Erupciones volcánicas en el mundo invitan a poner el ojo en la prevención en Panamá

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Lava volcánica expulsada por el monte Kolauea en Hawái. (Foto AP).

Erupciones volcánicas en el mundo invitan a poner el ojo en la prevención en Panamá

  • El volcán Barú es un gigante dormido de 3.475 metros de altitud, que podría despertar en los próximos 90 años, si las condiciones volcánicas son activadas.
  • En Panamá, hay unas 45 estructuras de origen volcánico que deberían ser estudiadas por científicos, pero en este país faltan profesionales de la vulcanología.

Por Domingo Urriola
Estudiante de Periodismo

Las erupciones registradas en 2018 en el volcán de Fuego, en Guatemala, y en el monte Kilauea, en Hawái, aumentaron el interés de los estudiosos de la vulcanología en Panamá, quienes apuestan por la respuesta de las comunidades ante los desastres causados por la expulsión de lava y flujo piroplástico.

El ingeniero geólogo Eric Chichaco, del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, reconoció que la actividad volcánica es una amenaza latente en áreas donde hay volcanes y se requiere disponer de información científica actualizada.

El investigador dijo a Bayano digital que “los volcanes muestran señales ante una posible erupción, a través de movimientos sísmicos, elevación en la temperatura de las aguas cercanas al lugar, calentamientos en la zona y cambios en la topografía”. Añadió que es necesario saber interpretar esas señales.

Estudios radiométricos y químicos de los principales aparatos volcánicos del oeste de Panamá sugieren evidencias de un volcanismo activo y reciente, que, en algunos casos, como el volcán Barú, llegan hasta hace unos 700 años (IRHE-BID-OLADE, 1985) y 300 años para el complejo de la Yeguada (Cook, 1987).

Sin embargo, Chichaco comentó que “en Panamá no existe una cultura de prevención y que

Ingeniero geólogo Eric Chichaco, del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá. (Foto: Domingo Urriola).

el tema de los riegos volcánicos se maneja de manera irregular y, al final, las tareas de reacciones (en la población) pueden presentar carencias”.

En alusión al volcán Barú, localizado en la occidental provincia de Chiriquí, limítrofe con Costa Rica, el experto recordó que registra actividades sísmicas a lo largo de la historia geológica.

Aclaró que cada 23 años se forman “enjambres sísmicos” (seísmos), que hacen difícil distinguir si los temblores son causados por la actividad del volcán o la subducción de placas, o sea, el proceso de hundimiento de una zona oceánica de una placa litosférica bajo el borde de otra placa en un límite convergente.

¿Qué se hace en el ámbito científico para mitigar riesgos?

Chichaco manifestó que fue iniciado un estudio de la estructura volcánica en el que se puede determinar, con fundamento en la historia de las erupciones, la clasificación mediante un mapa, para detallar cuáles son los materiales que pueden ser expulsados a través del cráter volcánico y hasta qué distancia podrían llegar.

Los volcanes lanzan a la superficie diferentes “productos”, como flujo piroplástico (nube ardiente de hasta 400 grados Celsius) lava, lahar (flujo de sedimento y agua), cenizas, pómez y polvo. Todo ello varia debido a la química del magma.

Sobre el Volcán Barú, Chichaco mencionó que hay un plan para determinar, por zonas específicas, el nivel de riesgos y saber qué acciones deben ser tomadas ante una erupción. “Para ello, se asignó el color verde a las zonas seguras, el amarillo a las de riesgos y el rojo a las zonas con mayor peligro”, acotó.

Sostuvo que “Panamá no tiene volcanes activos, pero es necesario conocer los riesgos potenciales” para tener un panorama de la realidad. Advirtió que la mala gestión territorial en otros países llevó a la población a trasladarse a las faldas de tierras fértiles, menos costosas, pero propensas a tragedias volcánicas como las ocurridas en El Salvador, Guatemala y México.

El planteamiento de Chichaco es coincidente con la afirmación del Dr. Thomas Walter, vulcanólogo del Centro de Investigación Geológica (GFZ) de la Universidad de Potsdam, quien propuso activar un sistema de alerta temprana y el monitoreo de volcanes alrededor del mundo, para la reducción de riesgos.

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