La asombrosa gran historia de la ciudad de Panamá “La Vieja”

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Ruinas de la ciudad de Panamá La Vieja. (Foto: MIDIARIO).

Por Franklin Ledezma Candanedo
Periodista y escritor

Referencias históricas indican que Santa María la Antigua del Darién fue una de las primeras ciudades fundadas en tierra firme del continente americano, en 1510, durante la colonización española de las Américas, por Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa.

A pesar de la creación previa de efímeros asentamientos, una extensa bibliografía reconoce que la misma fue la primera ciudad colonial establecida y desaparecida durante la conquista española en el continente americano.

Se convirtió en punto de partida para la invasión del continente por parte de los conquistadores de la época: Francisco Pizarro, Sebastián de Benalcázar, Diego de Almagro, Gonzalo Fernández de Oviedo y Pedro Arias Dávila. Además, fue designada capital episcopal y del territorio de Castilla de Oro y punto de partida para la fundación de muchas ciudades en el continente durante la década de 1510.

Sus restos se encuentran geográficamente ubicados al sureste de América Central, istmo de Panamá, cerca de la costa occidental del golfo de Urabá, región del Darién, jurisdiccionalmente en el departamento del Chocó, vereda Santuario, municipio de Unguía, República de Colombia.

El primer alcalde de esta ciudad fue Fernández de Enciso, pero su gobierno duró poco, ya que los colonos lo veían como un avaro déspota. Vasco Núñez de Balboa se aprovechó de la situación de descontento de los colonos, se alió con ellos, derrocó a Enciso y logró ser elegido alcalde.

Ahora bien, se reconoce la creación y méritos de la nueva ciudad de Panamá fundada el 15 de agosto de 1519, nueve años más tarde de la creada en 1510, así como sus innovaciones en esa época, cuyas añejas estructuras pronto cumplirán cinco siglos.

En la celebración solemne de Nuestra Señora de la Asunción, Pedrarias Dávila fundó esa ciudad, la cual, según cronistas de la época colonial, rivalizaba en riquezas con Lima y México.

Es necesario aclarar que, aunque Santa María La Antigua del Darién fue la primera ciudad fundada por los españoles en tierra firme del continente, la creada en 1519 fue la primera en las costas del Mar del Sur u Océano Pacífico, que reemplazó a las ubicadas en el Caribe.

El 15 de septiembre de 1521, el rey de España Carlos V, le otorgó el título de Ciudad y un Escudo de Armas. Poco a poco fue creciendo y ya para 1609 tenía más de 600 casas, una catedral, varios conventos, una casa de cabildo, las casas reales y otros edificios.

El trazado original de la ciudad era el de un tablero de ajedrez, como lo mandaban las disposiciones urbanistas de las Leyes de Indias, inspiradas en una vieja tradición romana de Vitrubio. Calles que se cortan en ángulo recto, tres de ellas van del Este al Oeste: la Carrera, la Empedrada y la Puentezuela; siete se orientan de norte a sur. Todo cubre en total unas 59 hectáreas. Según Hernán Cortes, este trazado en forma regular, a manera de tablero de ajedrez, servía para dominar mejor las revueltas con la caballería.

En el centro y corazón de la ciudad estaba la Plaza Mayor, cuyo ancho era unos dos tercios de su largo. Al costado oriental de la Plaza, se ubicaba la Catedral, hecha de cal y canto, con sus tres naves en planta de cruz latina; sus altares, cofradías y su Cabildo eclesiástico. Próximo a la Catedral, la Casa Cabildo y las Casas Reales.

Más al norte se hallaba el Barrio Comercial, próximo al puerto de la Ensenada que cierra la Punta Judas. También la Casa de los Genoveses, centro de contratación de esclavos; los almacenes que sirven al puerto y, en este, lugares para carena y calafateo de pequeñas naves, en la Calle de los Calafates.

