Triunfo de Gustavo Petro y sus repercusiones para América Latina y Colombia

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Presidente electo de Colombia, Gustavo Petro. (Foto: Getty Images). 

Por José de la Rosa Castillo
Profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales se la Universidad de Panamá

I Parte

Gran expectación ha causado la reciente victoria electoral de la izquierda colombiana, con el candidato de Pacto Histórico, Gustavo Petro. Está catalogado como un triunfo histórico y paradigmático del cambio que venció al miedo.

Lo cierto es que el triunfo supone un cambio nunca visto en la historia de Colombia. El propósito es el de avanzar en los acuerdos fundamentales para lograr un gobierno de unidad que encarecy resuelva la violencia, la pobreza, la corrupción y defienda al medio ambiente.

Colombia es un país de un arraigado bipartidismo conservador. El monopolio del bipartidismo inhibió la asimilación política de las fuerzas sociales emergentes e impidió que el Estado se fortaleciera.

Se desató así un proceso que combinó la participación política obligada a través de los partidos con frecuentes disidencias y ensayos de nuevos movimientos. Todas las relaciones de poder tendieron en sus inicios a canalizarse en forma partidista, alimentando el clientelismo.

Los profesionales de la política se transformaron en una casta dedicada a reproducir sus privilegios. Una sorprendente estabilidad económica refrendó la legitimidad de esa realidad política, a costa de dosificar las oportunidades de trabajo y frenar la redistribución del ingreso y la riqueza.
Ese contexto fue propicio para que el fenómeno internacional del tráfico de drogas se incubara en la sociedad colombiana.

El narcotráfico se integró así a un proceso social que estaba en marcha. La penetración económica del narcotráfico en la sociedad llegó pronto a la política, en particular a las actividades clientelistas.

Colombia es uno de los principales socios de Estados Unidos en la región y han mantenido una estrecha relación durante los últimos años. Es también clave para Washington, por su papel en la estrategia frente a Venezuela. La reapertura del flujo fronterizo y el restablecimiento de relaciones con Caracas —rotas por completo desde 2019—, es un clamor en las poblaciones a lo largo de una porosa frontera de más de 2.200 kilómetros, y Petro ha prometido echar a andar ese acercamiento.

El triunfo de dirigentes de izquierda en buena parte de América Latina está limitando la influencia de Estados Unidos en la región. Las voces críticas se han extendido a muchos lugares, como se demostró en la IX Cumbre de las Américas, realizada en Los Ángeles, Estados Unidos.

En casi todos los grandes países de la región, hay ahora gobiernos de izquierda: México, Argentina, Bolivia, Perú, Chile y ahora Colombia. Falta Brasil.

La victoria de Petro trasciende los equilibrios del país andino y marca un reajuste del eje progresista en América Latina. Entre las líneas estratégicas de la política exterior de Petro está una nueva inserción en el subcontinente, sin sacrificar la relación privilegiada con Estados Unidos.

Para algunos, la victoria de Gustavo Petro y de Francia Márquez no se entiende sin el Acuerdo firmado en La Habana. El segundo punto de los Acuerdos de Paz en el acápite atinente a la participación política, señala: “La firma e implementación del acuerdo final contribuirá a la ampliación y profundización de la democracia en cuanto implicará la dejación de armas y la proscripción de la violencia como método de acción política para todas y todos los colombianos a fin de transitar a un escenario en el que impere la democracia”.

Uno de los grandes retos de Petro será garantizar la implementación total de ese acuerdo, vilipendiado por el Gobierno de Iván Duque.

El Acuerdo de Paz garantizaba, sobre el papel, un horizonte nuevo para el país y “los nadie” a los que tanto se refirió Francia Márquez. También para una generación a la que han afectado más los estallidos sociales de los últimos años y una pandemia que profundizó la desigualdad y la guerra en ese país.

Tras el triunfo del “no”, la juventud llenó las calles. Los jóvenes fueron los primeros que comenzaron a sentar los cimientos de una victoria tan esperada que tardó en llegar casi seis años.

La esperanza de “los nadie” se resume en el mensaje escrito por Francia Márquez, al rato que confirmó el triunfo del Pacto Histórico: «Esto es por nuestras abuelas y abuelos, las mujeres, los jóvenes, las personas LGTBIQ+, los indígenas, los campesinos, los trabajadores, las víctimas, mi pueblo negro, los que resistieron y los que ya no están… Por toda Colombia. ¡Hoy empezamos a escribir una nueva historia!».

El próximo 7 de agosto, Petro tomará posesión de su cargo, en un momento en que las izquierdas y los progresismos acumulan victorias que han desembocado en procesos disímiles e, incluso, contradictorios.

En México, la popularidad de Andrés Manuel López Obrador sigue inmparable después de tres años y medio de Gobierno. En Perú, en Pedro Castillo camina en una “cuerda floja” desde que asumió la Presidencia, hace menos de un año, debido a la constante presión opositora para destituirlo u obligarlo a que renuncie.

A su vez, Gabriel Boric supera en Chile los tres meses de Gobierno con una acelerada caída de apoyo que registraban las encuestas y enfocado en el plebiscito del 4 de septiembre para la aprobación o rechazo de una nueva Constitución, que es vital para el presidente.

En Bolivia, Luis Arce ya lleva año y medio como presidente sin mayores sobresaltos, con la fuerza electoral del Movimiento al Socialismo (MAS). En Honduras, Xiomara Castro está por cumplir apenas cinco meses en la Presidencia y todavía cuenta con un voto de confianza de gran parte de la población.

Argentina, en donde hay una creciente pobreza y crisis económica sumada a las disputas de poder de la coalición peronista que integran el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, se perfila algún retroceso en las elecciones previstas para el próximo año.

En octubre, en Brasil, se sumará a esa lista de democracias de izquierda, el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien está inmerso en su sexta campaña presidencial con la esperanza de poner fin al Gobierno de Jair Bolsonaro. Por ahora, encabeza las encuestas.

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