Itinerario de un trapiche: de la agroindustria al turismo cultural

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El trapiche en plena ejecución. (Foto: Madeleine Sautié Rodríguez).

El trapiche de tracción animal, data del siglo XIX y se encuentra en perfecto estado de funcionamiento.

Por Madeleine Sautié | madeleine@granma.cu

MÉXICO, MORELOS – Las tradiciones son la eternidad misma. Algunas tienen en su naturaleza la espontaneidad de un tiempo que al pasar engrosa sus raíces; otras llevan consigo el propósito de ciertos grupos humanos de no dejar morir lo que su abolengo sembró en materia de cultura para que perdure en la memoria de su pueblo.

De este tipo es la que acaba de rescatar Itinerarium, turismo y experiencias culturales, una empresa mexicana que se empeña en difundir y promover el patrimonio histórico, artístico y cultural de esa hermana nación por medio del turismo. Su director, el abogado Roberto Abe Camil, acaba de inaugurar —como parte de las rutas que emprende su proyecto, entre las que se incluyen algunas relacionadas con Cuba— la puesta en marcha de un trapiche de tracción animal, que data del siglo XIX y se encuentra en perfecto estado de funcionamiento.

«Se trata de un producto genuino y netamente morelense para el inmenso potencial que tiene el estado de Morelos como destino de turismo cultural. El trapiche está intrínsecamente ligado a la caña de azúcar, la que con mucho orgullo retomamos ahora por todo lo que ella representa para la historia de México. En esta región sureña por casi 500 años la hemos sembrado y este es un vínculo entrañable con Cuba, porque desde Santiago de Cuba la trajo Hernán Cortés hasta aquí. A partir de ahí independientemente de los fuertes lazos que tienen ambos pueblos, la caña es un referente de unidad indiscutible».

«El trapiche tiene una historia familiar. Llegó a México en el Porfiriato (periodo histórico en el que ejerció su mandato en México Porfirio Díaz) y ha trabajado desde el siglo XIX. Ahora en el XXI lo seguirá haciendo pero no ya en la agroindustria sino en el turismo cultural».

En palabras de Abe Camil, quedaba explicado ante un grupo de turoperadores y funcionarios de la Dirección de Desarrollo de Productos Turísticos de la Secretaría de Turismo en Morelos, el motivo por el que le pareció oportuno y prometedor echar a andar la máquina fabricada en 1884. Denominado El Jicarero, debido a la comunidad donde está enclavado, este trapiche de hierro forjado rescata, tirado por una yunta de bueyes, el proceso artesanal de fabricación de azúcar y sus derivados como guarapo o jugo de caña, piloncillo, meladura y aguardiente, y representa el empeño de Itinerarium por preservar y difundir el modo de obtener el azúcar como se hiciera inicialmente. 

La puesta en marcha del trapiche en el Parque Acuático Aqua Splash, una de las áreas que acoge al proyecto, tiene con toda intención el fin de destacar el vínculo histórico de la caña de azúcar con la historia de esta región mexicana, una de las mejores zonas cañeras del país. El cultivo de la gramínea significó una fuente decisiva de prosperidad económica para esta parte de la geografía mexicana por casi cinco siglos, con lo que se convirtió este Estado, a principios del siglo XX, en el tercer productor mundial de azúcar.

Itinerarium sabe del tesoro que entraña conocer la historia y la cultura de un pueblo, y de la curiosidad que despiertan estos misterios en todo visitante foráneo, para el que no habrá atractivo mayor que descubrir el modo en que la gente de ese lugar vive, se divierte y disfruta. Por esa razón insertó la inauguración del trapiche en medio de una fiesta que empezó desde el mediodía, en una comunidad campesina de Jicarero, donde su líder, el Comisariado Ejidal Andrés Ramírez, en representación de los campesinos, acogió a los concurrentes para mostrarles los esparcimientos que cotidianamente animan a los lugareños. 

Las muchachas de la comunidad de El Jicarero, bailando una danza tradicional. (Foto: Madeleine Sautié Rodríguez).

Convencidos de que el turismo cultural tiene que ser también social —por lo que es preciso seducir a los excursionistas con la belleza, los aromas y sabores de la culinaria del entorno— los organizadores del festejo, durante el primer tiempo del recorrido, exhibieron y ofrecieron productos que se elaboran en la propia comunidad, tales como quesos, miel y sabrosas bebidas, como el mezcal y el rompope.

La música y el baile tradicional mexicano no se hicieron esperar en un tablado rústico y perfecto para el taconeo de las muchachas, ataviadas con los trajes identificativos de la región. Después, una pequeña banda de música matizó los más descollantes momentos de un rodeo de toros, que dejó ver la destreza de jóvenes pobladores en el arte de montar bestias al pelo.

A tan seductor espectáculo siguió —ya en la escena misma del trapiche y un poco antes de que empezara a sentirse en el aire el dulzor del guarapo— un momento especialmente musical, a cargo del prestigioso corridista Jesús Peredo. Tras un toque de campana el eminente trovador ofreció a los visitantes, durante poco más de una hora, su voz y guitarra. Por los cantos desfilaron personajes populares, históricos y del imaginario de Morelos.

No pocos de los espacios musicales aludieron a la Isla de donde se trajo hasta aquí la caña de azúcar. Resultó oportuno para el Maestro mostrar asombrosas similitudes entre una de las romanzas con la composición de la habanera Mariposita de Primavera, del creador cubano Miguel Matamoros, mientras que en otro intervalo se interpretó el corrido ¡Viva Cuba libre!, cuyo contenido apunta a la Guerra de Independencia iniciada en el siglo XIX.

Con las melodías aún en el ambiente comenzó a triturar caña el trapiche, destilando en breve el aromático jugo. Los convidados, absortos al contemplar la impecable ejecución de la máquina, no pudieron menos que comentar. Unos se paraban para ver caer y empalagarse con el néctar que brotaba del viejo molino; otros, acaso los más circunspectos, pensaron en los horrores de la esclavitud, cuando en lugar de bueyes eran hombres explotados los que lo hicieron andar.

Tras la fascinación del espectáculo, una típica comida mexicana, acompañada de productos fabricados con el propio trapiche, como el aguardiente y el piloncillo, se puso al servicio de los testigos. Sentados en cómodos equipales (asientos originarios de Jalisco) degustaron las maravillas de esta gastronomía, exquisita hasta para el más exigente de los comensales.

Pero Itinerarium va por más. Sus seguidores quedarán sin palabras cuando degusten para el próximo verano un ron que se obtendrá de la primera fábrica artesanal con estos fines, en esta parte sureña del estado de Morelos, bendecida por su situación geográfica, su hermosa historia y su cultura.

 

 

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