Los barrios residenciales estaban situados hacia el poniente de la Plaza Mayor, por las calles de la Carrera, la Empedrada y Puentezuela. Allí estaban los conventos de piedra de la Compañía de Jesús, la Concepción, San Francisco, el Hospital de San Juan de Dios, la Merced, con sus huertas conventuales, sus religiosos, y legos, que asistían, algunos, a lejanas misiones en el Istmo, en las tierras del Guaymí y en Darién.

Finalmente, sus barrios suburbanos ‒Malambo y Pierdevidas‒, tenían casas construidas de paja, donde se albergaba la población negra trabajadora, mano de obra esclava, en su mayoría. El aprovisionamiento de víveres venía de hatos y huertas cercanas y de pequeños centros agrícolas y ganaderos que había en el interior, en Los Santos.

A las salidas de la pequeña urbe había dos puentes: el Puente del Rey, en el Camino Real de Portobelo, y el Puente del Matadero, que lleva al interior, a Natá.

La ciudad fue destruida el 28 de enero de 1671 por el pirata inglés Henry Morgan y sus secuaces ultrajaron a las mujeres y asesinaron a la mayoría de los pobladores. La acción culminó con un incendio, lo que motivó su traslado en 1673. Las ruinas se convirtieron en lo que hoy es Panamá “La Vieja”, declarada en 1997 patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

El conjunto histórico abarca 28,5 hectáreas a 20 kilómetros al este de la actual capital panameña, está formado por la Torre de la Catedral, el Puente del Rey, las ruinas de sus conventos, un hospital, casas y calles empedradas.

Fuente: https://www.otromundoesposible.net/la-ciudad-de-panama/

La segunda Ciudad de Panamá (Casco Antiguo – San Felipe) y su desarrollo en otras áreas capitalinas, serán objeto de futuras entregas periodística.

Datos adicionales:

– Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, como Pedrarias la bautizó, no fue construida en el mejor sitio, ya que era una zona fangosa e insalubre, donde los rayos del sol eran ‒y son‒ muy fuertes. Se cuenta que, tras la inauguración de la ciudad en 1519, se intentó buscar un mejor lugar, pero los gastos y la inversión realizada eran cuantiosos, por lo que una mudanza a esas alturas no era factible.

– La ciudad tuvo dos puentes: El del Rey y el del Matadero, que servían como vías de acceso terrestre a la ciudad. El puente del Matadero, que era la salida a elegir si el destino era el Camino de Cruces, el río Chagres o la zona agrícola del interior, pasaba sobre el río Algarrobo y se edificó para poder sortear la subida y la bajada de las mareas y para escapar de los caimanes.

Se cree que este fue el puente por el que Henry Morgan y su comitiva entraron a la ciudad. Su nombre, simplemente, hace referencia a un matadero que estaba en ese lado de la ciudad y, como dato importante, sirvió para el paso de vehículos hasta 1953.

– El puente del Rey, por su lado, es una obra representativa de la albañilería de la época colonial y cruzaba el río Gallinero, el cual fue rebautizado y conocemos hoy con el nombre de Río Abajo.

– El hospital San Sebastián se creó dos años después del nacimiento de la ciudad, el cual disponía de escasos recursos económicos. A pesar de las donaciones de los vecinos, las dificultades eran tantas que se decía que “eran más los pacientes que morían en sus muros que los que sanaban”.

– Ya en el siglo XVII las cosas mejoraron gracias a la administración de los monjes de la orden de San Juan de Dios, quienes atendían a los pobres, a las mujeres humildes y a los soldados, porque “los vecinos pudientes preferían curarse en su propio lecho atendidos por médicos graduados”. No hay diferencia con lo que ocurre en la segunda década del siglo XXI, en esta nueva y ya vieja ciudad cosmopolita, en fiesta permanente.

– Era una ciudad donde la mayor parte de las construcciones y sus dos puentes de acceso fueron levantados en madera, que tenían en el fuego un gran enemigo, aunque no el único. Tres grandes incendios devastaron la ciudad en 1539, 1563 y 1570 y, por si fuera poco, en 1621 un fuerte terremoto también causó estragos. Nuestra primera ciudad tuvo una vida sacudida y eso que aún no habían llegado los piratas.

