Exposiciones de historia

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Campo de concentración de Auschwitz / Foto: Wikipedia - Fotógrafo Stanislaw Mucha (CC-BY-SA-3.0-DE).

Exposiciones de historia
Acerca de la construcción de la realidad

Por Monika Flacke, M.A., | Humboldt
Directora de colecciones de arte y fotografía, así como curadora de exposiciones en el Deutsches Historisches Museum (Museo Histórico Alemán) con sede en Berlín

Las exposiciones de historia están de moda. Realizadas con todos los detalles, atraen a un gran número de visitantes y ponen su impronta en la construcción de realidades históricas. Pero es precisamente esta forma de crear y transmitir una imagen del pasado lo que resulta problemático.

Las imágenes utilizadas en exposiciones de historia, en el cine o en la literatura, tales como fotografías o pinturas, no están en condiciones de reconstruir lo sucedido (Hayden White). Sin embargo, tanto los historiadores como los curadores de museos dependen de tal material. Pero es una falacia si, al utilizarlo, consideran que “lo procesual de lo real”, es decir, el transcurso de los sucesos, se puede representar realmente a través de dichos medios, pues la representación de lo histórico no es más que el resultado de una “actividad de hacer ficción” (“fiction making activity”, Eva Hohenberger, parafraseando a William Howard Guynn), una adquisición a posteriori de la historia que, en el mejor de los casos, sólo muestra una parte de la verdad.

Exposiciones de historia

En las exposiciones, las imágenes –que nos ocuparán a continuación– se combinan con textos y con el espacio para formar una unidad. Sin embargo, cada uno de estos tres niveles –la imagen, el texto y el espacio– presenta una problemática propia.

La imagen

Con gran frecuencia, en las exposiciones de historia las imágenes sirven para ilustrar sucesos o temas sin que los curadores hayan analizado su contenido documental o sin tener en cuenta que las imágenes en sí forman parte de la construcción histórica. Una y otra vez “se olvida (…) que las imágenes no sólo son representaciones, sino también parte de la construcción de aquella realidad que sólo aparentan ilustrar. Por ello, tanto más urge constatar que (…) las imágenes dejan su huella en los sentimientos, en la razón, en las acciones y en la memoria” (como lo expresara Horst Bredekamp, especialista en historia del arte, en su discurso con motivo de la inauguración de la exposición Mythen der Nationen. 1945. Arena der Erinnerungen, pronunciado el 1 de octubre de 2004).

Hasta qué punto es así lo demuestra un ejemplo especialmente significativo de la historia contemporánea. En el invierno de 1945, Stanisław Mucha fotografió la entrada al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Esta fotografía se viene utilizando en todo el mundo, desde hace décadas, en libros, películas y exposiciones: se ha convertido en un “icono del exterminio” (Cornelia Brink). Pero al analizarla con mayor detalle, resulta claro que esta fotografía no muestra lo que el observador cree estar viendo. Se tomó después de la liberación del campo, en 1945; en ella no se ven personas sufrientes, trenes ni guardias en las torres de vigilancia. Mucha tampoco fotografió el campo en sí, sino la entrada con el portal, ubicados en la parte anterior al campo de exterminio. A pesar de ello, esta imagen ha dejado su huella “en los sentimientos, en la razón, en las acciones y en la memoria“. Por así decirlo, pende “de los hilos de un texto invisible” (Gottfried Boehm). Cabe asumir que el efecto de esta fotografía se debe a lo siguiente: la cadena de asociaciones que despierta espontáneamente en el observador (Auschwitz / exterminio / vacío / frío / soledad) apela sin rodeos a su empatía y a sus emociones. Es posible que esta increíble intensidad de la fotografía haya conducido a que los curadores la utilizaran una y otra vez, sin dar cuenta de su efecto, de la historia de su recepción ni sobre su significado (Horst Bredekamp).

