Pedro Rivera, pionero del cine alternativo panameño

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En la esquina izquierda de la foto, figura el desparecido cineasta Rafael Giraud. En la esquina derecha, Pedro Rivera dirige una filmación en exteriores.

(Tomado de En Caribe)

Pedro Rivera Ortega nació en la ciudad de Panamá el 5 de enero de 1939. De 1952 a 1958, estudió bachillerato en Humanidades en el Instituto Nacional de Panamá. En 1958, fundó el Grupo Gaspar Octavio Hernández, organización de escritores jóvenes que se formó en las aulas del “Nido de Águilas”, como se conoce a esta primera casa de estudios secundarios.

Rodrigo Miró muestra en su libro Literatura panameña (Origen y proceso), la fotografía de un recital ofrecido el 30 de enero de 1959 en la Plaza de Santa Ana por jóvenes poetas. En la instantánea aparecen Diana Morán, Moravia Ochoa, Álvaro Menéndez Franco, César Young Núñez, José Franco, Pedro Rivera y José Antonio Moncada Luna. El grupo que conformaron ha sido denominado por la investigación histórico-literaria panameña Generación del 58.

Dentro de aquel grupo Rivera fue un elemento cohesionador, durante años de inquietud social y patriótica, de movimientos de protesta y de respuestas drásticas por parte de la autoridad, que dieron como resultado la muerte de un estudiante. De 1958 a 1959, Rivera fue miembro del Consejo Ejecutivo Federal de la Federación de Estudiantes de Panamá. Dirigió la columna FEP en Marcha y el periódico estudiantil Federación. Escribía con el seudónimo de Marco Pueblo. Su poesía vio la luz en periódicos mimeografiados, y de esa manera su poema “Canto a un día cualquiera, a una mañana inmensa” fue reproducido y expuesto por las calles de Panamá. En 1958 y 1959 publicó sus primeros poemarios: Las voces del dolor que trajo el alba (1958), Panamá, incendio de sollozos (1959) y Mayo en el tiempo (1959).

De 1959 a 1960, estudió Sociología en la Universidad del Rosario, en Argentina, y en la Universidad Nacional de Chile. En 1961, publicó el poemario Despedida del hombre (1961). De regreso a Panamá, en 1963 fue secretario de Prensa de la Unión de Estudiantes Universitarios, y de 1962 a 1965 dirigió el periódico Voz Universitaria. Mientras, continuaba estudios de Sociología y Filosofía e Historia en la Universidad de Panamá, aunque no los concluyó. Paralelamente, desarrolló un importante trabajo cultural y participó en las luchas patrióticas y sociales de la época. Sus inquietudes cinematográficas surgieron cuando comenzó a desempeñarse como promotor cultural en la Universidad. Así, fue fundador y presidente (1960-1965) del grupo Columna Cultural. La poesía continuaba siendo parte de su haber, y en 1969 publicó Los pájaros regresan de la niebla.

En 1969, obtuvo el premio Miró en cuento, con un libro novedoso entonces; y en poesía, con las obras Peccata Minuta y Los pájaros regresan de la niebla. En 1972, fue elegido presidente de la Unión de Escritores de Panamá. En el mismo año se fundó, en las oficinas de la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Panamá, el Grupo Experimental de Cine Universitario, a partir de la creación del Cine Club Universitario en el Auditorio de la recién inaugurada Facultad de Odontología. Este Cine Club funcionó con tandas regulares y tuvo gran afluencia de público. En él se exhibieron las primeras muestras de cine, entre las cuales se destacó la de cine cubano, que sirvió de marco para recibir a distinguidos realizadores. Correspondió a Jorge Fraga y Pastor Vega iniciar en el oficio a este pequeño grupo, encabezado por Pedro Rivera y Enoch Castillero. Este último prestó su recámara, en el apartamento donde vivía, para colocar los primeros equipos de cine. Al poco tiempo, en dos salas de la oficina de Asuntos Estudiantiles de la Universidad, del edificio antiguo de la Facultad de Humanidades, fueron instaladas las primeras dependencias del GECU (Grupo Experimental de Cine Universitario), con una cámara Bolex, trípode y moviola manual, que aunque muy elementales, fueron simiente para el desarrollo de la producción audiovisual. En 1976, cuatro años después de fundado el GECU, Rivera creó y dirigió la Revista Formato 16, impresa, con una tirada de mil ejemplares, hasta 1984. La revista permitió crear la editorial Formato 16, que publicó, en menos de cinco años, más de treinta obras de poesía, cuento y ensayo. Este esfuerzo editorial subsiste con una veintena de números, además de la publicación, hasta nuestros días, de Temas de Nuestra América, desplegable mensual que aborda la temática social y cultural en el ámbito latinoamericano.

