Resumen del 2019 y los desafíos de Panamá en 2020

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La ex procuradora Kenia Porcell y el ex presidente Juan Carlos Varela

Por Marco A. Gandásegui, hijo,
Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

A escala mundial, 2019 siguió la pauta establecida por la crisis del desarrollo capitalista. La tasa de crecimiento económico continuó disminuyendo y el desarrollo social negativo arroja más familias a las filas de la pobreza. La guerra comercial entre China y EEUU expresa esta crisis en términos geopolíticos. A su vez, la presidencia de Trump es una muestra de la crisis de hegemonía que sacude a EEUU. La pregunta es si el sistema-mundo capitalista está en una crisis terminal (Wallerstein) o si la crisis de hegemonía es sólo del capitalismo norteamericano que espera su sucesor (Arrighi).

En América Latina, en 2019, los estudiosos de los procesos políticos abandonaron sus tesis sobre los ciclos y EEUU continuó interviniendo en los asuntos internos de la región. Washington sacó al presidente Evo Morales de Bolivia mediante un movimiento de los cuarteles, incrementó la venta de armas a los gobiernos sometidos a sus políticas belicistas y amenazó a Cuba, Venezuela y Nicaragua con invasiones militares. Al mismo tiempo, sin embargo, surgieron gobiernos anti-neoliberales en México y Argentina. El Grupo de Lima y la OEA siguen creando zozobra, bajo el liderazgo de EEUU. A pesar de los malos augurios, los movimientos sociales en la región crearon esperanzas de un nuevo despertar en los países de la región.

En el caso de Panamá, en 2019 el país dio muestras de hundirse cada vez más en una maraña caótica de corrupción cuyo desenlace es impredecible. El sistema se alimenta de la corrupción, fortalecido por las políticas públicas de los últimos 30 años, que generan una creciente inestabilidad social e ingobernabilidad política. La falta de gobernabilidad se acopla a una rápida disminución de la tasa de crecimiento económico en los últimos años. Mientras que entre 2008 y 2011 las tasas de crecimiento anual del PIB eran de dos dígitos, entre 2016 y 2019 disminuyeron a sólo el 3.5 por ciento anual.

En 2019, Panamá celebró elecciones para nuevo presidente de la República y otros puestos públicos. Al igual que en los últimos 30 años, se impuso una maquinaria que controlan tres partidos políticos. En este caso, ganó por un margen muy pequeño el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y su candidato, Laurentino Cortizo. El nuevo mandatario aseguró que pondrá fin a la corrupción. Para poner fin a este flagelo hay que transformar el sistema político y económico. Cortizo no pretende llegar tan lejos.

En los seis meses de gobierno han estallado escándalos de corrupción que no son enfrentados. Incluso, después de dejar la Presidencia (2014-2019), Juan C. Varela, se dieron a conocer sus conversaciones con altos funcionarios comprometiendo su gestión. Las grabaciones hechas públicas fueron bautizadas como los “Varelaleaks”. A principios de año, fue enjuiciado el presidente anterior (2009-2014), Ricardo Martinelli, quien fue absuelto por razones técnicas de espiar a sus adversarios políticos. En un período de 10 años se cree que el fisco perdió miles de millones de dólares por malos manejos del tesoro nacional. En otra escala, diputados y magistrados de la Corte Suprema de Justicia también son acusados de corrupción.

En 2019, colapsaron los servicios de salud, el sistema educativo y el aparato de seguridad panameños. Además, los programas ambientales, los tránsitos por el Canal de Panamá y la agro-industria tienen serios problemas que no se quieren solucionar. La Caja de Seguro Social (CSS) que maneja un presupuesto que supera los 3.000 millones de dólares anuales está en quiebra por la corrupción. La falta de planificación en la construcción de centros de salud inoperantes y el pago de servicios que se externalizan,

forman parte del engranaje del sistema. Igualmente, la falta de planificación en el sector educación genera despilfarro y más corrupción. A fines de año, se produjo la matanza más terrible de la historia panameña cuando 15 reclusos fueron asesinados dentro del centro penitenciario La Joyita. Las autoridades pretenden tomar distancia de la tragedia aduciendo que fue parte de una guerra entre “pandillas”.

La deserción escolar aumentó en 2019 y las “escuelas ranchos” (chozas convertidas en escuelas) atienden cada vez más niños. El presupuesto nacional cubre menos las necesidades de la población que, sin planificación, encuentra planteles donde no hay población y población donde no hay escuelas. En el sector salud se desvían recursos que no se destinan a la adquisición de medicamentos, mantenimiento o a la formación de personal especializado. Se criminaliza la pobreza y se hace la vista gorda de los crímenes de “cuello blanco” en el sector financiero.

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