Tapabocas caseros: recomiendan su uso para evitar que enfermos sin síntomas propaguen el coronavirus

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Chica en Wisconsin, Estados Unidos. (Foto: Scott Olson, AFP).

Por Leo Lagos en Investigación científica
La diaria (Uruguay)

Tras el consejo del prestigioso CDC de Estados Unidos, se extiende la recomendación de usar tapabocas de confección casera, no como forma de evitar el contagio, sino de evitar que aquellos que están incubando la enfermedad y aún no tienen síntomas contagien a los demás.

Sáqueselo de la cabeza: utilizar un tapabocas casero, hecho con tela de algodón u otros materiales, como la tela de papel, no evitará que contraiga el SARS-CoV-2, ya que no lo protegerá de forma completa en caso de que se exponga al virus. Sin embargo, y esto es importante, los tapabocas de confección casera ‒o cualquiera que no sea el tapabocas quirúrgico o las más sofisticadas máscaras N95 y otras‒ sí puede ayudarnos a contener la pandemia. ¿Por qué? Porque puede obrar como una barrera que haga más difícil que las personas que se han contagiado, pero que aún no tienen síntomas, propaguen el virus a otras durante el período de incubación.

A esa conclusión han llegado los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, prestigiosa institución conocida por su sigla en inglés, CDC, tras analizar “nueva” información. Dado el prestigio que tienen los CDC, la recomendación será extendida a otras organizaciones de otros países, incluido el Ministerio de Salud Pública uruguayo, que buscan frenar el avance de la pandemia de covid-19.

Palabra del CDC

En el sitio de la institución norteamericana el sábado 4 de abril se publicó, en inglés y también en español, el artículo “Recomendación sobre el uso de cubiertas de tela para la cara, especialmente en las áreas con transmisión comunitaria significativa”. Allí dicen que la institución continúa “estudiando la propagación y los efectos del nuevo coronavirus en todo el territorio de Estados Unidos”, y agregan que, en la fecha de publicación, “gracias a estudios recientes”, saben “que una cantidad significativa de personas con coronavirus no tienen síntomas (‘asintomáticos’) y que aun aquellos que en algún momento los presentarán (‘presintomáticos’) pueden transmitir el virus a los demás antes de mostrar esos síntomas”.

Por tanto, dicen que el virus se puede propagar entre personas que estén interactuando muy cerca una de la otra ‒por ejemplo, al hablar, toser o estornudar‒ incluso si esas personas no están mostrando síntomas. Ante esta “nueva” evidencia, que luego veremos que ya tiene un tiempo, “los CDC recomiendan el uso de cubiertas de tela para la cara en entornos públicos donde otras medidas de distanciamiento social sean difíciles de mantener (por ejemplo, en supermercados y farmacias), especialmente en áreas con transmisión comunitaria significativa”.

De todas formas, recuerdan que “mantener los seis pies [1,8 metros] de distanciamiento social sigue siendo importante para desacelerar la propagación del virus” y que “las cubiertas de tela para la cara elaboradas con artículos de uso doméstico o hechas en casa con materiales de bajo costo pueden usarse como una medida de salud pública voluntaria adicional”.

Especial énfasis hacen los CDC en que “las cubiertas de tela para la cara recomendadas no son las mascarillas quirúrgicas ni los respiradores N95, que son suministros esenciales y se deben seguir reservando para los trabajadores de la atención médica” y pacientes enfermos. En otras palabras: los CDC instan a que la población sin síntomas de Estados Unidos no salga corriendo frenéticamente a las farmacias a comprar mascarillas quirúrgicas, ya que estas son escasas y extremadamente necesarias para otras personas. El mismo consejo corre para nuestro país: las mascarillas quirúrgicas y las máscaras N95 deben dejarse para los pacientes enfermos y personal de la salud.

En el sitio del CDC incluso se publica una guía de confección y uso de máscaras caseras de telas con distintas técnicas (cosidas, rápidas y sin costura, a partir de una camiseta o de una bandana y un filtro de café), y recuerdan que no deben usarlas niños menores de dos años ni personas con problemas para respirar.

