El Maestro Po y los celulares

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El Maestro Po y el pequeño Saltamontes en un cuarto lleno de velas encendidas.

El Maestro Po y los celulares

“El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él”.

Proverbio chino

Por Gerardo González

Pequeño Saltamontes:
―Maestro: ¿qué puedo hacer para no entretenerme con el celular en horas de trabajo, y cuando estoy con mi familia?

Maestro Po:
―¡Ah!, Pequeño Saltamontes, estás bajo el hechizo de las tenebrosas fuerzas oscuras del WhatsApp. Eso es presagio de que tu vida será insípidamente controlada por energías del ciberespacio y lo virtual, alejándote de observar la realidad, que es más rica, olorosa, cambiante, sublime y poli cromática.

Recuerda, Pequeño Saltamontes, que la tecnología debe estar al servicio de la humanidad, y nunca que nosotros seamos esclavos de ella. La esclavitud es algo perverso.

Pequeño Saltamontes:
―Comprendo maestro, pero me es difícil no mirar WhatsApp, Facebook, Instagram y demás. Es como una adicción incontrolable. Allí sale de todo, hasta la hermana del Negro del WhatsApp.

Maestro Po:
―Debes ser fuerte, Pequeño Saltamontes. Es lo mismo con los adictos al juego (ludopatía), a las drogas y al alcoholismo. Con disciplina y la conciencia clara, debes prestar atención personalizada a tu trabajo, en las relaciones familiares, de pareja y amistades…

Es mejor una sonrisa, un beso, un abrazo, un te amo en persona, con la tierna tibieza de lo que nos queda de humano. Ello es preferible a expresarlo con el impersonal y frío aparato del celular insensible.

Pequeño Saltamontes:
―He comprendido, Maestro Po. Agradezco tus sabios consejos y la paciencia que has tenido para enseñarme el arte del Kung Fu, para enfrentarme a tantos malandros en el barrio, ahora que la calle está durísima y siguen “bolseando” a los panameños a plena luz del día, para dejarlos con una mano adelante y otra atrás.

Maestro Po:
―Abre los ojos y apaga el celular antes de que te lo roben, Pequeño Saltamontes. Ahora, déjame solo. Necesito respirar el aroma a Chow mein y a retoños de bambú que viene del monasterio Shaolín. Espero que los monjes hayan preparado el té de jazmín y algunos budines de arroz, para aliviar el estrés.

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