Los 100 días de un gobierno joven. Editorial del martes 1 de octubre

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Aunque es difícil evaluar una gestión gubernamental en 100 días de mandato, la oportunidad es propicia para reconocer indicadores que ayudan a evaluar el rumbo de una gestión oficial envuelta en grandes desafíos y demandas de un electorado exigente que apuesta por la búsqueda de soluciones efectivas y duraderas a problemas como el déficit socioeconómico y el fracaso de la Justicia de Panamá.

En los 100 días del gobierno del presidente Laurentino Cortizo han sido adoptadas acciones positivas a favor de productores agropecuarios desposeídos y educadores marginados, así como medidas alentadoras a favor del medio ambiente y la política promotora de empleo entre jóvenes en precariedad que buscan acceder al mundo del trabajo. Son pasos positivos que merecen un justo reconocimiento público.

Sin embargo, a diferencia de otras administraciones, al gobierno actual le ha faltado definir un camino unitario en materia política para consolidar una poderosa fuerza dirigente capaz de enfrentar los graves desafíos nacionales e internacionales. Esa tardanza en el trazado de la estructuración de una fuerza coherente, dinámica y propositiva tiene un efecto desfavorable en la futura consolidación interna.

Una veloz lectura de la realidad permite identificar falencias en materia de Seguridad Pública, ante duras expresiones de violencia, el pobre desarrollo comunitario y la falta de un blindaje contra la corrupción. Las debilidades abarcan la dualidad de mantener una política exterior de doble tono hacia Venezuela, lo que ha causado el distanciamiento de este país con la agenda de la integración latinoamericana.

La masa de votantes que se adhirió plenamente a la candidatura de Cortizo, en los comicios generales de mayo de 2019, lo hizo con la esperanza de rescatar el ideario del general Omar Torrijos, quien encabezó en la década de 1970 la lucha de liberación. Esa esperanza popular sigue vigente en el imaginario colectivo y se contrapone al plan de quienes aspiran a hipotecar la soberanía.

Por ello, es inconcebible que en la esfera oficial diplomática haya sido privilegiada la reactivación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un instrumento intervencionista en el contexto hemisférico que fue rechazado por el general Omar Torrijos en el período previo a la recuperación de la vía acuática y las áreas ribereñas de elevado valor estratégico, histórico y patrimonial.

Las esperanzas de una nación se construyen con bases sólidas y respuestas concretas. En ese proceso, es aleccionador reconocer la experiencia de generar repuestas que apunten al bienestar y la seguridad de la población. Promover la paz, tener dignidad, más intervención social del Estado y menos dependencia económica externa es un imperativo que dará al país el respeto y la dimensión que merece.

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