Cables tergiversados

El nuevo coronavirus supone desafíos informativos para todos, y muestra de ello es el cambio reflejado en los CDC. A finales de marzo en Estados Unidos se había armado cierto debate cuando el director del equivalente chino del CDC dijo que era un error que las máscaras faciales no fueran utilizadas por todas las personas para frenar la pandemia, moción que fue recogida por algunos expertos de salud estadounidense. Sin embargo, cambiar de por sí no es bueno, sino que para hacer un cambio hay que tener fundamentos y buenos argumentos.

Algunos cables internacionales de varias agencias daban cuenta el viernes de investigaciones científicas que aportaban datos sobre cómo se transmite el virus de la covid-19. “Científicos de Estados Unidos afirman que el coronavirus se transmite por el aire”, tituló entonces un matutino uruguayo el sábado, agregando que “la transmisión por vía aérea daría una explicación a la alta tasa de contagio que tiene el virus del covid-19, según la investigación científica”. Sin embargo, la transmisión por la vía aérea, que implica la entrada y salida del virus por la nariz y boca, era algo ya conocido para muchos virus respiratorios.

Al leer los cables quedaba un poco más claro lo que habían querido decir. “Los trabajos de investigación actualmente disponibles plantean la posibilidad de que el SARS-CoV-2 puede ser transmitido por los bioaerosoles generados directamente por la expiración de los pacientes”, citan las agencias apelando a un fragmento de la carta enviada por las academias de ciencias estadounidense a la Casa Blanca. Pero una cosa es decir que el virus puede transmitirse, además de por las gotas y microgotas de estornudos y toses, por bioaerosoles y esprays producto del habla y de la exhalación, y otra decir que ahora el aire es una nueva vía de transmisión.

El artículo científico detrás de estas afirmaciones salió publicado en la revista Nature Medicine el 3 de abril bajo el nombre “Respiratory virus shedding in exhaled breath and efficacy of face masks”, y, como veremos, tiene bastante que ver con el cambio en la recomendación del uso de máscaras caseras. Vayamos al informe.

Exhalaciones y máscaras

En el artículo publicado por Nancy Leung y colaboradores en Nature Medicine comunican los resultados de la medición en el aliento exhalado y la tos de 246 pacientes niños y adultos que tenían coronavirus humanos estacionales ‒que no son el SARS-CoV-2 que provoca la covid-19‒, el virus de la gripe influenza y rinovirus, todos presentado “enfermedad respiratoria aguda”. Lo interesante es que midieron la carga viral en el aliento exhalado de unos 200 pacientes con estos virus, tanto usando máscaras quirúrgicas como sin máscara.

¿Qué observaron? Que “las mascarillas quirúrgicas redujeron significativamente la detección de ARN del virus de la influenza en gotitas respiratorias y ARN de coronavirus en aerosoles, con una tendencia hacia la detección reducida de ARN de coronavirus en gotitas respiratorias”, señalan en el resumen de su trabajo, y agregan que sus resultados “indican que las mascarillas quirúrgicas podrían prevenir la transmisión de coronavirus humanos y virus de influenza de individuos sintomáticos”.

Reiteramos: individuos sintomáticos

Sobre los tres tipos de virus (coronavirus, influenza y rinovirus) señalan que la literatura científica ya postula que “estos virus se propagan entre humanos a través del contacto directo o indirecto, gotitas respiratorias (incluidas gotitas grandes que caen rápidamente cerca de la fuente, así como aerosoles gruesos con un diámetro aerodinámico mayor a 5 micras) y aerosoles de partículas finas (gotitas y núcleos de gotitas con un diámetro aerodinámico menor a 5 micras)”. También señalan que “hay poca información sobre la eficacia de las máscaras faciales para filtrar virus respiratorios y reducir la liberación viral de un individuo con infecciones respiratorias, y la mayoría de las investigaciones se han centrado en la gripe”. Por ello se propusieron “explorar la importancia de las vías de transmisión de gotitas respiratorias y aerosoles con un enfoque particular en los coronavirus, virus de la influenza y rinovirus, cuantificando la cantidad de virus respiratorio en el aliento exhalado de los participantes con enfermedad respiratoria aguda con asistencia médica y determinando la eficacia potencial del uso de mascarillas quirúrgicas para prevenir la transmisión del virus respiratorio”.

