de lograr ser sustento de instituciones democráticas.

Una de las razones que se coloca en los cimientos de cualquier evaluación, es contra qué meta y valores se establece dicha evaluación y cuáles son los puntos o problemas prioritarios por atender. Más complicado es cuando se habla de aspectos sociales para no ser repetitivos. Lo único claro es el constante esfuerzo para favorecer la máxima ganancia, al menor costo de los capitales, a favor del selecto grupo que ya forma parte de la minoría, cuyos excedentes y acumulación los ha ubicado en un estatus privilegiado de riquezas y ventajas.

Dolorosamente, en la actualidad se obliga al electorado a escoger entre empleados, títeres y defensores del modelo neoliberal, siendo la oferta electoral, salvo honrosas excepciones, sólo más de lo mismo: garantes de una malévola continuidad en la que el bienestar del hombre de a pie no cuenta y las necesidades sociales son buenos lemas de campaña para archivar luego del 5 de mayo.

Ante esa realidad, que muchos no quieren ver, que otros ven y niegan, y algunos tratan de desconocer para beneficio de quienes necesitan ocultarla; es hora de ver hacia delante y definir un norte, una meta colectiva nacional.

Norte colectivo que transite a través del cumplimiento de las areas y compromisos para superar las reglas del modelo neoliberal, avanzando hacia un modelo social en el que el mercado mantenga un equilibrio que permita el desarrollo sostenido del sector primario (el agro), mientras que favorece al sector secundario (la industrialización), sin olvidar los servicios y el turismo. Esto dentro de una política integradora de la actividad transitista y la capacidad logística, cónsona con la protección del entorno natural como país rico en recursos hídricos y fuente de vida.

Con esas consideraciones básicas es posible despejar la escasa oferta electoral y superar las instancias de los partidos clientelistas ausentes de programas, ideologías y contenido, que son los actores de la farsa de este 5 de mayo de 2024.

Ver, evaluar y decidir con miras al futuro, no regalar o vender el voto y apoyo a cambio de lo mismo, es una obligación con la patria saqueada sin misericordia. Panamá enfrenta cambios profundos y costosos que prevén desempleo, hambre, enfermedades e, incluso, guerras en el futuro cercano. No es el momento de endiosar a traidores al interés nacional (por convicción u omisión), en la dirección del Estado.

Las elecciones de 2024 merecen un instante de reflexión y un radical cambio de comportamiento del panameño comprometido con un mañana mejor para sus hijos, familiares y amigos. De lo contrario, ¡Qué Dios nos encuentre confesados!

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