– El ataque de Henry Morgan, en 1671, puso fin a los 152 años de historia de esta primera ciudad, pero los piratas no fueron los únicos que se esforzaron por apropiarse de la riqueza que pasaba por esta importante urbe.

Varios fueron los ataques que sufrió la ciudad a manos de diferentes asaltantes, pero el más significativo fue el de los hermanos Hernando y Pedro Contreras, oriundos de Nicaragua, quienes, en 1550, atacaron Panamá y se hicieron con 12 cajas de oro y mil barras de plata. Su buena fortuna no llegó muy lejos pues uno de ellos murió ahogado al huir y el otro fue apuñalado.

La parte más relevante de esta historia es que dichos hermanos eran nietos del fundador de la ciudad, Pedro Arias Dávila. No es casual esta historia, que se repite, a través de piratas y asaltantes reeditados (corrupción, nepotismo, juega vivo y un larguísimo etcétera).

– La batalla por la conquista de Panamá la ganó Henry Morgan por ser mejor estratega que el entonces gobernador de la ciudad Juan Pérez de Guzmán. A pesar de que Morgan y sus hombres venían de una precaria marcha cruzando el istmo del Atlántico al Pacífico, este supo leer el terreno y planificar su estrategia mejor que los propios locales.

La caballería de los españoles quedó enterrada en la llanura enfangada por las lluvias de los días previos, lo cual les restó agresividad y efectividad. Por otro lado, los toros bravos que pretendieron usar para arrollar al conjunto pirata quedaron desorientados y asustados por el ruido y terminaron atropellando a la propia infantería española porque Morgan, muy hábilmente, dio a los arcabuceros la orden de derribar a los jinetes. Cientos de prisioneros y heridos y 600 muertos fue el saldo de la batalla de Matasnillo para los españoles.

– Viendo la derrota como algo inminente, Pérez de Guzmán ordenó la retirada y mandó que se prendiera fuego a la casa de la pólvora para evitar que Morgan pudiese hacerse con la ciudad y sus tesoros. Originalmente, se decía que había sido el pirata quien prendió fuego a la ciudad, pero suena poco lógico que, tras pasar tantas penurias para tomarla, fuese a destruirla nada más llegar.

– Cuenta la leyenda que, durante el ataque de Morgan, la orden de San José estaba levantando su iglesia en las afueras de la ciudad, muy cerca del puente del Rey, pero que, pese a estar inconclusa ya exhibía su mayor tesoro, su joya dorada: su altar de oro.

– Se relata que, alertado por la batalla, el fraile a cargo de la iglesia en ese momento, llamado Juan, tuvo la astuta idea de cubrir el altar de oro con una mezcla de óxido de plata para ennegrecerlo. Cuando Morgan llegó a la iglesia, se quejó a viva voz de su pobreza y fray Juan aprovechó para pedirle una limosna. La osadía del religioso hizo tanta gracia al pirata que ordenó darle el dinero requerido.

– Se cuenta, finalmente, que en una ocasión en la que Pedrarias Dávila se encontraba muy enfermo, su débil salud engañó a los médicos quienes lo declararon difunto. Estando ya dentro del ataúd, uno de sus criados escuchó sonidos extraños que venían de dentro del cajón y al abrirlo lo encontraron “resucitado”.

Desde ese momento, Pedrarias adoptó la horrorosa costumbre de conmemorar la fecha haciéndose abrir una sepultura para acostarse en ella mientras escuchaba una misa que se hacía ofrecer. Ojalá que a nadie se le ocurra y, menos aún, a los Pedrarias locales, repetir esta espantosa práctica anormal, la cual, estamos seguros, muy pocos lo intentarán, ocupados en otras “diligencias” más rentables.

Fuente: https://matadornetwork.com/es/10-datos-curiosos-sobre-panama-la-vieja/

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