La salud negada

La salud negada es lo mismo que un acto criminal. Lo que ocurre en la Caja de Seguro Social no tiene nombre.

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MANUEL ORESTES NIETO

La Salud negada

Manuel Orestes Nieto
Poeta

Cuando Alfredo Martiz llegó a la CSS parecía un huracán que todo lo resolvería, pero no fue una pelea de quince asaltos. Agotado de tanto estrellarse, tiró la toalla y salió sin explicaciones convincentes. Pero hizo señalamientos muy graves que se quedaron flotando y no pasó nada. Formalizó o no esas denuncias, la vida siguió igual o creo que peor. Tocó una llaga abierta: el secreto a voces -a costa de desahuciados y muertos- de que la Caja de Seguro Social ha sido martirizada hasta lo indecible. Que la institución ha pasado por todo -caja fuerte, caja menuda, caja saqueada- hasta caer en estado catatónico y sin capacidad de dar servicios eficientes a la población asegurada, sus beneficiarios, jubilados y pensionados.

A ello, hay que agregar que no se investigan las gestiones rapiñosas que provocaron hemorragias financieras, servicios de salud que cayeron a su nivel más bajo conocido, hospitales infectados y cerrados varias veces, funcionarios y empresarios rateros de millones según se explica. Por supuesto que sí hay una monumental crisis de la seguridad social. Crisis, colapso, ineficacia, deficiencia.

Ciudad Hospitalaria que cambió de apellido, por bastarda, a Ciudad de la Salud, Nadie las ha pisado en una década ni las pisarán en lo que resta de este gobierno.

Hace años, con la especulativa Ciudad Hospitalaria y que cambió de apellido, por bastarda, a Ciudad de la Salud, resulta que nadie las ha pisado en una década ni las pisarán en lo que resta de este gobierno. Es ignoto su destino ulterior, sin fecha, porque habrá que ver dónde queda la arena y el cemento y sacar las cuentas de esta zigzagueante construcción inconclusa dos veces. Sencillamente, todo fue y es un fiasco; un proyecto que se gestó con Martinelli -con sus increíbles paredes falsas que hubo que destruir- y que lejos de ser una panacea para la población, se pudrió. Aquella maltrecha tumba decidieron reconstruirla y que, en consecuencia, será pagada con los costos sobregirados, como las decenas de megaobras que han sido coladores de dólares que nadie sabe dónde diablos van a parar y terminan en misterios de bandidos y vaqueros económicos.

Es un monumento alegre de malversación, un escondrijo para robar, como muchos otros hoyos multimillonarios en la década pasada y que, para desgracia de los panameños, van desaguándose en la total impunidad. Impunidad cínica que se volvió una costumbre cotidiana, de complicidades y de una justicia hecha añicos.

El daño es socialmente incuantificable; jubilados y enfermos, lo sabemos y padecemos. Las irritantes y permanentes preguntas por las medicinas faltantes y las cirugías postergadas siguen sin respuestas en medio de una asombrosa insensibilidad e incapacidad. Los abastecimientos de insumos de salud son procesos fallidos, los procedimientos se han pervertido y constituyen la tónica; enfermedades crónicas y de atención especializada han perdido sostenibilidad y los pacientes quedan en la deriva e inauguran un camino hacia la muerte; instalaciones en lugares remotos se han esfumado o no hay nadie que atienda a los humildes. La multitud se agolpa en las puertas de las diversas instalaciones del Seguro cada madrugada y llegan casi a suplicar que los atiendan. Esta es la realidad cotidiana, ocurre en este instante.

Las noticias pasan pero en las pantallas no huele a sangre y dolor. Las autoridades dicen que son sólo quejas infundadas, visiones y exageraciones. La cruda desprotección de los asegurados se incuba con indolencia.

En aquellos tenebrosos años de Martinelli, el gusano de la corrupción penetró muy adentro en la CSS y los siguientes años son como su saga, en una imparable cuesta abajo. No se ha saneado la Caja ni se resolvieron sus problemas; no hay servicios que respondan al interés de procurar una atención humana. Es una granada sin espoleta, en el aire.

A Varela le da igual; él está en su mundo, rezando letanías o en el silencio de los incapaces, no en el mundo de los que no pisarán jamás un hospital privado porque no tienen con qué pagarlo.

La CSS está despedazada y es la única opción de los pobres de curar sus heridas, sus daños de salud o tener una digna vejez. Hoy están en la incertidumbre, el desasosiego y viven una resignación mezclada con rabia contenida.

La recuperación de la Caja y del sistema que incluye al Ministerio de Salud y sus dependencias, no podrá dilatarse ni podrán ser curitas. Es un desafío descomunal y millones de personas están esperando para ser atendidos sin demoras de meses y años.

Esta vergonzosa situación está deslizada por este gobierno para que otros vean que hacen después. No espere nadie ninguna acción gubernamental que tienda a resolver la crisis, se posterga, se escurre este molestoso bulto, se cerró el tema. En el Palacio y su gabinete están muy ocupados haciendo sus maletas y haciendo sus últimos viajes. Más pena que gloria. Iguales mentiras, donde el pueblo fue el último y no el primero.

La plata de esta institución no es un regalo de nadie, ni es caridad, filantropía, botín ni patrimonio privado de algunos vivos que pasaron agachados por allí. Es de los que trabajan, de los que cotizan, de los jubilados que siguen pagando cuotas, de los que no roban a nadie. Es de los saqueados, a los que les han negado el derecho universal a la salud y -por si se les borró de la mente a los que gobiernan- es una de las instituciones fundamentales del país. Es de todos los panameños, no puede derrumbarse y su rescate tiene que darse a como dé lugar.

La salud negada es lo mismo que un acto criminal. Lo que ocurre en la Caja de Seguro Social no tiene nombre.

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