¿Viejo yo?

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Gerardo González, en un examen de la realidad nacional.

¿Viejo yo?

Por Gerardo González

Para muchos, este tema parecerá de imbécil, pero para mí, que nadie me había dicho que me estaba poniendo “viejo”, es importante y hay que dilucidarlo abiertamente. Hace algunos días, me encaramé, como pude, en un autobús. Parado en el centro del pasillo del vehículo, escuché los gritos del copiloto (pavo) que decía: “¡viejito!, ¡viejito!, ¡échese pa´trás!”. Como yo no me considero “viejo”, inferí que el personaje que lanzaba gritos no se refería a mí.

Poco después, el pavo, pavoneándose de lo muy cabreado que estaba conmigo, volvió a gritar: “¡ah viejo!, Con usted mismo: ¡qué sopá!, ¡todos tienen derechos en ese autobús!”.

Atónito y perplejo, busqué medio aturdido en los baúles de mi cerebro alguna explicación que diera cuenta real de este incidente. Caminé hacia la parte trasera, con la carga de vejez que el desgraciado pavo me tiro encima…

Al llegar a mi casa, luego de las peripecias para bajarme de la unidad de transporte colectivo, logré sosegar mi mente y calmar las ganas de pelear que me había creado el “pavo”. Pensaba si mi molestia era porque me había dicho “viejo”, o porque me hizo moverme hacia la parte trasera del vehículo.

Luego, llamé por teléfono a una amiga y le conté el incidente y me contestó: y tú, ¿qué crees, que ibas a ser joven toda la vida? ¡No seas pendejo!, ¡todo el mundo envejece! y no quieran saber qué más me dijo “mi amiga”.

El tema es, que yo no me siento viejo. Cuando veo mi rostro en el espejo, veo un rostro juvenil, interesante, y con unas líneas que parecen trazar un mapa en donde se puede descifrar las leyes que rigen la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.

Sospechosamente, mi cabello está adquiriendo un blanco parecido a las nieves de los altos volcanes que raspan los cielos.

¿Viejo yo?, lo viejo ya caducó, perdió su razón de ser, su iniciativa esencial…en las inexorables leyes de la dialéctica, lo viejo es negado por lo nuevo y lo nuevo es invencible.

Ahora bien, ¿qué me está pasando? ¡Estoy entrando a una etapa nueva de mi vida!, ¡nunca antes se me habían presentado fenómenos extraordinarios que convergieran en forma interesante y provocaran en mis patrones de conducta, como si yo fuese responsable de la transformación revolucionaria del mundo. Me niego a aceptar que grandes corporaciones capitalistas sigan contaminando el planeta. Me opongo con todas mis fuerzas a las guerras, las injusticias sociales, la discriminación por raza, sexo o religión.

Guardo la esperanza, que es siempre joven ‒y hasta los ancianos la tienen‒, en que la clase trabajadora despierte a las luchas políticas y asuma las tareas que la historia le ha asignado: ser la sepulturera del sistema social capitalista que degenera a toda la humanidad.

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