Un nuevo Hitler, pero en América

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Donald Trump y Adolfo Hitler.

Por Alberto Velásquez
Periodista

La cruel decisión del presidente de Estados Unidos, de implementar una medida discriminatoria contra latinoamericanos que ingresan a ese país, que consiste en separarlos de sus hijos, constituye una medida que emula las conductas promovidas por Adolfo Hitler.

Donald Trump, desde antes de iniciar su campaña para presidente de los Estados Unidos, era conocido por sus prácticas racistas, heredadas de su padre. Un sentimiento y actitudes que prevalecen en una amplia población norteamericana, a pesar de sangrientas luchas para eliminar el segregacionismo.

A fin de combatir la inmigración ilegal, Donald Trump ha incentivado la práctica de arrancar de su seno a los hijos de los inmigrantes, como una fórmula para disuadir la inmigración, según sus propias palabras.

En este comportamiento el presidente encarna al bipolar Adolfo Hitler, quien, con sus acciones y complejos de superioridad, intentó imponer la supremacía de la raza aria, asesinó y desterró con maldad y alevosía a millones de judíos, gitanos, e hijos de alemanes con africanas.

La práctica del gobierno de Donald Trump, de separar a los niños inmigrantes de sus padres en la frontera entre Estados Unidos y México, como parte de la represión a los inmigrantes y los solicitantes de asilo es cada vez más indignante.

Según la agencia de noticias Associated Press, al menos 2.000 niños han sido separados de sus padres desde el 19 de abril. El periódico The New York Times informa que algunos padres fueron deportados sin sus hijos y sin haber recibido información alguna sobre cómo se volverán a reunir esas familias.

Recientemente, durante un discurso que ofrecía en la ciudad de Columbus, en el estado de Ohio, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, fue interrumpido varias veces por manifestantes que se oponen a las separaciones de padres e hijos inmigrantes. No pudo justificar la medida.

Desde el momento en que Donald Trump asumió la presidencia del pueblo norteamericano, generalmente pobre de información e ignorante de concepciones políticas, grupo de profesionales de psiquiatría y sociólogos en general se han tomado el trabajo de analizar el comportamiento de su presidente. Al igual que sucedió con Hitler, sometido a varios exámenes psiquiátricos, para Donald Trump no ha faltado la inquietud de hacerle análisis sobre su conducta mental.

Los profesionales que examinaron a Hitler desaparecieron después de haberle realizado esos estudios. Donald no ha permitido que lo examinen todavía, por lo cual no pueden señalar con certeza su nivel de esquizofrenia, trastorno bipolar, el desprecio por los débiles y la profundidad de su actitud racista.

La inhumana separación de los niños de sus padres, consentida por gran parte del pueblo norteamericano, lo coloca como una población que a su vez da lástima.

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