Francisco, hay que abolir el celibato

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Por Alberto Velásquez
Periodista

Recientemente, el Papa Francisco publicó una carta dirigida a todos los católicos del mundo, sobre la crisis que afecta la iglesia por los abusos sexuales cometidos por clérigos en diferentes países. Fue un “mea culpa” (locución latina que se traduce literalmente como “por mi culpa”) sin precedentes.

La Iglesia no ha sabido actuar ni identificar el grave daño que esos pederastas le han causado a la fe católica.

Los abusos sexuales no son nada nuevo. Contrario a numerosas otras religiones, salvo algunas como el budismo, la católica exige el celibato a sus predicadores. El celibato es un estado permanente sin sexo, aunque no es un desprecio al matrimonio. Por ello, sus desviaciones hacia la pedofilia y en consecuencia los casos de pederastas con sotana.

Cuando Pedro y los apóstoles fueron escogidos por Jesús, todos eran casados. El celibato no era práctica entre los primeros cristianos. Todos llevaban una vida normal de familia.

Pero cuando la iglesia comenzó a mermar sus riquezas, en vista de que sus promotores casados heredaban sus fortunas a los descendientes, el freno que impuso fue el celibato. Los concilios de Letrán así los determinaron.

Desde entonces, fue una práctica, fuera de lo natural, que en nuestra época no tiene sentido, dando pábulo a numerosos casos de abuso sexual que hoy día son un escándalo.

Altos jerarcas de la iglesia católica están sindicados por encubrimiento, entre ellos obispos, arzobispos y hasta cardenales, y la renuncia masiva de los principales de la iglesia chilena, son apenas casos relevantes, a los que se suman los más recientes en el Estado de Pensilvania, Estados Unidos.

En atención a esos hechos, que afloran, y muchos otros que no son conocidos, el Papa Francisco debe examinar las posibilidades de anular el celibato, práctica totalmente desfasada frente a un mundo diferente a los inicios de la cristiandad.

El religioso de nuestra época es sujeto de las presiones de un ambiente cada vez más determinante en la conducta humana.

Hagamos un análisis a fondo, que no se quede en un remordimiento por haber pecado. El pederasta comete un delito y debe ser castigado, y antes de que se multipliquen, consideremos la opción de abolir el celibato.

Papa Francisco acongojado por la violación de niños.

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