La necesidad tiene cara de perro. Editorial del 18 de diciembre.

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El vocablo latino miseria humana es el que mejor se ajusta a la política social del presidente Juan Carlos Varela, quien en pleno período de adviento (preparatorio de la Navidad) inició la venta caótica de jamones al precio de ocho dólares, en teoría para colocar la cena de Noche Buena en la mesa delos hogares menos favorecidos. La actividad comercial fue un fiasco.

Más allá de la distribución desorganizada, precaria y mal concebida, lo cierto es que millares de personas depauperadas en la metrópoli durmieron en el suelo y formaron largas filas para poder acceder a ese producto subsidiado. Entre ellas, había madres con niños en brazos que desafiaron el sol canicular, ancianos decrépitos, menesterosos y desempleados.

Tratados como gente descartada, los humildes compradores comprobaron que no son otra cosa que víctimas del clientelismo político. Desguarnecidos a la intemperie, muchos presuntos beneficiarios entendieron que para adquirir un jamón barato deben inclinarse ante la casta de burócratas y la elite del capital financiero que ostenta el poder económico del país..

En la insólita venta de jamones, hubo escenas desgarradoras captadas por las cámaras de televisoras locales, mientras el mundo miraba con estupor a mujeres desfallecidas ‒algunas amarradas con cuerdas para evitar ser sobrepasadas‒, que alzaban con desesperación sus manos en procura de una pieza, como solía ocurrir en el antiguo imperio romano.

Tras ese espectáculo bochornoso, sus organizadores carentes de pudor deberían reconocer que miseria significa desgracia e infortunio, pero también falta de valores, respeto y afecto hacia los demás. Sin duda, la miseria es mayor cuando está incorporada a la política oficial de pan y circo, que convierte a los pobres en miserables y denigra su condición.

Nada justifica esa conducta de sorna, prepotencia y crueldad que ofende la dignidad nacional. El pueblo panameño merece algo mejor que el manejo de actividades promovidas por elementos ruines e incapaces, que disfrutan viendo a hambrientos arrastrarse por bolsas de comida, mientras que en los palacetes los ricos ingieren majares y enferman de indigestión.

Está plenamente demostrado que, para crecer fuertes, los países necesitan apoyarse en valores como la solidaridad, pero pueden perder el rumbo cuando apelan a la caridad o la limosna. En ese proceso, es justo elevar los niveles de Educación, Cultura y Autoestima, para generar capacidades propias, desatar el nudo gordiano y poner alto definitivo al ultraje.

1 COMENTARIO

  1. Reciban un atento y fraternal saludo de paz y bendiciones desde México hasta Panamá, la patria de Omar Torrijos Herreras y de otros y otras patriotas que han tenido dignidad y valor para defender la soberanía de esa gran nación. En el presente editorial se destaca también el deseo de que la población aumente su cultura y conocimiento para que se esfuerce y procure vivir sin las humillaciones del capitalismo Salvaje que en su versión Neoliberal le viene haciendo daño a toda la Humanidad. Deseo para las y los Panameños, lo mejor en el próximo año 2019 que también será de periodo electoral. En México, afortunadamente escogimos un Presidente progresista y humanista, el compañero Andrés Manuel López Obrador. Deseo que Panamá y México aumenten sus vínculos en la lucha por construir Paz y Justicia Social. ¡Venceremos!, Fernando Acosta Riveros, colombiano-mexicano

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