QUEMA DE LA BANDERA DE CHINA POPULAR

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Julio YAO

QUEMA DE LA BANDERA DE CHINA POPULAR

Julio Yao Villalaz

Analista internacional

Especial para Bayano digital

Un acto sumamente irrespetuoso, vergonzoso, ofensivo e incomprensible hacia un país probadamente amigo de Panamá como lo es la República Popular China ha sido visto con estupor, preocupación e indignación en muchos sectores tanto del gobierno como de la sociedad civil.

Un grupo de trabajadores de la empresa que administra los puertos de Balboa y Cristóbal — la firma Panama Ports Company — ha profanado la bandera nacional del país que mejor  extiende  la mano a Panamá y que comparte con nosotros 163 años de historia intercontinental y transoceánica.

La PPC es filial de la Hutchison Ports y opera en 5 continentes, 26 países y 51 puertos.  Es la división de puertos y servicios relacionados de CK Hutchison Holdings Limited (CK Hutchison), líder mundial en desarrollo y operaciones portuarias que se ha expandido a negocios de logística y otros relacionados con el transporte, terminales de cruceros, operaciones aeroportuarias, centros de distribución, servicios ferroviarios y reparación de buques.  Es decir, una empresa crucial para el desarrollo de la vía interoceánica y de Panamá propiamente dicha.

Se entiende por profanación el “tratamiento ultrajante o irrespetuoso que se hace de algo que se considera sagrado o digno de respeto”.   La profanación de una bandera puede llevarse a cabo de múltiples formas, desde maltratarla con orina y heces hasta quemarla.  Lo último se realizó ante la Corte Suprema de Justicia en el marco de reclamaciones políticas que no daban cabida al acto salvaje de prenderle fuego a una enseña que arropa a más de 1,350 millones de seres humanos que también, como nosotros, aman su bandera.

Una nación como China Popular, que ha sacado de la pobreza a cientos de millones en pocos años y multiplicado su PIB, colocándose entre las dos más grandes economías y que, contrario a la primera, ayuda al resto del mundo y no lo militariza ni oprime  sino que acata (contrario a Panamá) las normas del Derecho Internacional, es digno de nuestro más alto respeto y admiración.

Como dice el periodista Julio Bermúdez:  “Que se sepa, China no ha colonizado a Panamá, no se ha llevado sus recursos, jamás le produjo un mártir y menos una invasión.  ¿A qué se debe entonces esa agresión abrupta y censurable contra China?  Hay algo que no cuadra en las proporciones del hecho, como no sea el odio injustificado que algunos sectores han tratado de cultivar en su contra en los últimos meses.”

La quema de la bandera se produjo el jueves 14 de marzo pasado cuando, justo ese mismo día el señor Wei Qiang, embajador de China, entregaba al presidente Juan Carlos Varela los planes del Ferrocarril David-Panamá durante la inauguración de la Feria de David.  ¿Fue esto pura coincidencia?  La coincidencia, en mi opinión, no existe en geopolítica.

A los profanadores, les pregunto: ¿cómo se sintieron cuando la misión de Taiwán en Panamá y funcionarios en esa Isla quemaron la bandera panameña porque nuestro país estableció relaciones diplomáticas con China Popular?  “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”, dijo Confucio cinco siglos A.C.

Del video disponible, se observa que la quema de la bandera era el elemento central de la protesta y no la protesta en sí, ya que el vocero grita toda suerte de improperios y obscenidades contra China que ninguna relación guardaban con la manifestación.  El vocero pide a gritos que las cámaras se centren en la quema de la bandera, llamándola “¡BASURA!, ¡para que todo el mundo se entere de la basura que hay en Panamá!”.  ¿Otra coincidencia?

Es como si el agitador estuviera siguiendo un libreto del Secretario de Estado, Mike Pompeo, sobre la necesidad de expulsar a China y volvernos a trincar con la Doctrina Monroe.

¿No fue Pompeo quien, a raíz de la visita del presidente de China, Xi Jingpin, el 3 de diciembre pasado, nos aconsejó, “tener los ojos bien abiertos”?  Por tener ese día los ojos bien cerrados, no nos percatamos que ese instante atracó un destructor nuclear de EU en el Canal, en acto de prepotencia ante China y en demostración de que el Canal ni es neutral ni es nuestro, tal como hicieron antes con el destructor ruso “Almirante Chabanenko”.

Lo que sí nos resulta claro es que EU sigue manteniendo los ojos bien abiertos y están, “as usual”, hasta en la sopa, filtrados en sindicatos y asociaciones indígenas de Panamá.

Para exculparnos con el pueblo chino, proponemos esta nueva regla de Derecho Internacional:  que la única forma legítima de quemar la bandera de un Estado es en repudio a una invasión armada o a un crimen de lesa humanidad y como acto propio que se desprende del derecho de los pueblos a la rebelión (verbigracia, invasión de Japón a China y Corea; invasión de EU a Grenada, Panamá y Siria.)

 

 

 

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