¿Quién era Alonso Fernández de Avellaneda?

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Una obra literaria que genera debates.

Por Rafael Ruiloba

No se sabe a Ciencia cierta, pero Martín de Riquer sostiene que fue Gines de Pasmanonte, un personaje que aparece en El Quijote, capítulo 22 de la primera parte, y que en la vida real fue un soldado español del mismo nombre Gines de Pasamonte, cautivo, como Cervantes en Argel. También participó en la batalla Lepanto (1571), Navarino (1572) y Túnez (1573), donde fue capturado por los turcos en 1574. Su liberación se produjo en 1592, 18 años después.

La primera parte de sus memorias se concentra en narrar las penalidades sufridas durante aquel larguísimo cautiverio y sus fracasados intentos de fuga. En una versión “electrónica” de la Biblioteca de Autores Españoles (BAE), en el tomo Autobiografías de soldados (Tomo XC; 1956; pags. 5 a 73). Aparece una versión del manuscrito de la autobiografía de Gines de Pasamonte, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Nápoles, los compiladores sostienen que se obtuvo a partir del texto que (ya con título) publicó Foulché-Delbosc en 1922 en la Revue Hispanique (LV; pags. 311 a 446) y que reproducía la grafía del manuscrito.

Si buscamos coincidencias entre este texto y el Quijote Apócrifo de Avellaneda veremos que el estilo, el tipo de frases, y el intercalado de refranes es semejante; ambos autores son misóginos, odian a las mujeres, según Pasamonte su mujer lo atosiga, le pone veneno y vidrio molido en la comida, lo mismo dice de una mujer mora, a quien recuerda con odio por su largo cautiverio en Argel, la cual lo envenena con sesos de gato y otras bellaquerías,  puestas en la comida; por lo que escapa de ella y es acogido por un hombre casado. Este hombre obliga a su mujer a que haga “lo que sea necesario” para que el soldado Pasamonte se sienta a gusto, y no se fuera de su casa, pues viven de la renta que paga. Esta propuesta se hace bajo amenaza pues, si no cumple, la mata.

En efecto, Pasamonte confiesa el drama al sacerdote y de todas formas se va de la casa, por lo que la mujer es apuñalada por el marido como castigo por su falta de empeño e lograr que el inquilino se quedase; pero la mujer herida escapa y según Pasamonte, los médicos que la curan le dicen que cuando le cosían la herida, de ella salieron unos gusanos enormes, con esto Pasamonte, insinúa que la mujer era diabólica. Avellaneda por su parte, en su Quijote, relata una escena del mismo tenor, pero, en la novela, el marido asesina al soldado, por supuestamente aprovecharse de la esposa de quien lo acoge. Este hombre lo persigue y lo atraviesa con una lanza.

En la novela de Avellaneda esta versión de su propia vida la encontramos en “La historia de un rico desesperado”. Don Quijote y Sancho se encuentran a un estudiante rico llamado Japelin, quien cansado de la vida disipada decide tomar los hábitos, pero por seguir el consejo del Quijote, se casa tiene un hijo, es entonces que recibe a un soldado, de apellido Bracamonte en su casa, quien se aprovecha de su mujer. Este los persigue y lo asesina, luego regresa a su casa y asesina a su hijo. De esta manera Avellaneda tergiversa el ideal de Cervantes de acrecentar la dignidad del personaje, pues Avellaneda lo denigra con el asesinato. Lo importante para la tesis de este ensayo es destacar que hay un paralelismo significativo entre la vida de Pasamonte y la Novela de Avellaneda, por lo que es plausible aceptar la tesis de Martín de Riquer, de que este fue el autor del Quijote apócrifo.

No obstante, la tesis de Riquer tiene sus debilidades, pues Pasamonte, no era un literato, hay en su novela una parodia de tres capítulos del Buscón de Quevedo, de acuerdo a la tesis presentada por Marcela Ochoa Pernoz, quien los identifica como el capítulo, XXII, XXV y el XXXVII del Quijote Apócrifo. Lo importante aquí es destacar que Avellaneda postula una teoría de la literatura, donde defiende a Lope de Vega, y su visión del mundo es   acorde con las necesidades de la inquisición, por lo que es probable que Pasamonte recibiera ayuda de un corrector interesado. La tesis de Riquer también tiene sus fortalezas, las cuales provienen del mismo Cervantes, quien asegura en cuatro ocasiones que Avellaneda era aragonés como Ginés de Pasamonte. (II, 59; 471).12 (II, 59; 472) (II, 61; 477). Y en el capítulo 70 uno de (II, 70; 496–97).

