La cuenca del Canal de Panamá está cada vez menos hídrica

La presión de las actividades humanas y el desarrollo de megaobras amenazan a la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá.

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El Canal de Panamá depende de su cuenca hidrográfica.

Por Aníbal Taymes Gavidia
Catedrático universitario y especialista en ciencias forestales

El Canal de Panamá, que pertenece a todos los panameños, funciona debido a dos factores básicos: su infraestructura y su cuenca. En la medida en que ambos factores se encuentren en armonía, es decir adecuadamente equilibrados, se mantendrá su eficiencia y su eficacia.

Las infraestructuras del Canal de Panamá están garantizadas para funcionar por muchos años. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de su cuenca (entiéndase la cuenca hidrográfica de la vía interoceánica).

Las cuencas son espacios físicos naturales, con dimensiones determinadas solamente por sus límites y de lo cual derivan su nombre. Por ejemplo, hay cuencas políticas, geopolíticas, económicas, muy pequeñas o muy extensas, siempre con una característica común: interacción del hombre con los recursos de esos espacios.

Las más comunes o aquellas con las que la población está familiarizada son las cuencas hidrográficas, por los grandes y diversos beneficios que generan, debido a los recursos naturales, en particular al equilibrio hídrico fundamental para el aprovechamiento máximo del agua. Ello incluye las fuentes de agua dulce y tierras que recorren hasta llegar a un punto en común.

Tras la aclaración del concepto ambiental, surge la inquietud ante la degradación vertiginosa registrada en la cuenca del Canal de Panamá, en ambas subcuentas: la del Noreste y la del Oeste.

Esa realidad ocurre ante la indolencia de autoridades creadas justamente para proteger y garantizar de forma indefinida los servicios que se derivan de esa cuenca hidrográfica, la más importante de este país.

Lo que sucede a ambos lados de las riberas del Canal, es realmente triste, absurdo, ilógico e irremediable. Los proyectos de inversión están obligados a someterse a consultas populares o públicas y atender una serie de relaciones, especialmente cuando afectan sensiblemente los recursos naturales y amenazan el recurso más importante de los panameños: la vía interoceánica.

Nada de ello tiene justificación. Cuando se observa la relación costo ambiental vs beneficio social, o relación costo beneficio (económico y social) y otros, los indicadores resultarán negativos, ya que los daños ambientales no siempre son reversibles.

Por ejemplo, en el área de Loma Cová y sus alrededores, se está deteriorando fuentes importantes de agua que se originan en el Cerro de las tres Antenas, como son los ríos de Arraiján, Velásquez, Bique, entre otros. La vegetación que allí se ha destruido no podrá recuperarse en menos de 80 años, si es que se cuenta con los insumos necesarios, cosa que es dudosa, además de la biodiversidad perdida e irrecuperable.

Otro tanto ocurre alrededor de los Lagos Pedro Miguel y Miraflores. Ese desastre califica como delito ecológico, por sus repercusiones, aun cuando algunos rótulos llevan el nombre de los responsables de las obras emprendidas.

Los tecales que han sido destruidos de la noche a la mañana, llevaban más de 60 años establecidos y representaban una de las más importantes fuentes de semillas en el ámbito nacional para esa especie forestal, sobre todo después de que fueran arrasadas plantaciones similares en Puerto Armuelles, en la provincia de Chiriquí, para darle paso proyectos de vivienda.

El costo ambiental y social está por encima de cualquier tipo de beneficio. Lo saben todos los inversionistas, y así está consignado en las políticas internacionales.

Toda la Cuenca del Canal sufre el mismo proceso de deterioro, por diversos proyectos o actividades, desde residenciales a agropecuarias, entre otras. Las megaobras representan una seria sobrecarga negativa para el ecosistema.

La irregularidad de las lluvias, o su distribución anormal es una consecuencia directa de la deforestación, lo cual se traduce en tragedias cuando no somos capaces de canalizar o almacenar adecuadamente el exceso de agua.

¿Quiénes se están beneficiando con ese deterioro ambiental?, ¿se está mirando con transparencia el futuro del Canal de Panamá?, ¿qué problema social se está resolviendo con las megaobras?, ¿dónde están las autoridades responsables que al final de cada año inician una campaña para reducir el consumo de agua, anunciando que habrá escasez o una larga sequía? ¡Qué ironía!

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