En el omelette del 2019, involucrados o comprometidos

Todos frotamos la lámpara de Diógenes en busca de un hombre honesto.

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En el omelette del 2019, involucrados o comprometidos

Por Cecilio E. Simon E.
Redacción de Bayano digital

Aldo, mi barbero, mientras corta el pelo o hace la barba a un cliente, propicia los más acalorados debates sobre el acontecer nacional.  Ese filósofo popular, llena el espacio con sus argumentos y sus conclusiones son como las de Diógenes, quien frotaba su lámpara en busca de un hombre honesto.

Involucrarse y comprometerse fue el tema ayer. Parte de una reflexión extraída de la fábula de la gallina y el cerdo, sencilla pero concluyente:

En un omelette la gallina está involucrada porque cacarea el huevo y el cerdo está comprometido porque puso el jamón.

Para Aldo la política es como un omelette, hay dirigentes que comprometen la vida por una causa (Gandhi, Omar Torrijos, Juan Navas, Floyd Britton); en tanto otros, como la gallina vanidosa que se involucra, cacarean que pusieron el huevo más grande del corral.

Comprometerse es contraer una responsabilidad, involucrarse es tomar parte en un asunto.

Ricardo Martinelli y su álter ego (por estar muy identificado con  sus opiniones y modo de actuar) Juan Carlos Varela manejaron un presupuesto de  181 mil millones de dólares en 10 años.  Los megaproyectos son su predilección. “Hice más en cinco años que en cincuenta” decía Martinelli. “Yo hice la línea dos del Metro” cacarea Varela. Ellos son los típicos gobernantes involucrados, que como la gallina ponen el huevo, mientras que otros se comprometieron, incluso con la vida, para servir a la mesa el omelette.

Más de lo mismo es la oferta y discurso electoral del 2019 de la mayoría de los candidatos involucrados.

Para captar el voto de los pobres recurren al clientelismo: aumento de la beca universal,  mas subsidio a los jornaleros que no recibieron su jubilación, porque los gamonales de las plantaciones de caña no les pagaron el seguro social.  Mejorar la calidad de la educación pública, agua, recolección de la basura, seguridad, seguirán siendo frases y palabras vacías de contenido.

Los candidatos involucrados, que compiten por el financiamiento de los poderes fácticos a sus campañas, les ofrecen a cambio: concesiones, contracciones públicas, megaproyectos que valoricen las inversiones, tercerización (privatización) de servicios en el Canal de Panamá, flexibilización de la legislación laboral, el aumento de la edad de jubilación y más incentivos para el capital financiero nacional y transnacional bajo el supuesto de que así generarán empleos para los pobres.

Las capas medias a las que Omar abrió las universidades para su acenso social, que él llamó la generación del 2000, son los olvidados del festival de los involucrados.  A ellas, sensibilizadas por la situación política del país, solamente se les ofrece la ficción de una reforma a la constitución, una dudosa lucha contra la corrupción, como hizo Varela, y la consigna “no a la reelección”.

Este segmento de la población, que pagan con impuesto a la gallina para que cacaree el huevo, no recibe subsidios ni incentivos.  Ellos ven pasar al Metro y al Metrobús que no utilizan y por tanto no reciben el subsidio del transporte público.  Por el contrario movilizan a sus hijos, a las cada vez más costosas escuelas y colegios particulares, en el vehículo familiar o en busitos colegiales que deben contratar.

Las molestias pasan, las obras quedan dicen los gobernantes involucrados, prestos a cacarear el huevo. Esa es la única explicación que reciben por los tranques, el pésimo estado de las calles y las costosas reparaciones de sus vehículos.

Las capas medias no evaden impuestos; a ellas se les descuenta todas las quincenas junto a la  cuota del seguro social. Sin embargo no atienden su salud y la de su familia en los malos servicios de la entidad de seguridad social; más bien se ven obligadas a pagar un seguro privado y comprar sus medicamentos. En cambio el MEF y la CSS ofrecen moratorias a los empresarios que no pagan impuestos y se apropian del seguro que descontaron.

Este grupo social no recibe incentivos para la compra de vivienda, para ellos no hay “techos de esperanza”. Los de ingreso medio que reciben intereses preferenciales son obligados a trasladarse a los suburbios en el Este y Oeste de la ciudad de Panamá, con precarios servicios de agua,  electricidad, transporte, salud, seguridad y educación. En esos sectores periféricos solamente florecen los “malls”.

Los de mayores ingresos, que compran sus viviendas en sectores de alta especulación inmobiliaria, además de no calificar para el interés preferencial, deben pagar costosas cuotas de “mantenimiento” para recibir el servicio de vigilancia y tener acceso a un área social con piscina, es decir una forma de privatizar la seguridad ciudadana y los parques que ahora son la extensión de restaurantes y bares.

Al parecer en el omelette del 2019, las capas medias deberán sentarse a la vera del camino a frotar la lámpara de Diógenes, en busca de hombres y mujeres honestos, que más que cacarear el huevo, se comprometan con las necesidades de todos los ciudadanos.

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