Pedro Rivera es, desde 1978, miembro ejecutivo del Comité de Cineastas de América Latina, y miembro de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, que presidió Gabriel García Márquez. Codirigió la revista Opinión Pública, de 1988 a 1990. Es editor de Jornada, suplemento del periódico La Universidad, de la Universidad de Panamá. Ha continuado haciendo poesía, y en 1983 publicó Libro de parábolas y en 1989, Para hacer el amor con la ventana abierta.

En 1993, obtuvo nuevamente el Premio Miró en cuento, con Las huellas de mis pasos, libro en el que reconoció en 1999 Seymour Menton, escritor y crítico norteamericano, un intento por captar temáticamente la totalidad de la nación: la ciudad, el campo y la historia. En el año 2000, Rivera obtuvo otro premio en poesía, por la obra La mirada de Ícaro; y en 2004 ganó en ensayo, con Condición humana y guerra infinita.

Su obra ensayística es la más numerosa: Todo sucedió mañana (Los temas de nuestra América); Panamá en América, ensayo de economía poética; conjuntamente con Fernando Martínez, El libro de la invasión; El martillo contra la nuez; Arar en el mar, El largo día después de la invasión, Código de la caverna, Condición humana y guerra infinita, Crónicas Apócrifas de Castilla de Oro, El zoon politikon, Oro y Asuntos del ámbito humano.

En cine también ha recibido numerosos premios, entre ellos el denominado Liga de amistad con los pueblos, del Festival de Leipzig, con Soberanía, de 1975; el Premio Copa Azul (Ahora, ya no estamos solos), en el Festival de Tashkent, Unión Soviética, en 1976; en 1979, el Premio Caimán Barbudo (Aquí hay coraje), en La Habana. Dirigió otros filmes documentales, como Canto a la patria que ahora nace, 505, Un año después, Viva Chile, mierda, Ligar el alfabeto a la tierra, ¿Qué está haciendo el lobo?, Bayano ruge y Como si a Maceo, Lorenzo diera un apretón de manos.

El 25 de abril de 2008 se le otorgó la Condecoración Rogelio Sinán, en reconocimiento a su extraordinaria ejecutoria y a la obra de su vida.

La página editorial del primer número de la revista Formato 16 ‒con portada del pintor, muralista y músico panameño Virgilio Ortega Santizo y contraportada del dibujante puertorriqueño Paco López‒, anunciaba que la nueva publicación se destinaba a devolver al cine su condición de arte y de expresión de cultura, y que asumía el cine como medio de comunicación, esto último en función de la lucha por liberación nacional. El objetivo expresado en el editorial sólo se logró casi dos décadas después, cuando la nación panameña fue dueña de su territorio total. Hoy, el cineasta Pedro Rivera, como el guerrero que reposa, puede considerar su misión cumplida. Sin embargo, vive hasta el último aliento de su vida intensa como cineasta pionero, como poeta y escritor.

Según expresa Rodrigo Miró en su libro de 1971, Pedro Rivera ha escrito literatura comprometida. También Ismael García afirma, en Historia de la Literatura Panameña (1972), que es el representante mayor de la poesía social panameña. Agustín del Saz, en Antología General de la Poesía Panameña (1974), califica a su poesía como testimonial. Isabel Barragán de Turner, en Letras de Panamá (2008), considera que el signo más sobresaliente de la obra de Rivera es el compromiso ideológico y social. Margarita Vásquez subrayó ‒en conferencia de 2005 sobre Pedro Rivera‒ que el artista no establece una relación entre obra y biografía; que aquella no está necesariamente comprometida con el mundo de la verdad o de los hechos, pero tampoco está aislada de ellos. Puede ser que en un momento tenga un valor suasorio, de calidad testimonial, pero ese valor puede desaparecer con el tiempo, sin que desaparezca la poesía. Ese es el caso de Pedro Rivera.

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