Entre la esperanza y el desafío. Editorial del martes 2 de julio

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El discurso pronunciado por el presidente Laurentino Cortizo en la toma de posesión del 1 de julio ofreció sosiego a la comunidad internacional y generó esperanza a la mayoría de la población panameña, al haber apostado por la reactivación de la maltrecha economía de Panamá y el imperio de la justicia, ante el sombrío panorama de peculado, incapacidad y una grave pérdida de la institucionalidad.

Sin embargo, la oferta presidencial excluyó temas relevantes, entre ellos la urgente definición del rumbo de las relaciones internacionales sin dobleces que demanda el país, la forma en que será enfrentado el modelo que empobrece a los productores agropecuarios y degrada al ambiente, y el combate frontal a la corrupción que alcanza al sector público y salpica a los influyentes grupos privados.

Es necesario resaltar que mientras el mandatario se disponía a transmitir su mensaje a través de una cadena nacional de radio y televisión, la delegación de Estados Unidos abandonó el recinto ceremonial luego de cumplir la clara misión de prevenir al gobierno entrante para que tome distancia de China y ejerza mayor presión económica, política y diplomática sobre el gobierno de Venezuela.

Sin duda alguna, la recuperación del prestigio de este país implica asumir una conducta firme y soberana, y abogar por la paz y la neutralidad de la vía interoceánica. El desconocimiento de esos principios elementales, sumado al saqueo del patrimonio nacional, desdibujó el mandato del ex presidente Juan Carlos Varela, quien subordinó la política exterior a los dictados de Washington.

Una imagen de dignidad debe surgir ante el enorme reto que se avecina en el ámbito hemisférico. La administración emergente tiene que recurrir al método torrijista de la consulta para ganar apoyo y abstenerse de avalar aventuras intervencionistas o sumarse al coro de países seguidores de la extraterritorial Ley Helms-Burton, que agrava el bloqueo contra Cuba, denunciado en Naciones Unidas.

En 10 años de excesos administrativos, impunidad y sucesivos escándalos de corrupción, Panamá ha acumulado problemas sociales que son transferidos al gabinete ministerial formado esencialmente por tecnócratas y macroeconomistas. La excesiva ponderación burocrática en el esquema de gobierno amenaza con dejar de lado el trabajo organizativo, la militancia y el empoderamiento de las bases.

La población panameña ha dado muestras de apoyar una gestión encaminada a fortalecer la identidad nacional, la transparencia y la lucha contra la pobreza y el desempleo, pero no aceptará con facilidad las dilaciones en la ejecución de políticas sociales. La falta de respuestas oportunas podría minar el camino de un gobierno que se dispone a cambiar la Constitución Nacional en un plazo perentorio.

1 COMENTARIO

  1. Saludos de paz y bendiciones desde México hasta Panamá. Deseo lo mejor al pueblo de Panamá ahora que se inicia un nuevo gobierno. Los países de Nuestra América deben reafirmar su Soberanía y la Dignidad de la región. No se puede continuar obedeciendo y temiendo a las amenazas del imperio estadounidense. Panamá no debe ser una colonia. Ojalá exista voluntad para caminar por la senda del general Omar Torrijos Herrera. Los pueblos necesitan tener buenos trabajos, oportunidades de educación, un sistema de salud incluyente y próspero. Sin salud, sin educación y sin trabajo, la llamada Democracia se convierte en una Desgracia con Privilegios para Pocos y una Desgracia Terrible para el resto. Atentamente, Fernando Acosta Riveros, colombiano-mexicano, Amigo y simpatizante del Pueblo Panameño.

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