Para obtener nuevos resultados hay que cambiar

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Los ciudadanos deben elegir un nuevo gobierno en mayo de 2019.

Por Rafael García Denvers
Ingeniero

Muchas son las razones para sentirse insatisfechos del marco legal que rige la convivencia entre los ciudadanos en La sociedad deformada y excluyente, pero más aún son las muestras de la aplicación antinacional de esas normas por los sectores gobernantes y del sector económico regente.

Estamos, por lo tanto, obligados, antes de tomar partido dentro del marco socio político del momento, a poner en orden algunos componentes del pensamiento y redefinirlos fuera del marco de referencia impuesto por los poderes fácticos.

Hay conceptos que deben ser valorados en su justa dimensión. Por ejemplo, la existencia de un modelo económico regente y la sustentación de la estructura social y las instituciones. Por lo tanto, no debe ser confundido el papel del Estado y menos de los gobiernos en la determinación de las metas hacia el futuro del colectivo social. Esas metas las establece el modelo, no el gobierno de turno.

El gobierno es el administrador de las riquezas colectivas y está en función de los que planifican el uso de recursos. El usufructo de las riquezas existentes en un Estado la hacen quienes controlan las instituciones y no el pueblo ausente de mando. La hacen los representantes del modelo económico, a largo plazo, con metas definidas para beneficio suyo. Los gobernantes son representantes y/o empleados de los regentes del modelo.

Nación vs dependencia

La Nación es la suma acumulada de la historia, logros, derrotas y sufrimientos del colectivo social y no debe confundirse con la supra estructura que sostiene a un gobierno en particular, que responde a los requerimientos de los usurpadores o acaparadores de las riquezas nacionales a través del uso sistemático de las instituciones del Estado.

La historia es el recuento de las vivencias (aciertos y errores) que identifican a un colectivo transmitiendo la herencia cultural, el origen de sus logros y perdidas, el sentido de pertenencia y/o rechazo ante realidades vividas y conflictos naturales, sociales, culturales y religiosos que son en términos reales las raíces de la idiosincrasia de una población.

Pero, la historia depende de quien la vive y cuenta. La historia oficial es la de los ganadores y no necesariamente la verdadera o la de las mayorías. En muchas ocasiones, las tradiciones, las leyendas y los relatos de los pueblos contradicen la versión oficial y son las auténticas, la de los excluidos, convirtiéndose en raíces que sostienen el árbol de la nacionalidad. Un pueblo sin raíces, sin historia propia, sin pasado, no tiene futuro.

Un pueblo no tiene futuro al perder sus raíces. Sin ellas, es incapaz de proyectar metas para el colectivo, corregir errores del pasado y, por ende, resolver las divisiones ficticias que le han impuesto por medio de la propaganda del sistema, que responde a intereses del modelo económico. Un árbol sin raíces es incapaz de alimentarse de los nutrientes de la tierra que ha sido abonada.

En ese polémico escenario, no faltarán figuras academicistas, quienes visualizarán y argumentarán que las definiciones anteriores no son lingüísticamente, ni políticamente, ni filosóficamente correctas, según lo establecido oficialmente.

Si nos proponemos corregir el modelo, primero hay que romper las cadenas mentales impuestas por la culturización a la que hemos sido sometidos. En ese sentido, es necesario darle a los términos su verdadero significado, para no desviar el análisis de las causas reales del momento político.

Torneo electoral

Un ejemplo patético de esa realidad, es el actual momento político. ¿Nos están llamando a las urnas para elegir rostros, colores y consignas? ¿Dónde quedaron el contenido, la propuesta para corregir deformaciones causadas por la insostenible distribución de las riquezas, característica medular del modelo?

Las elecciones son, efectivamente, una oportunidad, pero, ¿una oportunidad de qué? ¿De cambiar rostros o empleados de la recepción gubernamental?

Para los sectores populares, los comicios generales deben ser el instante de agrietar el modelo con hombres y mujeres que respondan a la sociedad y al requerimiento de vida. El sufragio debe servir para definir tareas, conceptos y metas a través de sus propios representantes. Esos representantes están obligados a rendir cuentas a sus organizaciones sociales de los compromisos contraídos para alcanzar posiciones.

Las votaciones venideras deben ser un mecanismo que contribuya a reemplazar a los funcionarios de organismos del Estado por representantes de los intereses del ser humano como colectivo y no por empleados del modelo vigente.

El modelo económico actual es, por naturaleza, corrupto. Premia el despojo, el acaparamiento sin límite, potencia el individualismo sobre el interés colectivo y la naturaleza. Además, es destructivo para la mayoría y genera desigualdades. Sin corregir el modelo, sin ponerle límites y sin la efectiva fiscalización del colectivo social, es imposible solucionar los daños sociales que provoca.

Es tiempo de que la mal llamada izquierda (léase la opción por el respeto a la humanidad y no por las riquezas individuales), asuma su propio rol y defina sus términos sin dejarse arrastrar por la propaganda y el maquillaje del modelo económico regente.

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