Asumir que las imágenes son documentos del pasado hace que su utilización en exposiciones aparente ser sencilla. Los curadores las consideran sus aliados ideales, por ejemplo, para representar batallas, fusilamientos, etc. Pero en su calidad de constructos históricos se han de contemplar tan críticamente como los textos.

Las imágenes y el texto

Con frecuencia, las exposiciones de historia siguen un hilo conductor cronológico o temático. Junto al texto que describe un suceso y analiza sus consecuencias, se presenta una imagen que pretende ilustrar dicho texto. Pero la imagen en sí no representa ni el suceso ni sus consecuencias. La fotografía de Mucha, por ejemplo, no muestra el exterminio de los judíos, a pesar de que el texto que la acompaña en casi todas las exposiciones describe con mucho detalle la historia del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

La incapacidad de la imagen de ilustrar con exactitud también se debe a que proviene de otra época: a diferencia de los textos, las imágenes pertenecen al pasado. Más precisamente, los textos describen una posición del presente hacia el pasado, mientras que las imágenes describen la posición del pasado, sin tener relación con el presente actual: son los curadores quienes establecen esta relación. En el peor de los casos, esto puede significar que, en las exposiciones, un texto contemporáneo utilice un constructo histórico del pasado, sin indagar críticamente cuál es la posición de ese constructo.

El espacio

Quien visita una exposición se mueve en un espacio en el cual puede ver, simultáneamente, imágenes, vitrinas así como textos amplios y breves. La cuestión de la percepción en el espacio y el tiempo es, por tanto, el tercer elemento de las exposiciones. La solución al problema de darle una lógica visual adecuada al movimiento y a la percepción en el espacio depende decisivamente de la respuesta a otra pregunta, a saber: ¿Cuál es el papel que desempeñan las imágenes en la concepción? Si éstas se limitan a ilustrar el texto, no se podrá establecer ninguna lógica visual en el espacio, a pesar de que las imágenes son la base constructiva de las exposiciones y dominan en la percepción del observador. Si las exposiciones se tomaran en serio como tales, en sentido estricto el nivel de la imagen debería organizarse de manera que la secuencia de estampas y su vecindad respectiva diera como resultado un relato en ilustraciones, en función del tema de la exposición. En la ya mencionada exposición Mythen der Nationen. 1945 – Arena der Erinnerungen, presentada en el año 2004 en el Deutsches Historisches Museum (Museo Histórico Alemán) de Berlín, se intentó no ilustrar mediante las imágenes, sino tomarlas como punto de partida de todas las reflexiones de concepción.

Bibliografía

Boehm, Gottfried: Jenseits der Sprache? Anmerkungen zur Logik der Bilder. In: Christa Maar/Hubert Burda (edit.), Iconic Turn. Die neue Macht der Bilder, Colonia, Dumont 2004, ISBN 3-8321-7873-2

Bredekamp, Horst: Bildakte als Zeugnis und Urteil. En: Flacke, Monika (Hg.): Mythen der Nationen. 1949 – Arena der Erinnerungen, Maguncia, Philipp von Zabern, 2004, págs. 45 – 51, ISBN: 3-8053-3298-X

Brink, Cornelia: Ikonen der Vernichtung. Öffentlicher Gebrauch von Fotografien aus nationalsozialistischen Konzentrationslagern nach 1945, Berlín, 1998

Hohenberger, Eva: Dokumentarfilmtheorie. In: Hohenberger, Eva (edit.): Bilder des Wirklichen. Texte zur Theorie des Dokumentarfilms, Berlín, Verlag Vorwerk 8, 1998

Guynn, William Howard: A Cinema of Nonfiction, Rutherford N.J., 1990

White, Hayden: Das Ereignis der Moderne. En: Hohenberger, Eva; Keilbach, Judith (edit.): Die Gegenwart der Vergangenheit. Dokumentarfilm, Fernsehen und Geschichte, Berlín, Verlag Vorwerk 82003, ISBN 3-930916-63-0

White, Hayden: Auch Klio dichtet oder die Fiktion des Faktischen, Stuttgart, 1986

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