Plantas nucleares europeas: el peligro que acecha

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Activistas de Greenpeace lanzan fuegos artificiales en la central atómica francesa de Cattenom. (Foto: Reuters / Handout Greenpeace/V. Fossez).

En las centrales atómicas europeas hay serias deficiencias de seguridad. En su mayoría, no están suficientemente protegidas de accidentes o atentados terroristas. ¿Cuáles son los principales peligros potenciales?

DW

Fueron solo un par de fuegos artificiales los que en 2017 iluminaron el cielo sobre la central atómica francesa de Cattenom. Activistas de Greenpeace  habían traspasado dos barreras de seguridad y lanzado los fuegos artificiales cerca de la piscina de refrigeración de combustible gastado. Del mismo modo podrían haber llegado hasta allí también terroristas para hacer estallar  una bomba, con devastadoras consecuencias para toda Europa.

Greenpeace se proponía llamar la atención sobre las deficiencias de seguridad en estas piscinas, utilizadas para enfriar las barras de combustible ya utilizadas. Si el agua de refrigeración se sale de los estanques o deja de ser enfriada, las barras en cuestión liberarían grandes cantidades de radiactividad.

Peligro conocido

Los sistemas de seguridad se concentran hasta ahora principalmente en los reactores propiamente tales. Las piscinas de refrigeración, en cambio, apenas se han tenido en cuenta. Pero en la catástrofe nuclear de Fukushima quedó en evidencia que estas piscinas con barras de combustible altamente radiactivas pueden representar un gran peligro.

En Japón, tras las explosiones ocurridas en los reactores se presentó el peligro de que las piscinas directamente contiguas se vaciaran. Las autoridades trataron de estabilizarlas durante semanas, para evitar una contaminación radiactiva aún más devastadora.

Si la radiactividad de las barras de combustible ya usadas hubiera sido liberada, “se habría tenido que evacuar a la gente en un perímetro de 250 kilómetros; el área de Tokio se habría visto afectada,  y con ello unos 50 millones de personas”, dijo a DW el entonces jefe de Gobierno, Naoto Kan.

Estudio explosivo

Por encargo de Greenpeace, siete expertos de seguridad independientes examinaron 58 centrales atómicas francesas y siete belgas, detectando la falta de seguridad en las piscinas de refrigeración. Precisamente por razones de seguridad, la organización ambientalista no dio a conocer a la opinión pública este amplio estudio, sino que lo entregó a las autoridades francesas y belgas.

Francia no renuncia a sus centrales

“No queremos aumentar aún más el riesgo para la población. Ahora las autoridades tienen que velar por la seguridad de la gente”, afirma Heinz Smital, de Greenpeace, y agrega: “Las centrales atómicas examinadas ponen en peligro a personas en toda Europa. La medida más segura sería desconectarlas”.

Los encargados deberían saber desde hace tiempo cuán peligrosa es la situación. En 2014, drones sobrevolaron reiteradamente 19 plantas atómicas francesas. Pese a intensas investigaciones, los responsables no fueron encontrados. Ese mismo año, Greenpeace elaboró un estudio sobre los peligros ligados a atentados terroristas desde el aire. “Pero, básicamente, no ha pasado nada”, dice Smital a DW.

El alto costo de las medidas necesarias para poner a salvo las plantas nucleares de la amenaza terrorista puede ser una de las causas. Greenpeace calcula que se requerirían cerca de 1.000 millones de euros por cada central. Pero la empresa EDF, que lucha con altas deudas, ingresos decrecientes y otros gastos, solo planea invertir un total de 700 millones de euros en seguridad hasta 2023, según informaciones del periódico alemán Tageszeitung.

¿Y en Alemania?

En comparación con Francia, la seguridad de las centrales atómicas alemanas es mejor, según Greenpeace y la Liga Alemana para la Protección del Medioambiente y la Naturaleza (BUND). La razón radica en que, tras la catástrofe de Fukushima, fueron desconectados los reactores más antiguos y, con dos excepciones, las piscinas de enfriamiento de las barras de combustible gastadas se encuentran al interior del manto de los reactores, lo cual es más seguro.

No obstante, las organizaciones ambientalistas consideran que el peligro sigue siendo demasiado grande. “Cada día aumenta la probabilidad de un gran desastre”, afirma Hubert Weiger, presidente de BUND. La organización realizó en 2016 un amplio estudio sobre la seguridad de las plantas nucleares que quedan en Alemania y ahora examinó también los depósitos transitorios de residuos atómicos altamente radioactivos. Según la experta en seguridad Oda Becker, en algunos de ellos la protección contra el terrorismo es insuficiente. “Un grupo terrorista armado y decidido seguiría estando en condiciones de entrar en un depósito que no sea subterráneo”, indicó.

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