Legalismos

“Ni las víctimas de los pinchazos ni el resto de la población, que estuvo pendiente del show montado, merecen ese irrespeto”.

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Ricardo Martinelli esposado en la Corte Suprema de Justicia.

Por Mariela Sagel
opinion@laestrella.com.pa

En este país del istmo centroamericano, donde pareciera que la bonanza nunca se aleja (para algunos) y en el cual contamos con un sistema de metro, rascacielos que hacen palidecer de envidia a la ciudad estadounidense de Miami y el uso del dólar americano, ‒aunque últimamente este se está viendo escaso, siendo suplantado por las odiosas monedas de un (1) balboa (equivalentes a un (1) dólar), sin que tengamos claro qué clase de extorsión nos quiere aplicar ahora la Oficina del Tesoro de los Estados Unidos‒ batimos récord por apegarnos a los legalismos.

Desde el 11 de junio de este año y casi a diario, se estuvo celebrando el juicio contra el expresidente Martinelli, luego de que Estados Unidos lo deportara (lo habían apresado justo un año antes, el 12 de junio, y sometido a vejámenes que él solamente le había deseado a sus peores enemigos, como grilletes en los pies).

Se constituyó un tribunal de imputación con un juez de garantías (el magistrado Jerónimo Mejía) y un fiscal en la figura del también magistrado Harry Díaz. Como coincidencia, cuatro días antes de que el expresidente fuera deportado a Panamá, renunció a su curul como diputado del Parlamento Centroamericano, ese mismo que él había catalogado, al inicio de su mandato, como “una cueva de ladrones” y donde se fue a refugiar apenas salió de la Presidencia para garantizarse inmunidad. Como buen chapucero que es, la renuncia tuvo que ser ‘subsanada de forma’ y no se atendió sino hasta fines de junio del presente año, cuando ya habían empezado las audiencias en la Corte Suprema de Justicia (CSJ). La renuncia perseguía que no lo juzgara el máximo tribunal de justicia, sino un tribunal de juicio.

Desde el inicio, el comportamiento del reo de El Renacer, aparte de las tambarrias recurrentes que le daban cada día de por medio, y en las que exigía que lo llevaran a un centro hospitalario privado, su actitud iba desde el bravucón que ha sido desde que iba al Colegio La Salle, al llorón que se convirtió por sus altibajos de ánimo, pasando por el lector que ostentaba con orgullo libros que en su vida se ha leído. Ahora que recapitulo, y gracias a una entrevista que me hizo Telemetro en mi casa, donde mostré los libros de los escritores Juan Eslava Galán y Santiago Posteguillo, este último ganó el premio Planeta en octubre, considerado el nobel español, tanto por el prestigio como por el monto, le comenté al autor recientemente, cuando deambulaba por la FIL Guadalajara escoltado por dos gladiadores romanos, la inesperada publicidad que habían tenido sus libros.

Durante seis meses, las audiencias del preso de El Renacer acapararon la atención de los panameños y desgastaron a sus víctimas, que asistieron religiosamente a ver el “reality show” que se montaba en la CSJ. De repente, uno de los magistrados que estaba por salir ya de esa desprestigiada instancia judicial puso a circular un proyecto de fallo en el que declina competencia en el caso del juicio que se le estaba siguiendo y en una votación sin precedentes, realizada el pasado viernes 7 de diciembre, un día antes de la celebración del Día de la Madre (que en Panamá coincide con la celebración de la Inmaculada Concepción), se saca del ámbito donde se había estado deslindando la culpabilidad o inocencia de este señor y se manda a la justicia ordinaria, o sea, ante un tribunal de juicio.

A la fecha, no están claras varias aristas de este espinoso asunto: si todo lo actuado y recabado por el juez de Garantías va a tomarse en cuenta o se va a descartar, si le sumarán el tiempo que ha pasado en la cárcel, tanto en Panamá como en Estados Unidos a la eventual condena que reciba ‒si lo condenan, porque todos sabemos que el poder económico de don Ricardo es infinito, como infinitas son las pruebas de que la justicia en Panamá está en estado catatónico y es corrupta‒ y para colmo, si lo dejarán participar en las elecciones del próximo año. No se había acabado de divulgar la noticia de la “corrección fraterna” que se le aplicó al juicio de Martinelli, cuando han salido toda clase de voces autorizadas anunciando que este señor va a ser el compañero de fórmula del candidato de su partido franquicia, el CD.

En lo personal, creo que podrá haber sido ilegal que la CSJ lo estuviera juzgando, pero es inmoral que esos mismos magistrados y otros destacados abogados (y personas no duchas en materias legales) no hayan advertido, desde hace seis meses, que la Corte no era competente en este caso. Ni las víctimas de los pinchazos ni el resto de la población, que estuvo pendiente del show montado, merecen ese irrespeto.

*Legalismo se define como: “Formalismo legal excesivo”.

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