Réquiem por las entelequias políticas

El llamado a la no relección de diputados, resulta una “curita” o una “aspirina para niño”, para procurar remediar un “cáncer político”

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Antonio Saldaña

Réquiem por las entelequias políticas

Por. Antonio Saldaña
Abogado y analista político.
Twitter/ ‪@antonioads1949 ‬

El bochornoso espectáculo escenificado por los diputados en la Asamblea Nacional, el jueves 4 de abril, no solo reafirma la catadura moral de los legisladores, sino que ha sepultado en la inmundicia al parlamento panameño producto del chantaje político, judicial y moral, por un lado y, por el otro, el dadivoso cohecho mediante el cual el mandatario de la Nación doblegó a la mayoría abrumadora de los “padres de la Patria”, supuestamente, de “oposición” política – veinte (20) del PRD y veintitrés (23) del CD, quienes por comisión u omisión y a “golpe de curul”- ratificaron a Jorge González, ministro de la Presidencia, como nuevo miembro de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).

Los ataques y diatribas personales intercambiadas en el Pleno de la Asamblea Nacional por los Diputados del PRD y, entre éstos y los del Partido Cambio Democrático, fueron solo una “cortina de humo” para ocultar el derrumbe total del sistema de la “clase política” dominante y evidenciar un inminente réquiem por las entelequias políticas, hoy rehenes de los cogollos de las fracciones políticas de la plutocracia.

¿Cuál es la naturaleza de la actual crisis? Es de carácter político y estructural. Se ha agotado el modelo de poder y dominio de la oligarquía y su expresión de corrupción y práctica de clientelismo político. Por eso el llamado a la no relección de diputados, resulta una “curita” o una “aspirina para niño”, para procurar remediar un “cáncer político” que viene carcomiendo los cimientos de la Nación y de la democracia de fachada o democracia de pacotilla, instaurada hace casi 30 años -el 20 de diciembre de 1989- por el ejército más poderoso de la Tierra a través de la invasión estadounidense a la República de Panamá.

Es poco probable que en el marco de la institucionalidad política existente se pueda acometer la tarea estructural de construir un Estado Democrático Social de Derecho, capaz de albergar la República soberana, libre y neutral soñada por la mayoría de los panameños y un desarrollo económico inclusivo capaz de reducir paulatinamente la desigualdad existente, misma que nos coloca como el segundo país más disímil de América Latina y entre las diez naciones del mundo con mayor desigualdad. Para acometer semejante faena institucional, se requiere una nueva Constitución, producto de una Asamblea Constituyente en la que el “poder constituyente” (pueblo) por voluntad propia reemplace la vetusta, obsoleta y autoritaria Carta Magna de 1972.

¿Cuál es la perspectiva electoral? Los tres principales y más influyentes colectivos políticos de la República -PRD, CD y Partido Panameñista- de cuyas alianzas electorales, sin lugar a dudas, saldrá el próximo Jefe de Gobierno, están dominados (Cúpula) por Diputados, mismos, que armaron la batahola legislativa, que ha embargado de vergüenza ajena, al “país decente”. Dos de los aspirantes presidenciales se inclinan por el statu quo y solo uno ha propuesto convocar a un referéndum nacional para consultar a la ciudanía -si desea o no- que se llame a una Asamblea Constituyente.

¿Cambio institucional pacífico o anarquía? De manera que las elecciones generales del 5 de mayo revisten una importancia extraordinaria y dependerá de la “sabiduría popular”, manifestada como voluntad general, generar los cambios institucionales de forma “civilizada” que alberguen las transformaciones económicas y sociales, capaces de catapultar con equidad a la Nación panameña al denominado “primer mundo” o mantener el actual establishment político cuyas consecuencias son impredecibles pero llenas de mucha incertidumbre, acompañada de anarquía política. ¡Así de sencilla es la cosa!

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