Más allá de sus muchos resultados, en la discusión concluyen que los resultados “indican que la transmisión por aerosol es un modo potencial de transmisión para los coronavirus, así como para los virus de la influenza y los rinovirus”, y en particular, que demostraron “la eficacia de las máscaras quirúrgicas para reducir la detección de coronavirus y las copias virales en gotas respiratorias grandes y en aerosoles”, algo que no sucede con los aerosoles de la influenza. Estos hallazgos “tienen implicaciones importantes para el control de covid-19, lo que sugiere que las personas enfermas podrían usar máscaras faciales quirúrgicas para reducir la transmisión”, dicen, y uno no puede evitar pensar que menos mal que esa recomendación, que ya existía, no fue refutada por nueva evidencia.

El trabajo muestra entonces la eficiencia del uso de máscaras faciales en pacientes que ya presentan síntomas. A esto hay que sumarle otra evidencia para entender por qué ahora se recomienda el uso de máscaras faciales caseras como medida preventiva adicional.

Sin síntomas, pero contagiando

“El Ministerio de Salud Pública (MSP) recomendará a la población utilizar tapabocas de tela, caseros, en la vía pública ante la propagación del coronavirus. La nueva política surge de la evidencia internacional sobre la transmisión de la enfermedad en el aire”, dice una nota publicada en un medio uruguayo el 7 de abril. Pero la razón esgrimida no es la de la propagación por el aire, algo ya conocido, sino, como ya dijo el CDC, otra muy distinta.

Ya el 8 de marzo un informe publicado en el sitio medRxiv, que publica preimpresiones de artículos no revisadas por pares, había informado que quienes se enferman de covid-19 eran mayormente contagiosos durante la semana previa y la semana siguiente a la aparición de los síntomas. Pasada esa semana, si bien el virus está presente y avanza la enfermedad, disminuye su carga en la garganta y la nariz, por lo que se contagiaría menos al hablar, toser, estornudar o exhalar aire.

Otros reportes habían indicado que, durante el período de incubación de la enfermedad, previo al desarrollo de los síntomas, una persona de Alemania habría contagiado a colegas de negocios (notificación publicada como correspondencia en The New England Journal of Medicine el 8 de marzo) o múltiples casos en China (uno, comunicado el 21 de febrero en la red JAMA bajo el título “Presunta transmisión de covid-19 de un portador asintomático”).

Si se observan las fechas (8 de marzo, 21 de febrero), no todas son tan recientes como parecería indicar el comunicado de los CDC, aunque admitamos que, tratándose de un nuevo virus, detectado recién en diciembre del año pasado, casi toda la información que tenemos podría entrar en la categoría “reciente”. En conclusión: la recomendación del uso de máscaras de confección casera no se debe a que ahora sepamos que el SARS-CoV-2 se propaga de otra forma, sino a que sabemos que las personas pueden contagiarlo incluso antes de saber que están enfermas pues no presentan síntomas. Dado que las máscaras quirúrgicas escasean y sí son necesarias para el personal de la salud y para pacientes enfermos, apelar a las máscaras caseras podría ayudar a que los que están incubando la enfermedad no la transmitan tanto.

Hay trabajos que han estudiado qué tan efectivas son las máscaras caseras para frenar el virus de la influenza, concluyendo que reducen la emisión de virus tres veces menos que una máscara quirúrgica (dependiendo de los materiales con las que hayan sido hechas). ¿Y entonces? Entonces, dado que se recomiendan para personas que aún no tienen síntomas, es decir que ignoran que ya tienen el nuevo coronavirus, dado que no cuestan casi nada, parece sensato usarlas cuando ya hay circulación social del virus, como en Uruguay. Llevarla al supermercado o a la farmacia evitará que le pasemos el virus que no sabemos que tenemos a otro. Pero volvamos al principio: las máscaras de tela casera no impedirán el contagio si hay exposición al virus. Esta vez usted no es el centro del mundo: las máscaras de tela caseras son para proteger a los demás.

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