Queda claro que el autor del prólogo desata un virulento ataque personal contra Cervantes. Pudo ocurrir que Lope de Vega haya hecho el prólogo o corregido el texto de Pasamonte, pero son conjeturas. Lo que sí es un enigma, es cómo Pasamonte puede parodiar al Buscón de Quevedo, si ese libro no había sido publicado todavía.

Lo importante aquí es que Avellaneda elabora su historia para oponerse a la noción de la literatura que hay en el Quijote de Cervantes. Por eso, la obra de Avellaneda es diferente a su vez de otras continuaciones del Quijote como Las nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha De Alain Rene Lassage o la Historia del admirable Don Quijote de la Mancha del escritor francés, Robert Challe, escritas en la época de Cervantes. La intención de la obra de Avellaneda es la de oponer otra visión de la literatura, tergiversando los valores del ingenioso hidalgo de Cervantes.

Tenemos entonces que Cervantes, no sólo cuestiona a las novelas de caballerías, sino a todos los géneros literarios de su época, por no establecer una relación entre la conciencia del lector y la realidad. En El Quijote, Cervantes reutiliza todos los géneros literarios de su época para ponerlos en relación con el contraste entre el texto y la historia; la verdad oculta tras las apariencias contrarias, lo que permite a los personajes recuperar su dignidad. Por eso, decimos que El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, es en sí mismo, una literatura.

Por eso, una de las lecciones de Cervantes es que la función de la literatura, ya no es ofrecernos la imagen ideal de la realidad como una doble moral del mundo, como ocurre en las novelas de caballerías, sino la visión crítica del hombre y de su tiempo; por eso, El Quijote es una novela enciclopédica, que parodia a todos los géneros literarios vigentes en su época para proponer un nuevo modelo de literatura.

¿Por qué era necesaria la crítica del discreto entendimiento?

Uno debe preguntarse cómo se podía criticar el orden social si hay 30.000 inspectores del Santo Oficio dispuestos a preguntarte ¿Te corto o te quemo?  La única forma era que su texto aludiera a la verdad de forma indirecta, por medio del discreto entendimiento. Según el Manual del Inquisidor, de Nicolau Eimeric, no hay que temer que el acusado muera por efecto de la tortura, pues la finalidad del proceso y condena no era salvar el alma del acusado, sino procurar el bien público y aterrorizar al pueblo (p. 151), de tal manera que la única crítica posible era la crítica que producía la lectura de una novela cifrada, que le exigía al lector, el discreto entendimiento para comprender las contradicciones de su sociedad en la parodia, la sátira, la ironía y el doble sentido oculto en las aventuras del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha.

El ideal estético del discreto entendimiento era descubrir la verdad. Este ideal también lo asume Góngora, pero él no recurrió a la ironía cervantina, sino a la oscuridad conceptual “Como el fin del entendimiento es hacer presa en verdades”, dice Góngora, esta se logra “obligando a la especulación por la obscuridad.” De tal manera que el discreto entendimiento se debe ahora a la interpretación del lector, de esta manera Góngora subvierte la referencialidad del lenguaje como acto del poder para convertirlo en acto de la imaginación. Góngora, al igual que Cervantes, cree que el entendimiento debe hacer presa en verdades.

Estos criterios no sólo estaban en el Viaje al Parnaso, como vimos anteriormente, sino en varias obras anteriores al Quijote. La crítica que Cervantes hace a los escritores de su tiempo se basa en la falta de ingenio para producir el entendimiento de la realidad, a través de sus obras literarias.

En El licenciado Vidriera, Cervantes critica a los poetas que desean agradar al poder o a los que tienen una retórica gastada y superficial llena de lugares comunes, sin producir conciencia de la realidad. En La ilustre fregona, cuestiona a los quienes dirigen sus críticas contra el pueblo o se burlan de él “trovador de judas que pulgas te coman los ojos”. En El Quijote, Cervantes escribe que el escritor no debe tratar de trúhanes e ignorantes al vulgo, ni criticarlos en términos personales, porque la poesía no está en las manos, sino en el entendimiento. Esto lo decía contra los que se burlaban de los pies, las narices o la calvicie de las personas y se olvidaban de criticar las transgresiones del poder o las limitaciones de la condición humana. Por eso, Quevedo en el Chitón de tarabillas, lo acusa de tirar la piedra y esconder la mano, no sólo porque era manco, sino por la crítica producida por la verdad que surge del doble sentido y la ironía de sus obras.

Diremos entonces que Cervantes le pide a su lector que lea la novela guiado por los tres valores del discreto entendimiento, a los que alude de forma reiterada en sus obras y en diversos contextos del Quijote, mientras avanza la lectura. El primero es la relación entre la novela y la historia; el segundo es la búsqueda de la verdad en medio de las apariencias contrarias; y el tercero es la defensa de la dignidad como principal valor de la condición humana. Analicemos El Quijote a partir de estas tres perspectivas.

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