El petro: la razón de la guerra de Estados Unidos contra Venezuela

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El petro como divisa.

Por José Negrón Valera

Altos mandos militares y políticos del país han denunciado en innumerables oportunidades que, desde la llegada al poder de Nicolás Maduro, se ha intensificado una clase de guerra no convencional, cuyo objetivo es derrocar el Gobierno bolivariano.

Los esfuerzos de Estados Unidos en el empleo de esta guerra multidimensional han estado dirigidos a “explotar las vulnerabilidades sicológicas, económicas, militares y políticas” de Venezuela, tal como lo ha señalado el ministro de Comunicación de la nación suramericana en una entrevista concedida a la cadena rusa RT. El objetivo: convertir el país en un gran laboratorio para desatar el caos a través de una “guerra mediática, de acción permanente para incitar las emociones más primitivas” en la población.

Las tácticas han sido variadas y han tenido sus mayores picos justo en la antesala de épocas electorales, tal como lo ha demostrado la economista Pasqualina Curcio a propósito del ataque al sector económico.

Sin embargo, en las vísperas de una elección presidencial, prevista para el 22 de abril, la hipótesis que gana más fuerza es la intención de Estados Unidos de detener el posible éxito del petro, la criptomoneda que el Gobierno venezolano usará para saltarse las sanciones impuestas contra el país y solventar así, la delicada situación económica. Una acción que, de resultar positiva, inclinaría la balanza electoral a favor de Nicolás Maduro.

Los factores que sirven de punta de lanza para la agresión contra Venezuela, en primer lugar, tienen una Dimensión Psicológica, que se apoya en el concepto de “diáspora venezolana”. Ésta representa una de las mayores campañas de intervención psicológica que han tenido lugar, y su enfoque ha estado dirigido a la juventud. El llamado es a emigrar como única salida a la crisis política y económica que se vive en el país. El tono de los mensajes que inundan las redes sociales, programas de televisión y radiales, simplifican la compleja realidad, a través de un único culpable: Nicolás Maduro.

En esta campaña propagandística impulsada a través de internet, se han invertido ingentes sumas de dinero para posicionar en los principales resultados de buscadores, así como en la publicidad que aparece en las aplicaciones y juegos que se descargan en los teléfonos celulares, tutoriales, noticias, historias de éxito que refuerzan la idea de emigrar. No es inocente dicha táctica. Se busca utilizar este fenómeno como base para legitimar, como veremos más adelante, el argumento de intervención por causas “humanitarias”.

El segundo aspecto de la agresión, es constituida por la Dimensión Económica. No sólo estamos atestiguando la hiperinflación de los precios en Venezuela, como producto de la influencia de la web Dólar Today. Dicha página ha sido denunciada por el Banco Central de Venezuela ante tribunales norteamericanos, por ser la mayor responsable de la pérdida de poder adquisitivo del venezolano.

Además, con el petróleo recuperando su precio en el mercado, Trump y sus socios en la Unión Europea refuerzan las severas sanciones económicas para dificultar que las empresas venezolanas pudieran comerciar en el exterior. Esto ha traído como consecuencia que en Venezuela no puedan conseguirse medicinas y otros bienes esenciales. Altos funcionarios del Gobierno calculan que el 30% de productos que se importaron y produjeron en el 2014 fueron extraídos de forma ilegal hacia Colombia. Recientemente, Caracas ordenó investigar el contrabando hacia las islas del Caribe, especialmente Aruba y Curazao, de materiales estratégicos como el cobre y el oro.

Otra de las acciones en esta guerra no convencional, tiene su Dimensión Paramilitar. En los últimos, días se han reportado numerosos ataques al sistema eléctrico nacional y acciones de carácter terrorista en los sistemas de transporte masivo de la capital y en infraestructura hospitalaria. El objetivo fundamental es deslegitimar la figura del Gobierno nacional como responsable de mantener la seguridad de la población. Así como lo explica el filósofo alemán Hans Enzensberger, teórico de la Guerra Civil Molecular, el aumento de la violencia además de alienar a la población para ser controlados a través del temor, también provoca la ruptura del contrato social. Se pierde la fe en el Estado y por tanto poco a poco se desintegra el tejido de la sociedad.

El cerco también incluye una Dimensión Jurídica. El pasado jueves 8 de febrero, la Corte Penal Internacional ha informado de su decisión de abrir un expediente al Gobierno venezolano por la supuesta represión evidenciada durante la contención de las protestas violentas del año 2017. El plan es cohesionar a la comunidad internacional, y en especial al consejo de seguridad, para lograr una medida de intervención militar, similar a la aplicada en la extinta Yugoslavia durante el mandato de Slobodan Milosevic.

La aparente decisión de la oposición venezolana, de no presentar candidato a las futuras elecciones presidenciales, tal y como lo pide su facción más radical, así como las declaraciones hechas por Gobiernos de la región de no aceptar los futuros resultados de esos comicios, serían la base política para deslegitimar el Estado venezolano y darle fuerza a un hipotético veredicto de culpabilidad en contra del Gobierno de Maduro.

El último aspecto de la agresión, es la Dimensión Militar. El analista Arlenin Aguillón, entrevistado en exclusiva para el presente artículo, ha informado que Colombia y Brasil están, en la actualidad, movilizando tropas a la frontera con Venezuela con la excusa de atender la “crisis humanitaria” provocada por la inmigración de venezolanos. Según Aguillón, “Santos aprobó la movilización de casi 3.000 efectivos militares y de otros cuerpos de seguridad para reforzar la Operación Esparta que tendrá en Cúcuta su eje central. Paralelamente, el ministro de Defensa de Brasil, Raúl Jungmann, informó que reforzarán la presencia militar en el estado de Roraima que limita con el sureste del estado Bolívar de Venezuela”. El presidente neogranadino, Juan Manuel Santos, urgió al secretario de Estado norteamericano, durante la visita que este realizara recientemente a ese país, “al cauce democrático” en Venezuela”.

Tillerson, a su vez, consideró que Colombia era un “jugador clave” en las acciones que se tomarían contra Venezuela, y ratificó la idea expresada hace casi un año por el Jefe del Comando Sur estadounidense, Kurt W. Tidd, en la cual afirmaba que “La creciente crisis humanitaria en Venezuela podría obligar a una respuesta regional”. La última declaración hecha por el subsecretario de Estado para Latinoamérica y el Caribe, Francisco Palmieri, de estar evaluando la posibilidad de prestar “ayuda técnica” a Santos y Temer para atender la situación en la frontera con Venezuela, parecen presagiar una inminente movilización de fuerzas regulares de EEUU en la región.

Este es el escenario en el cual se encuentra Venezuela. Un polvorín bien diseñado para desatar el “caos constructivo” que tanto necesita EEUU para poner en marcha la ofensiva final. No resulta casual que el principal líder de la oposición política, Julio Borges, luego de negarse a firmar el acuerdo de convivencia democrática por Venezuela, haya sacado a su familia del país y que el senador Marco Rubio, escribiese en su cuenta de Twitter un mensaje dirigido a la Fuerza Armada Bolivariana para que derrocaran con un golpe militar el Gobierno legítimo de Nicolás Maduro.

Quizá comparten Borges y el senador Rubio, el pensamiento del inefable personaje de la saga “Juego de tronos”, Lord Baelish, quien en una memorable escena afirma que “el caos no es un foso, sino una escalera”. Lamentablemente, la historia nos ha demostrado que los únicos que ascienden por esos peldaños, son la muerte y el sufrimiento de los pueblos.

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