Varela deja un país en la inequidad. Editorial del martes 25 de junio

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El presidente Juan Carlos Varela se irá del Palacio Presidencial el 1 de julio, dejando a un país vulnerable y disminuido en el ámbito internacional, y una deuda externa que en un 99 por ciento está en manos de fuentes privadas y organismos internacionales. En cinco años de cuestionable mandato, la deuda pública superó en forma alarmante la barrera de los 27.000 millones de dólares.

Un repaso de la gestión varelista permite advertir el fracaso en la lucha contra el desempleo. Las cifras oficiales revelan un seis por ciento de desocupación entre los jóvenes, mientras que en el sector informal se refugia el 43,6 por ciento de la población. La falta de empleos decentes y bien remunerados, y la pérdida de dinamismo económico, intensificó la inequidad social.

Pese a que ese fenómeno es percibido en forma distinta por los críticos, es un hecho irrefutable que las elites económicas que representan al capital financiero impusieron al gobierno una agenda para la concentración del capital, el control de recurso del Estado, el negocio de la agroimportación y un mayor despojo de bienes patrimoniales con una total impunidad y desfachatez jurídica.

El régimen de corte panameñista incumplió la reiterada promesa de asistir a los productores nacionales y abaratar la comida a los consumidores. Ese alto grado de abandono descrito dejó a un sector agropecuario empobrecido, al que se bloqueó en forma deliberada el mercado interno para favorecer a corporaciones enlazadas con la banca y la multinacionales de alimentos.

Varela sólo puede mostrar como éxitos parciales de su gestión, la organización en Panamá de la VII Cumbre de las Américas, la XXXIV edición de la Jornada Mundial de la Juventud de la Iglesia católica, el inicio e relaciones bilaterales con China y la construcción de la Segunda Línea del Metro. Sin embargo, esos logros se desvanecen ante el estallido de sucesivos escándalos de corrupción.

Durante su gobierno, aumentó la brecha social. De acuerdo con el Índice de Pobreza Multidimensional, de Unicef, hay unos 453.837 niños, niñas y adolescentes pobres en Panamá, el sexto país más desigual en el mundo. Esas disparidades se acentúan en las áreas indígenas arruinadas, mientras que en centros urbanos se registra un proceso de gentrificación que expulsa a los pobres.

Ese modelo se exclusión fue entronizado en el distrito de Barú, en la provincia de Chiriquí y se refleja, además, en el control de los recursos canaleros y la privatización de la Justicia, la Cultura, la Educación, la Salud, y en el aumento de la inseguridad en los barrios. Por ello, el movimiento social exige un cambio de timón oficial hacia la recuperación de la dignidad y la firmeza soberana.

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